La delicada situación de la histórica conservera Alisan, que cerró sus puertas después de más de siete décadas de actividad en San Rafael, comenzó a tener repercusión nacional. El portal económico BAE Negocios publicó un extenso informe sobre el cierre de la fábrica, la incertidumbre de sus trabajadores, las deudas salariales y el conflicto entre los socios de la empresa.

El cierre de Alisan, fundada en 1951 y reconocida por la elaboración de conservas bajo la marca Mora, se convirtió en un nuevo caso de la crisis que atraviesa parte de la industria alimenticia argentina.

La empresa, dedicada a la producción de tomate triturado, arvejas, duraznos en mitades, cóctel de frutas y lentejas, entre otros productos, llevaba tres meses sin actividad antes de cerrar sus puertas hace aproximadamente un mes.

Ahora, la situación llegó a la agenda de los medios nacionales. BAE Negocios se hizo eco del conflicto y puso el foco en la caída del consumo, el impacto de las importaciones y las dificultades económicas que enfrentan las industrias nacionales.

TRABAJADORES SIN COBRAR Y SIN CERTEZAS SOBRE SU FUTURO

Uno de los testimonios destacados por el medio nacional fue el de Gustavo Oros, empleado y delegado gremial de Alisan, quien había relatado al Diario San Rafael la angustiante situación que atraviesan los trabajadores.

El trabajador también describió las dificultades que enfrentan quienes, después de décadas de actividad, deben buscar nuevas alternativas laborales superando los 50 años.

A esto se suman importantes deudas salariales. Según Ricardo Bertero, titular del Sindicato de la Industria de la Alimentación, algunos empleados acumulan acreencias de entre 7 y 10 millones de pesos, incluyendo sueldos pendientes, aguinaldos proporcionales, vacaciones e indemnizaciones.

UN CASO QUE REFLEJA LA CRISIS DE LA INDUSTRIA NACIONAL

La publicación de BAE Negocios también puso el caso de Alisan en un contexto económico más amplio, marcado por la retracción del consumo, la competencia de productos importados y las dificultades para acceder al financiamiento.

Desde el Sindicato de la Industria de la Alimentación, Bertero cuestionó las políticas del gobierno nacional y advirtió sobre la desaparición de herramientas que anteriormente permitían aliviar los costos de producción, como los fideicomisos destinados a la compra de hojalata.

El dirigente remarcó que la fabricación de conservas requiere un importante capital de trabajo, algo cada vez más difícil de conseguir para numerosas empresas del sector.

De esta manera, el cierre de una fábrica emblemática de San Rafael dejó de ser solamente una preocupación local para convertirse en noticia nacional, exponiendo las consecuencias laborales y productivas de la crisis industrial.