Fuente: Radio Mitre

Las lluvias persistentes en el AMBA, las inundaciones en el Litoral y la crecida de los ríos Paraná y Uruguay son algunas de las manifestaciones de un fenómeno de El Niño que los meteorólogos anticipan como uno de los más intensos de los últimos años.

Pero el impacto no es solo climático. Cuando sube el agua, también aparecen problemas de salud: desde enfermedades asociadas a las inundaciones hasta la proliferación de mosquitos que transmiten dengue, zika o chikungunya.

Para entender qué podemos esperar en los próximos meses, Radio Mitre habló con Tomás Orduna, médico infectólogo y tropicalista (M.N. 61528), con más de 40 años de trayectoria en salud pública y enfermedades infecciosas.

Se trata de uno de los especialistas que más sabe del impacto de El Niño en la salud pública y advirtió que muchos municipios no se prepararon lo suficiente, que la sensación de riesgo frente al dengue bajó y que la vacunación está muy lejos de los niveles necesarios.

El Niño, las inundaciones y sus riesgos

-¿Qué podemos esperar de El Niño en esta temporada?

-Los climatólogos advierten que el fenómeno comenzó a mediados de año y se fue incrementando. En el AMBA lo vemos con semanas de nubosidad, lluvias y lloviznas.

Pero más allá de nuestro ombligo, está lo que pasa en el Litoral: el cierre del Parque Nacional Iguazú, la apertura de compuertas en represas de los ríos Uruguay y Paraná por las lluvias en Brasil, y las temidas inundaciones.

Hay debate sobre si es el Niño más poderoso del que se tenga registro. Lo concreto es que habrá lluvias intensas durante meses, al menos hasta enero o febrero. También se esperan más precipitaciones en Cuyo, mientras que en el noroeste parecería que van a disminuir.

-¿Cuál es el primer problema sanitario cuando las lluvias se intensifican?

-Las inundaciones. Son una tragedia para las personas, las familias, las comunidades y los Estados. Lo primero que hay que evitar, como siempre, es la muerte.

La respuesta dependerá de cómo se haya preparado cada municipio y cada provincia. Esto nos lo venían advirtiendo, y no sé si todos los municipios hicieron sus planes de contingencia. Algunos sí, y hubo advertencias desde las provincias y desde el ministerio de Salud de la Nación.

-¿Qué enfermedades se asocian a las inundaciones?

-La más famosa es la leptospirosis. La causa una bacteria, la leptospira, que forma parte habitual del sistema urinario de los roedores y contamina el ambiente a través de su orina.

Cuando hay inundaciones, esas bacterias pueden entrar al cuerpo por la piel lastimada o por las mucosas de la boca y los ojos. Es una enfermedad potencialmente grave: puede tener una forma hemorrágica pulmonar o un compromiso sistémico que afecta el hígado y los riñones.

-¿Hay otros riesgos para la salud?

-Sí. Al estar con las piernas y los pies sumergidos, la piel se macera y es fácil que aparezcan hongos superficiales. También hay heridas por caminar sin ver dónde uno pisa, y esas heridas pueden infectarse rápidamente.

En cualquier catástrofe, como un terremoto, hay que hacer una fuerte prevención del tétanos, porque las lastimaduras durante la evacuación son una puerta de entrada.

Además, pueden aparecer brotes de enfermedades respiratorias en los albergues donde está la gente evacuada. Y cuando bajan las aguas, hay pérdida de animales de granja, que golpea sobre todo a la población más vulnerable que vive cerca de los ríos.

-¿Por qué preocupan las mordeduras por serpientes?

-Ante una inundación, los animales salvajes también escapan buscando lugares altos y secos, igual que nosotros. Eso los acerca a las personas.

Las serpientes son un caso claro, sobre todo en el Litoral. Puede haber más contacto con humanos y, por lo tanto, más accidentes por mordeduras, como también con otros animales salvajes.

Los mosquitos y el dengue

-¿Cómo influyen las lluvias en los mosquitos?

-El Aedes aegypti, el transmisor del dengue, pone sus huevos en las paredes internas de los cacharros que hay en techos, patios, jardines o la vía pública. Cuando estos recipientes se llenan de agua y la temperatura es adecuada, los huevos eclosionan.

En el nordeste eso puede ocurrir en 7 a 10 días; en el AMBA, en 12 a 14 días como máximo. La combinación clave siempre es el agua y la temperatura.

Después está el Culex, el mosquito zumbón, que se reproduce en lugares donde el agua se acumula naturalmente, como los charcos. Con más mosquitos se pueden transmitir virus como dengue, chikungunya o zika, u otros y generar focos de infecciones. Hace un par de años tuvimos la encefalitis equina del oeste, que afectó sobre todo a caballos, pero también a algunas personas, con al menos un fallecido.

-¿La falta de lluvias también puede ser un problema?

-Sí. En otras regiones donde El Niño trae sequía, la gente necesita acumular agua para el consumo y para los animales. Si esos tanques de 100 o 200 litros no están bien tapados, se convierten en grandes criaderos.

Es lo que pasó en 2009 en Charata, Chaco, o en la ciudad de Catamarca: no fue por lluvias, sino por la necesidad de juntar agua.

