La actividad industrial en la Argentina y en la región de Cuyo atraviesa un escenario de profunda heterogeneidad, caracterizado por una marcada cautela empresarial, la caída continuada del consumo interno y una preocupante recesión. Aunque algunos datos de coyuntura insinúan breves mesetas intermensuales, los indicadores interanuales muestran caídas de dos dígitos en rubros clave como el textil, el calzado y la elaboración de alimentos. En diálogo con FM Vos (94.5), el empresario mendocino Mauricio Badaloni, integrante de la Comisión Directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA) y representante regional por Cuyo, ofreció un pormenorizado diagnóstico sobre los obstáculos de competitividad que asfixian a las pymes locales. Badaloni analizó el peso de la presión tributaria en la cadena de valor, los severos déficits en infraestructura vial y conectividad bioceánica, el elevado costo de la energía y la urgente necesidad de implementar un Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) adaptado al entramado industrial para evitar la destrucción de empresas.
La paradoja macroeconómica: ordenamiento financiero versus recesión y estancamiento
Al evaluar los índices de confianza empresarial y la dinámica de la actividad manufacturera, Badaloni comparó el comportamiento actual de la industria con un «electrocardiograma», donde pequeñas variaciones mensuales no alcanzan para revertir un arrastre negativo interanual severo. «Llevamos prácticamente todo el año con una cuestión errática en la actividad que parece un electrocardiograma: sube uno o dos puntos un mes y vuelve a caer. La verdadera problemática aparece al mirar las mediciones interanuales, donde no estamos bien y en varios sectores la caída se profundiza. Rubros como el textil o alimentos y bebidas están con registros de dos dígitos hacia abajo en la comparación interanual», indicó. «Lo más complejo es que se ve un estancamiento; no es que todo vaya aceleradamente hacia abajo, sino que estamos en una pequeña meseta. El temor que existe de cara a los próximos meses es el estancamiento de la economía, porque estos procesos de recesión son dolorosos y en el fondo tampoco el Estado recupera ingresos por impuestos», observó. «El ordenamiento macroeconómico le dio al sector un nivel de previsibilidad interna para achicar costos y distorsiones, pero cuando la recesión se prolonga y el consumo no responde, se encienden las alertas. Hoy vemos que las pymes se siguen cayendo y se registra un goteo importante en el empleo formal que muta hacia la precarización laboral, el trabajo cuasiformal o el cuentapropismo en servicios de distribución y transporte», analizó.

Los cuellos de botella de Mendoza: rutas deterioradas, pasos cerrados y energía cara
Un tramo sustancial de la entrevista se enfocó en los factores estructurales que impiden a las empresas mendocinas y cuyanas nivelar la cancha competitiva. Badaloni detalló que Mendoza se encuentra geográficamente entre dos polos de fuerte proyección productiva como Neuquén y San Juan, pero padece un aislamiento logístico crítico por el pésimo estado de sus rutas nacionales que abandonó el gobierno nacional de Milei y por las recurrentes interrupciones en los pasos fronterizos hacia el Pacífico. «Cuando analizamos la competitividad y la nivelación de la cancha para las pymes, Mendoza enfrenta graves problemas de infraestructura. Estamos ubicados en el centro de dos polos que crecen con gran expectativa como San Juan y Neuquén, pero para conectarnos tenemos que sortear kilómetros de pozos y rutas totalmente anegadas o destruidas», aseguró.«El enlace hacia el sur con Neuquén no es bueno; por Malargüe tenemos casi 100 kilómetros totalmente detonados o nunca intervenidos, y la conexión hacia San Juan es una de las rutas más peligrosas. A eso se suma lo ocurrido en los últimos meses con el Paso Cristo Redentor; pese al avance tecnológico de los últimos 20 años, hemos tenido el paso cerrado 45 días sobre 60, y el Paso Pehuenche tampoco puede operar para carga», señaló. «En materia energética, teniendo toda la potencialidad de Vaca Muerta, la energía en la Argentina no es barata. En el caso de Mendoza, poseemos la segunda o tercera tarifa de energía más cara del país, lo que genera asimetrías regionales muy marcadas al momento de producir», enfatizó.
