Fuente: El Sol – https://www.elsol.com.ar/mendoza/super-nino-crecio-la-preocupacion-por-el-empleo-rural-tras-las-lluvias-en-mendoza/

El impacto del fenómeno de El Niño en Mendoza empezó a sentirse más allá de las inundaciones y los daños en las viviendas: las tormentas y la humedad también paralizaron el trabajo en las chacras y los viñedos. En un sector donde muchas personas dependen de lo que cobran por cada jornada, la imposibilidad de ingresar a las fincas significó quedarse sin ingresos y, en algunos casos, sin nuevas oportunidades laborales.

Las dificultades se extendieron por distintas zonas productivas de la provincia, con especial preocupación en el Valle de Uco, donde las lluvias complicaron las tareas vinculadas con la cosecha del ajo. En paralelo, productores hortícolas de Guaymallén advirtieron que el exceso de agua favoreció las enfermedades de los cultivos y dificulta el ingreso de tractores y otros implementos agrícolas.

El problema tiene un efecto directo sobre los trabajadores temporarios. Cuando el suelo está anegado y las condiciones climáticas impiden sembrar, curar, cosechar o realizar otras labores, los productores reducen las contrataciones. Así, quienes viven del trabajo diario quedan expuestos a una caída inmediata de sus ingresos.

Para tener en cuenta, las escalas salariales de los trabajadores rurales oscilan entre los $476.150 y los $743.985, de acuerdo con la especialización y la antigüedad, en una industria donde predomina el empleo informal. El mínimo está apenas por encima de los $391.200 del salario mínimo vital a octubre de 2026.

“El día que no trabajan, no cobran”

La situación de los jornaleros es uno de los puntos más delicados de la crisis. En muchas explotaciones agrícolas, el pago depende de las jornadas efectivamente trabajadas, por lo que la suspensión de las tareas por las lluvias repercutió directamente en el bolsillo de las familias.

Juan Antonio Pedot, referente del sector agrícola en Kilómetro 8, Guaymallén, describió las dificultades que atraviesan las chacras por el exceso de humedad y las consecuencias que esto tiene sobre los trabajadores.

“Está complicado el tema del agro por varios motivos: una, que no se puede sembrar por la tierra mojada; otra, con la lluvia y después el sol, las pestes son mucho más”, explicó.

Entre los cultivos afectados están la lechuga, el tomates y el repollo. También el barro impidió el paso de tractores y otros implementos necesarios para trabajar la tierra, incluso cuando se utilizan animales para realizar algunas tareas.

A esto se sumó el crecimiento de malezas, que compiten con las verduras en un contexto en el que la falta de sol dificulta el desarrollo de las plantas cultivadas.

Pedot puso el foco en la situación de quienes cobran por día y no cuentan con un ingreso asegurado cuando se suspenden las labores. “El obrero del día es el que está más complicado”, resumió.

El referente también advirtió sobre la informalidad laboral en el sector. Según su estimación, una proporción muy elevada de los trabajadores rurales se encuentra fuera del empleo registrado. Esta situación agravó la vulnerabilidad de quienes pierden jornadas de trabajo, ya que pueden quedarse sin ingresos y sin cobertura social vinculada al empleo.

El ajo, en riesgo por las lluvias en el Valle de Uco

Las consecuencias del temporal también alcanzaron a uno de los cultivos importantes de la producción mendocina. Alberto Pont, productor del Valle de Uco, advirtió que las fuertes precipitaciones están impidiendo trabajar en gran parte de las fincas dedicadas al ajo.

Según indicó, alrededor del 90% de las fincas de la zona no puede operar con normalidad. Si las lluvias continúan, el panorama podría traducirse en una caída de la calidad y del volumen de la producción.

La dificultad para realizar las labores en los momentos previstos no solo comprometió el resultado de la campaña, sino que también reduce la necesidad de contratar mano de obra para tareas que quedan postergadas o directamente no pueden ejecutarse.

En las economías regionales, el vínculo entre producción y empleo es directo: cuando una finca pierde capacidad de trabajo o enfrenta incertidumbre sobre su cosecha, las contrataciones temporarias también quedan condicionadas.

Viñedos: menos producción y menos oportunidades laborales

En San Martín, el productor vitivinícola Aníbal Frávega señaló que los efectos de las lluvias se combinan con otros problemas que ya enfrenta el sector, como los bajos precios de la uva, el vino y el mosto.

“La gente que trabaja, tanto viñateros, pequeños productores y contratistas, se ve directamente afectada por la disminución en la producción”, explicó.