-¿El momento de más riesgo es durante las lluvias más intensas?

-No. Mientras llueve mucho, el agua desborda los recipientes todo el tiempo y las larvas no logran desarrollarse. El momento clave es después: cuando para la lluvia, el agua queda quieta y estancada, y los huevos que no habían eclosionado encuentran las condiciones ideales.

El Niño sigue provocando destrozozos a medida que avanza en el Litoral argentino
El Niño sigue provocando destrozozos a medida que avanza en el Litoral argentino

-¿Se prevé una gran epidemia de dengue este verano?

-Están dadas las condiciones: temperatura, lluvias, recipientes. Pero llevamos casi dos años prácticamente sin dengue. Este año hubo unos 50 casos en la Argentina, el año pasado unos 3.000 y hace dos años, 600.000 registrados.

Muchos ya tuvimos dengue sin saberlo, porque puede ser asintomático. Los estudios de prevalencia muestran que entre el 30 y el 35% de la población de algunos lugares pudo haberlo tenido. Y en los barrios más vulnerables esa proporción puede llegar a duplicarse.

Pero eso no alcanza para explicar por qué casi no hubo casos. Todavía queda entre un 60 y un 70% de la población que no tuvo dengue. Hay mucha materia prima humana para que siga circulando.

Es como una salsa para pastas: algunos ingredientes son claros, como el tomate, el orégano y la sal. Pero cada cocinero le pone su toque secreto. Hay componentes que la ciencia todavía no tiene del todo claros. Por eso las predicciones pueden fallar.

-¿Qué escenario le parece más probable?

-Está claro que las cosas están dadas para una temporada con mucho Aedes aegypti. Pero además de los criaderos, hace falta que llegue el virus.

Lo más importante, epidemiológicamente, es la llegada de personas infectadas a lugares donde hay mosquitos. Con las vacaciones, muchos argentinos viajarán a las playas de Brasil, al Caribe o al sudeste asiático. Al volver, pueden traer el virus, como pasó en brotes anteriores. Brasil tuvo el año pasado unas diez veces menos dengue que en 2024, y este año todavía menos, pero sigue habiendo circulación.

-¿Qué se puede hacer ahora?

–Descacharrar siempre se puede. Salir al balcón, al patio o al jardín, revisar todo y dar vuelta el agua acumulada, por ejemplo en un porta macetas. Si tenés pileta, mantenerla clorada en condiciones adecuadas, porque así el mosquito no se desarrolla.

Pero es un trabajo colectivo. Si no lo hace el vecino de al lado ni el de atrás, por más que yo me esmere, no alcanza.

Descacharrar siempre se puede. Salir al balcón, al patio o al jardín, revisar todo y dar vuelta el agua acumulada

La vacuna contra el dengue

-¿Pasa lo mismo con la vacunación?

-Es parecido. Cuanta más gente vacunada, menor es la transmisión y todos quedan más protegidos. Si a un vacunado lo pica un mosquito con dengue, lo más probable es que no tenga síntomas, y si hay virus en sangre, es muy poco y por poco tiempo. Eso corta el ciclo.

Pero para eso hay que lograr niveles de vacunación altos, y estamos muy lejos. Se aplicaron unos 2 millones de dosis, pero como cada persona necesita dos, son poco más de un millón de vacunados en un país de 47 millones.

-¿Por qué la gente no se vacuna?

-Porque no hay sensación de riesgo. Las provincias compraron vacunas y las ofrecen, pero cuesta que la gente vaya.

Mi consejo es claro: quienes estén en los grupos habilitados por cada provincia, generalmente de 15 a 59 años y en algunos casos de 15 a 49, que usen las dosis que ofrece el Estado. Hay que agotarlas. Y quien no esté en esos grupos y pueda comprarla, que lo haga.

-¿Qué tan efectiva es la vacuna?

–La respuesta es muy buena. Dos de cada tres vacunados no van a tener síntomas, y casi 8,5 de cada 10 no van a tener cuadros graves ni van a necesitar internación.

-Si alguien tuvo dengue sin saberlo y se vacuna, ¿corre algún riesgo?

-No, al contrario: le va mejor, tiene una respuesta mucho mejor. Además, la experiencia en la Argentina y en Brasil, el país con más dosis aplicadas, muestra que la vacuna es segura.

-¿Y los mayores de 60?

-La ANMAT autorizó la vacuna en 2023 desde los 4 años y sin límite de edad. Las recomendaciones oficiales, por ahora, llegan hasta los 60, pero la autorización no tiene tope.

Según datos de la Fundación Vacunar, entre el 12 y el 15% de sus vacunados son mayores de 60, y la seguridad es la misma que en los más jóvenes. Quizás la respuesta sea un poco menor, como ocurre con todas las vacunas. Pero ¿cómo no vacunarse, si los cuadros más graves y las muertes se ven más por encima de los 60?

-En conclusión, ¿cuáles son los grandes riesgos de esta temporada?

-Dos van a la cabeza. Por un lado, las inundaciones, con todo lo que no es infectológico y con enfermedades como la leptospirosis o los accidentes con animales salvajes, sobre todo serpientes en el Litoral. Por otro lado, las enfermedades transmitidas por mosquitos.