¿Y si nos dicen la verdad?

A lo largo de más de medio siglo de periodismo, he vivido bajo toda clase de gobiernos y, aunque nunca hice plata con esta profesión apasionante, porque me inculcó principios de honestidad y hombría de bien, pude recoger valiosas experiencias sobre ideologías, métodos, sistemas, verdades y mentiras de cada régimen con el que tuve que convivir.

Pero le aseguro, amigo lector, que ninguno de los gobiernos que precedieron al actual, incluido el de Néstor Kirchner, utilizaron la manipulación y deformación de datos, el dibujo de índices sociales, laborales y económicos, en definitiva, la mentira, para crear un país de fantasía, como el actual Poder Ejecutivo y sus organismos dependientes.

Hace poco, en una de sus habituales cadenas nacionales, la presidente de la Nación pidió a los argentinos que colaboren con el gobierno aportando ideas, proyectos, análisis, y todo lo que pueda contribuir a solucionar problemas urgentes como la inflación, la inseguridad, el desempleo, la pobreza, el derrumbe de la educación y la salud públicas, entre otros males.

No tengo dudas de que la mayoría de los argentinos de buena madera, incluidos opositores, están dispuestos a aportar todo su bagaje de conocimientos, experiencias, imaginación y hasta una sana astucia, a la gestión de gobierno.

Pero resulta imposible. En primer lugar, porque la señora Presidente parece no escuchar a nadie, excepto (quizás) a su hijo Máximo. Éste, por otro lado, no parece tener las dotes políticas de su padre, ni las del «Chino» Zanini, un maoísta depreciado aunque muy inteligente, que por cómo actúa hoy sería execrado por don Mao Zedong, pero que en su posición estratégica en el gobierno se convierte en una suerte de Rasputín, persiguiendo objetivos que, sinceramente, creo que ni la Señora conoce.

En segundo lugar, para lograr un buen gobierno es vital que el pueblo tenga información fidedigna sobre el estado de la Nación. Supongo que ni los más avezados expertos en economía pueden ofrecer un plan para revertir el proceso inflacionario, si no cuentan con información creíble. Durante años, el inepto, maleducado e insoportable secretario de Comercio, Willy Moreno, destruyó minuciosamente al Indec, un organismo que gozaba de prestigio internacional desde su creación. Moreno lo hizo pelota, dibujando los índices socioeconómicos, esencialmente la inflación, para convencer a la gente de que ésta no existía, y echando la culpa del aumento de precios a industriales y comerciantes. 

Del mismo modo, según Moreno, el mismo que repartió medias en Angola para denostar a Clarín y vendió cosechadoras que nunca se fabricaron, quiso hacernos creer que no había desempleo en el Chaco, y que una familia tipo podía comer con 6 pesos diarios, y otras aberraciones estadísticas, con el agravante de que, según dicen los allegados, lograba convencer a la Señora de que el país andaba al pelo.

Felizmente lo echaron, dándole un exilio de lujo en Roma. Pero se mantiene la falacia de la información oficial, porque aunque Kicillof ha dibujado números de inflación que se acercan más a la realidad, publica otros que están muy lejos de la verdad. Por ejemplo, nos dice que el 8% de los argentinos están bajo la línea de pobreza y que hay un 1% de indigencia, cuando entidades tan prestigiosas como la Universidad Católica Argentina o encuestadoras serias como Mora y Araujo y Poliarquía nos dicen que las cifras son del 25 y el 8 por ciento, respectivamente. También modifica a su arbitrio el PBI, con el aparentemente saludable propósito de evitar que el Estado deba pagar cuantiosas sumas a los poseedores de bonos argentinos; pero como la mentira tiene patas cortas, el relato queda en evidencia y la imagen del país es menos creíble que nunca.

Claro, si Kicillof da a conocer las cifras reales, quedará al desnudo toda la mentira que hemos venido viviendo y, aunque no son un secreto para nadie, políticamente el gobierno quedaría muy debilitado. 

Bien, todo esto lo sabemos los argentinos. Pero volviendo al pedido de la Presidente, nadie puede aportarle –ni siquiera sus propios seguidores- ideas o soluciones si carece de información creíble. Podemos colaborar todos con usted, estimada Presidente, pero nos tiene que dar las herramientas para trabajar en serio, porque si nos manejamos con los números que dan sus ministros, lo único que podemos hacer es seguir con la gran mentira. 

Además, para agravar aún más las cosas, sus propios colaboradores se desmienten entre sí. Por ejemplo, Capitanich aseguró que el país no tenía campos de aterrizaje que usaran los narcotraficantes y contrabandistas; pero Berni afirmó que hay más de 500 de esos aeródromos clandestinos. Si van a seguir mintiendo, por lo menos pónganse de acuerdo. 

Lo grave es que si seguimos por esta senda, es imposible que políticos, gremialistas, empresarios y ciudadanos de a pie puedan brindarle ayuda a quien es responsable del destino del país. 

Creo, señora Presidente, que así como debe cuidar su salud, también debe poner orden en la casa. No pierda su tiempo echándole la culpa de nuestros males a la prensa, a los empresarios o a la oposición política y sindical, y dedíquese a gobernar. Por favor, doña Cristina, los argentinos todavía confiamos en que usted pueda cambiar. No nos siga defraudando. Ya nos defraudó otro, que ahora, viejito, es su aliado…

 

Por Nelson Altamirano. 

Periodista. 

(Desde Río Cuarto especial para Diario San Rafael)

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