“Este modelo nos está fundiendo”. La frase de Julián Moreno, presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME), a FM Vos y Diario San Rafael resume el drama de miles de comercios y pequeñas empresas que ven cómo se vuelve cada vez más difícil sostener sus puertas abiertas. La campaña que busca visibilizar los locales cerrados no es solamente una protesta sectorial: es una señal de alarma sobre el rumbo de la economía y sus consecuencias sobre el trabajo.
Moreno declaró que desde fines de 2023, cierran unas treinta empresas por día y advierte que la caída del consumo, la pérdida del poder adquisitivo y la apertura de importaciones están golpeando al entramado productivo. Detrás de cada persiana que baja hay mucho más que un negocio que deja de funcionar: hay años de esfuerzo, proveedores que pierden un cliente, trabajadores que se quedan sin ingresos y barrios que pierden movimiento comercial.
La presunta estabilidad macroeconómica pierde buena parte de su sentido si no consigue traducirse en producción, empleo y mejores condiciones de vida. Como advirtió Moreno, “como el mercado no tracciona, no hay inversión productiva”. Si las familias consumen menos y las empresas venden cada vez menos, resulta difícil imaginar una recuperación sostenida basada únicamente en la confianza de los inversores -cosa que no ocurre en los hechos- o en la reducción del gasto público.
La discusión no debería reducirse a empresarios que reclaman ayuda frente a un Estado que busca ordenar sus cuentas. Se trata de definir qué economía quiere construir la Argentina y qué lugar tendrán quienes producen, invierten y generan empleo. Una apertura comercial sin condiciones que permitan competir puede abaratar algunos productos, pero también debilitar la industria nacional. Y un ajuste que recae sobre los ingresos de la población termina afectando al mismo mercado interno del que dependen miles de pequeñas empresas.
Las persianas bajas en San Rafael y a lo largo y ancho del país son una imagen demasiado concreta como para ignorarla detrás de las estadísticas. Ningún país puede aspirar a un desarrollo duradero si sus comercios cierran, sus empresas reducen personal y sus trabajadores pierden capacidad de compra.
Una economía no demuestra su éxito solamente cuando cierran sus cuentas, sino cuando permite que quienes trabajan puedan vivir de su esfuerzo y que quienes producen tengan razones para seguir apostando al país.