El responsable regional Cuyo del ORSEP llevó tranquilidad ante el fenómeno de El Niño y aseguró que los embalses mantienen niveles dentro de los parámetros de operación. También advirtió sobre los condicionamientos que presenta Valle Grande ante una eventual necesidad de evacuación de agua. El estado de las presas de la región, los controles sobre su infraestructura y la preparación ante posibles contingencias climáticas fueron algunos de los temas abordados por el ingeniero Gustavo Rodríguez, responsable regional Cuyo del Organismo Regulador de Seguridad de Presas (ORSEP), durante su visita a los estudios de FM Vos (94.5).
En medio de las inquietudes generadas por el fenómeno de El Niño y las previsiones de una temporada con posibles precipitaciones intensas, el especialista aseguró que actualmente las presas se encuentran en condiciones normales y que no existe ningún motivo de alerta. “Las presas están en una situación absolutamente normal. Los niveles de embalse están dentro de las franjas de operación. No hay ningún motivo de alerta en este momento que nos diga lo contrario”, afirmó.

Rodríguez explicó que el organismo realiza una fiscalización continua de las estructuras y de los sistemas que permiten evacuar el agua. Este trabajo se desarrolla en coordinación con otras instituciones vinculadas al manejo del recurso hídrico, entre ellas el Departamento General de Irrigación, responsable de las erogaciones aguas abajo de los embalses El Tigre y Valle Grande. El monitoreo incluye la lectura de instrumentos instalados en cada presa, con frecuencias que varían según su importancia para la seguridad. Algunos se controlan diariamente, mientras que otros se revisan cada quince días, mensualmente o incluso cada seis meses.
A esos controles se suman ensayos para comprobar el funcionamiento de válvulas y compuertas, tanto en seco como con circulación de agua. También se verifica la disponibilidad de energía eléctrica y el funcionamiento de los grupos electrógenos ante distintas situaciones. Uno de los puntos abordados durante la entrevista fue la antigüedad de las estructuras y la incidencia que puede tener el paso del tiempo sobre su funcionamiento. En ese sentido, Rodríguez recordó que El Nihuil es la presa más antigua de las fiscalizadas por el ORSEP en todo el país y que el próximo año cumplirá 80 años desde su inauguración.

Para explicar cómo evoluciona una presa a lo largo de su existencia, utilizó una comparación con las distintas etapas de la vida humana. “Las presas son como las personas. La presa apenas se inaugura, es como un bebé recién nacido. Entonces, hay que vigilarla continuamente porque no sabemos cómo está”, expresó.
Luego señaló que, con el paso de los años, comienza una etapa de funcionamiento normal, aunque el envejecimiento de los materiales y la falta de mantenimiento pueden afectar progresivamente su capacidad operativa. Respecto de la vida útil, indicó que desde el punto de vista contable suele considerarse un período de 50 años, aunque existen ejemplos de construcciones mucho más antiguas que continúan funcionando. Para sostener las condiciones de seguridad, destacó la importancia de los controles permanentes, las inspecciones y las tareas de mantenimiento.

También explicó que el organismo cuenta con análisis de riesgo elaborados a partir de distintas hipótesis de falla. Esos estudios permiten estimar la probabilidad de que se produzcan determinados inconvenientes y establecer prioridades de intervención cuando los recursos son limitados. Rodríguez remarcó que, aunque la posibilidad de que una presa falle es muy baja, las consecuencias de una eventual ruptura pueden ser graves. Por eso, explicó que los protocolos contemplan la verificación inmediata de cualquier situación que genere dudas, la aplicación de medidas correctivas y la existencia de planes de emergencia para las zonas ubicadas aguas abajo.
En ese esquema, el ORSEP participa en reuniones y capacitaciones con los organismos que deben intervenir ante una eventual contingencia, entre ellos las áreas responsables de la defensa civil y la gestión del agua.
El escenario hídrico y la situación de Valle Grande
Al referirse específicamente a las previsiones para la próxima temporada, Rodríguez aclaró que el Departamento General de Irrigación estableció un derrame esperado correspondiente a un año medio, de acuerdo con las precipitaciones níveas registradas durante el invierno. “Entonces, ante esa situación ha planteado su operación de los embalses”, explicó. Sin embargo, advirtió que las precipitaciones pluviales podrían generar otro escenario y que, por esa razón, resulta fundamental mantener en condiciones operativas los órganos de evacuación y los planes de acción ante posibles emergencias.
Consultado sobre cuál de los embalses presenta mayores condicionamientos en ese aspecto, identificó a Valle Grande. La principal dificultad está relacionada con las construcciones y los aprovechamientos ubicados en las márgenes del río aguas abajo de la presa, que limitan el caudal que puede circular libremente. “Hoy está restringido a lo que puede erogar la central de Nihuil IV y alguna válvula de evacuación nada más”, señaló. Y agregó que, ante un eventual vertido por el vertedero, “la situación se complicaría”.

Por otra parte, el responsable regional Cuyo del ORSEP mencionó las tareas de formación y concientización que desarrolla el organismo. Entre ellas destacó el programa “Aprendiendo con el ORSEP”, destinado principalmente a escuelas primarias y que en la región también se extendió a establecimientos secundarios que solicitaron participar. Además, explicó que reciben invitaciones para brindar charlas y cursos en facultades y espacios de posgrado, con contenidos orientados a públicos de formación técnica.

Sobre el final, Rodríguez buscó transmitir tranquilidad respecto de las condiciones actuales de las obras y del trabajo de fiscalización que se realiza. “Las presas están muy bien construidas, están muy bien mantenidas, están sumamente bien vigiladas y, me voy a tirar flores, están mejor fiscalizadas”, concluyó.