Yo también reclamo

Mis orígenes son totalmente italianos, es más, estamos seguros que nuestros ancestros se remontan a la Antigua Roma.
Mis abuelos maternos eran un fantástico blend del Sur y el Norte de Italia.
El nonno era de Fasano (Puglia), tierra de vinos con cuerpo, profundos, de colores renegridos, de graduación bastante elevada dado el sol reinante en el lugar, de mucho carácter como Don Valentín. Él vivía en un trullo, esas típicas casas que únicamente se encuentran en Alberobello, cuyos orígenes provienen de la prehistoria, pero que no se replicaron en otras partes del mundo conocido, cuya finalidad, además de vivienda, era que el calor fluyese por entre las piedras que se van colocando unas sobre otras, sin argamasa para que el mismo se escape por el cono que se va formando en el techo, creando así el primer aire acondicionado natural antes de Cristo.
La nonna , en cambio, era del Véneto. Ah, el Véneto. Inmediatamente uno piensa en Venecia, en Andrea Palladio, en las colinas, en el dulce hablar de los vénetos, en los viñedos, en los vinos Prosecco de Conegliano, el Valdabbiane, el Soave, todos ellos como la nonna Elsa, alegres, frizzantes ma non troppo, y también calmos que destilan dulzura de amor a la vida.
Ese magistral blend de norte/sur o sur/norte (para que nadie se enoje ), le dio a Argentina seis varietales que supieron amar el mundo del vino, de características de Nuevo Mundo.
Por el lado de mi padre, Aurelio, todos piamonteses con raíces francesas, se afincaron en Asti, se ve que por el espumante, o tal vez el Barbera de Asti o de Alba, vaya uno a saber, o también por el Dolcetto, el Nebbiolo o il re dei vini, il Barolo. El Barolo necesita tiempo, sino los taninos te matan, se te estruja el paladar, los dientes se te manchan con el vino nuevo y te delata que la ansiedad te carcome y has roto las reglas de Baco: la paciencia de saber esperar unos años para saborear el néctar de los dioses.
Como por el Piamonte los franceses e italianos se la pasaban disputándose el territorio, sabemos que parte de la familia paterna liderada, como debe ser, por una mujer, viene de Francia, cerca del 1600, proveniente de la Casa Merlino y planta bandera en Asti. Voilá.
Ahora bien, todos estos antecedentes nos llevan irremediablemente a que mis orígenes provienen de la península itálica y que por mis venas en vez de sangre, fluyen spaghettis. Spaghettis hechos con grano duro, nada de esos fideuchos hechos con cualquier trigo. Esos que cuando uno los saborea disfruta della pasta, la vera pasta proveniente de Sicilia, maridados con i pomodorini di pachino, basílico fresco y espolvoreados con parmigiano reggiano. Mmmm, semplice, ma bocato di Cardinale.
Y si además, mi padre, que se llamaba Aurelio, como el Emperador romano Marco Aurelio, y si con toda esta historia y cultura Peninsular de toda mi familia, quién entonces podría negar que yo no descienda propiamente de Rómulo?
La posibilidad existe, ciertamente.
Mirando atónito lo que está pasando en nuestro País últimamente con las tomas en Guernica, los Mapuches reclamando tierras ancestrales,dicen ellos, y no reconociendo territorio, soberanía, ni bandera Argentina y pretendiendo que se les devuelva “sus” tierras ejerciendo la fuerza y desconociendo la ley que nos rige a los argentinos, o todos los Grabois, que pareciera se mueven bajo una ley Divina, entonces, por estos y muchos más ejemplos que hoy aterrorizados leemos, escuchamos y nos informamos, yo quiero proponer con total fundamento al Gobierno de Italia, que me devuelva mis territorios que poseían mis ancestros en donde dejaron su sangre para defender al Imperio Romano.
Solo reclamo parte de Roma bañada por el Tíber, el Gran Canal de Venecia, los pequeños viñedos y olivares de Fasano y las hermosas colinas de Asti y Alba, trufas blancas incluídas.
Considero ser prudente ante mi árbol genealógico, ¿o no?

Ricardo Stradella Bianchi

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¿Quién avala la toma de tierras?

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