Frávega detalló que las precipitaciones alteraron la planificación de las tareas y favoreciero la aparición de enfermedades que pueden provocar pérdidas. También mencionó los daños por granizo, que afectan directamente a las plantas y, en algunos casos, dejan consecuencias que se extienden a la siguiente temporada.

Ante ese escenario, sostuvo que los productores intentaron realizar las tareas indispensables para sostener los viñedos, en un contexto en el que los recursos económicos y las posibilidades de trabajo se reducen.

El impacto no terminó en las fincas: una menor producción también puede repercutir sobre contratistas, proveedores de insumos y otros eslabones vinculados con la actividad.

Cadena de pérdidas 

Javier Gancedo, asesor de productores, planteó que el problema no puede analizarse únicamente desde la situación del trabajador, ya que la imposibilidad de realizar las labores también afecta los ingresos de las empresas agrícolas.

“Si el empresario no gana plata, el obrero no cobra”, afirmó, al explicar que las condiciones meteorológicas impiden desarrollar tareas fundamentales en el campo.

El asesor diferenció la situación de los empleados permanentes de la de los temporarios. Mientras los trabajadores permanentes registrados mantienen sus salarios, los jornaleros que dependen de nuevas contrataciones son los que enfrentan mayores dificultades cuando no se puede trabajar.

“No se puede agarrar, no se puede curar, no se puede sembrar, no se puede cosechar”, resumió sobre las limitaciones que generan las condiciones climáticas actuales.

Gancedo también advirtió que el problema se extiende a los proveedores. Cuando los productores no pueden vender su mercadería o ven reducida su producción, pueden tener dificultades para pagar los insumos que adquirieron a crédito. De esta manera, las consecuencias alcanzan tanto a quienes trabajan en las fincas como a los negocios que abastecen al sector.

El escenario configuró una cadena de dificultades: las lluvias frenaron las labores, la menor actividad reduce las contrataciones, la producción queda expuesta a pérdidas y los ingresos de los productores se resienten.

Cuánto cobran los trabajadores

El Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (SOEVA) aclaró que un trabajador común con hasta tres años de antigüedad percibe un salario mensual de $476.150, mientras que para un obrero especializado el monto asciende a $499.958. En el caso del obrero oficial, el sueldo mensual establecido es de $523.765.

La escala contempla también otras funciones vinculadas con la actividad vitícola. Para los trabajadores que se desempeñan como tapadores y choferes técnicos, el salario mensual inicial es de $547.573; para los injertadores y trabajadores de parral, alcanza los $571.380. En tanto, los mecánicos tienen fijado un salario mensual de $595.188 para el tramo de hasta tres años de antigüedad.

La antigüedad constituye otro de los factores que determinan los montos salariales. La tabla de SOEVA contempla once tramos, desde los trabajadores con hasta tres años de servicio hasta aquellos que superan los 30 años. En este último grupo, los salarios mensuales establecidos ascienden a $595.188 para el obrero común, $624.947 para el especializado, $654.707 para el oficial, $684.466 para los tapadores y choferes técnicos, $714.225 para los injertadores y trabajadores de parral, y $743.985 para los mecánicos.

La escala incluye, además, un premio mensual por asistencia de $23.808 y una retención por subsidio de sepelio de $13.512. También consigna un importe de $163.389 en concepto de refrigerio para todas las categorías y una asignación no remunerativa de $204.949.

El impacto en los precios

Las alteraciones en la producción hortícola también se observan en los precios de algunas frutas y verduras. Los registros relevados entre agosto y octubre muestran fuertes variaciones en determinados productos, aunque los movimientos no fueron uniformes y también hubo bajas durante la segunda mitad de octubre.

El pimiento rojo registró uno de los cambios más marcados: pasó de $2.846 por kilo el 14 de agosto a $9.231 el 23 de octubre, antes de descender a $4.923 en el registro posterior informado. El pimiento verde, por su parte, alcanzó los $4.000 por kilo durante septiembre y cerró octubre en $2.615.

La cebolla morada llegó a $2.438 por kilo a comienzos de octubre y bajó a $1.688 hacia el 23 de ese mes. La cebolla premium también retrocedió, de un máximo de $2.188 a $1.500 por kilo.

En el caso de la zanahoria premium, el precio alcanzó los $2.250 por kilo a fines de septiembre y descendió a $1.750 en el registro del 23 de octubre. La variedad común, que había llegado a $1.500, volvió a ubicarse en $1.125.

los movimientos de precios no pueden atribuirse exclusivamente a las tormentas: también intervienen factores como la oferta disponible, la demanda, la estacionalidad y los costos de producción.