Una encuesta del CONICET registró una caída del 76,5% al 62,9% entre 2008 y 2019. El sociólogo Fortunato Mallimaci analizó los cambios en las creencias y su relación con la política.

La Argentina atraviesa una transformación de su mapa religioso, marcada por una menor identificación con el catolicismo, el crecimiento de las confesiones evangélicas y el aumento de las personas que no profesan ninguna religión. La Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas, realizada por investigadores del CONICET, registró que la identificación católica pasó del 76,5% en 2008 al 62,9% en 2019.

Para el sociólogo e investigador del CONICET Fortunato Mallimaci, esta tendencia no representa necesariamente una desaparición de la fe, sino una modificación de las formas de creer y de relacionarse con las instituciones religiosas. Durante una entrevista en Infobae al Regreso, examinó la pérdida de adhesión institucional de la Iglesia, la vigencia de la religiosidad popular y las disputas políticas alrededor de la figura del Papa.

Al referirse a las expectativas sobre una eventual visita papal y su impacto político, Mallimaci sostuvo que distintos sectores proyectan sus propias aspiraciones sobre el pontífice. “En Argentina, en el largo plazo, yo podría decir, hay el sueño del Papa propio”, afirmó.

El investigador explicó que esa apropiación atraviesa a organizaciones sociales, partidos políticos, actores culturales y medios de comunicación. “Cada organización social, política, cultural, mediática, ha armado a lo largo de la historia su propio Papa”, señaló. Y agregó: “Aquí hay diversos intereses dando vueltas sobre qué imagen, qué voy a propagar, qué voy a decir del Papa”.

Como antecedente, recordó la oposición de sectores católicos a la ley de divorcio vincular, aprobada durante el gobierno de Raúl Alfonsín en 1987. Evocó las manifestaciones religiosas que buscaron frenar la iniciativa, aunque finalmente el Congreso sancionó la norma.

Una sociedad con distintas maneras de creer

Al analizar los resultados de la encuesta, Mallimaci ubicó la transformación religiosa en un contexto de cambios sociales y culturales más amplios. “Vivimos en otro mundo, en el mundo del siglo XXI, en el cual las creencias se van transformando y mucho”, expresó.

También destacó que los estudios permitieron reconocer distintas formas de vivir el catolicismo, alejadas de una pertenencia uniforme. “Mostraban diversidad de catolicismos y empezamos a usar el plural y cada vez más, catolicismos”, explicó.

Uno de los aspectos centrales es la diferencia entre identificarse con una religión y participar activamente de sus instituciones. Muchas personas se reconocen como católicas, pero no concurren con frecuencia a los templos ni mantienen un vínculo regular con las autoridades eclesiásticas.

En ese sentido, el sociólogo distinguió la dimensión institucional de la cultural que conserva el catolicismo. “Ese catolicismo funciona como una institución. Al mismo tiempo, funciona como una cultura”, sostuvo. Esa presencia se mantiene en distintos ámbitos de la sociedad, la política y el Estado, aun cuando disminuye la participación religiosa formal.

Mallimaci también mencionó la reducción de las vocaciones sacerdotales y religiosas en Europa y América como parte de una transformación que obliga a revisar las formas tradicionales de organizar la vida espiritual.

La fe popular y las nuevas espiritualidades

La persistencia de grandes manifestaciones religiosas constituye otra característica del escenario argentino. El investigador mencionó la peregrinación juvenil a Luján como ejemplo de una práctica que convoca a multitudes, pese a que la asistencia regular a los templos pierde centralidad.

Además, señaló que cerca del 85% de la población argentina conserva la creencia en Dios, incluso entre quienes no se identifican con una religión específica. También aludió a personas que recurren a conceptos como la energía para expresar sus experiencias espirituales.

De esta manera, los datos permiten diferenciar tres dimensiones que no necesariamente avanzan juntas: creer, pertenecer a una confesión religiosa y participar de sus actividades.

La Iglesia frente a los cambios sociales y políticos

Mallimaci también relacionó las transformaciones religiosas con los cambios en el mundo del trabajo. Según explicó, la Iglesia católica presta mayor atención a los movimientos sociales en un contexto de expansión de la informalidad y debilitamiento de las formas tradicionales de representación laboral.

“Hoy son los movimientos sociales y vos vas viendo cómo esta institución católica casi bendice más a los movimientos sociales que a los sindicales”, afirmó. Sobre la situación laboral, agregó: “La ética del trabajo quedó para pocos y quedan millones y millones hoy con un trabajo informal”.

Otro fenómeno que destacó fue el crecimiento de las posiciones favorables a la separación entre la Iglesia y el Estado. Según su análisis, esa demanda no se limita a quienes no creen en Dios, sino que también alcanza a personas que cuestionan la intervención institucional de la religión en la política.

“No queremos esta instrumentalización entre lo político y lo religioso”, sostuvo el sociólogo, al referirse al rechazo a la utilización partidaria de las creencias.

Por último, planteó la necesidad de revisar el papel de la Iglesia durante la última dictadura militar y de analizar históricamente las expresiones antisemitas e islamofóbicas presentes en el debate público.

La caída de la identificación católica, según el análisis de Mallimaci, convive así con una amplia persistencia de la creencia en Dios y con una sociedad en la que se multiplican las formas de espiritualidad y las maneras de vincularse con las instituciones religiosas.