La trampa fiscal e imposición en cascada: el reclamo por un RIGI Industrial
Más adelante, el referente de la UIA alertó sobre la altísima carga tributaria que soportan los productos manufacturados en el país, estimando que entre el 40 % y el 50 % del precio final de un bien o servicio corresponde a impuestos. Apuntó de forma categórica contra el Impuesto a los Ingresos Brutos y el Impuesto de Sellos a nivel provincial, explicando la «trampa» de su acumulación en cascada a lo largo de la cadena de valor.«No tenemos condiciones para competir contra China o Estados Unidos por una cuestión estructural de costos, no porque el industrial argentino no quiera competir. No es posible que entre el 40 % y el 50 % del costo de un producto o servicio sean impuestos», expresó.«Ingresos Brutos es uno de los impuestos más extorsivos. Doña Rosa cree que se paga un 3 % al final, pero como se aplica en cada salto de la cadena de valor —agregando el 3 % más la ganancia en cada eslabón—, cuando el producto llega al supermercado el impacto real de Ingresos Brutos alcanza el 16 % o el 18 %», estimó. «En Mendoza, cuando una pyme toma financiamiento para invertir en maquinaria, se le cobra entre un 7 % y un 8 % de Ingresos Brutos, más un 1,5 % de impuesto de Sellos al contrato —que es una estafa—, más el 3 % de la SGR y el IVA. Las pymes deberían tener una tasa de Ingresos Brutos prácticamente cero para la inversión, porque es ahí donde se dinamiza la economía», remarcó. «Hoy la justicia y los organismos de recaudación como ARCA o ATM, ante una deuda previsional o impositiva, en menos de 15 días te traban embargo en todas las cuentas bancarias. Con las cuentas congeladas, el comerciante o industrial no puede seguir cumpliendo sus obligaciones y queda expuesto a trabajar en negro», declaró. «Por todo esto, la Unión Industrial Argentina pone en valor el concepto del RIGI. Necesitamos un ‘RIGI Industrial’ adaptado a la pyme, que fije las condiciones de competitividad necesarias para no seguir sacando empresas del mercado», dijo en ese tramo de la charla.
Asimetrías regionales, reconversión agroindustrial y salida al Pacífico
En el tramo final del reportaje, Badaloni repasó la situación de los distintos sectores productivos. Mencionó que mientras la energía y el petróleo tiran fuertemente hacia arriba, la industria textil, del calzado y la confección sufren caídas severas. «Hay sectores claramente identificados en crisis, con caídas de dos dígitos como el textil, calzado y la confección. En la otra punta están la energía y el petróleo tirando hacia arriba. En la vitivinicultura hay oportunidades en las exportaciones a granel, pero perdemos valor agregado y el mercado mundial está en caída», expuso. «Mendoza tiene que hacer reconversión microeconómica. El Estado subsidiaba establecimientos que hoy requieren reconvertirse hacia mayor tecnología: riego por goteo, paneles solares, estufado y uso de drones. En el sur, en General Alvear, el desarrollo de forrajes y la ganadería vacuna están funcionando muy bien y muestran por dónde podemos redistribuir la matriz productiva», destacó. «Existen asimetrías provinciales muy marcadas: en Neuquén, por ejemplo, las empresas locales que contratan personal local no pagan Ingresos Brutos. ¿Cómo compite un proceso productivo mendocino contra eso? Por eso los intendentes y el gobierno provincial deben intervenir en la microeconomía», manifestó. «La salida al Pacífico representa la gran oportunidad exportadora para Mendoza. Sin embargo, para consolidar mercados externos se requiere un marco de previsibilidad macroeconómica de más de 5 o 6 años, ya que fluctuaciones o apreciaciones del tipo de cambio suelen dejarnos fuera de mercado justo después de haber abierto las rutas comerciales», completó.