El Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra cada 10 de octubre, es promovido por la Federación Mundial de la Salud Mental y cuenta con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud. El evento representa un compromiso global para crear conciencia sobre los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar esfuerzos en apoyo de mejorar la salud mental de todos los seres humanos.
La pandemia de Covid-19 vino a agravar la situación de salud mental de los habitantes de nuestra región, aumentando los nuevos casos de afecciones psicológicas y psiquiátricas, y empeorando las preexistentes. También ha producido interrupciones significativas en los servicios médicos para tratar los trastornos mentales, neurológicos y por el uso de sustancias. Las poblaciones que históricamente se han enfrentado a una mayor carga de afecciones de salud mental y a un acceso reducido al tratamiento se vieron afectadas de manera desproporcionada por los impactos de la pandemia.
Uno de los obstáculos para que la problemática de la salud mental esté más presente en la agenda pública se vincula a la estigmatización que pesa sobre las personas con sufrimiento psíquico. Además de convertirse en un obstáculo para su inclusión social, produce una brecha muy grande entre las personas que padecen y las que acceden a consulta. Solo un pequeño porcentaje de las personas que la necesitan tienen acceso a atención de salud mental eficaz, asequible y de calidad. El resultado es cada vez más personas cayendo en patologías como las neurosis o la depresión, que muchas veces llevan a la muerte.
Los progresos parciales logrados en el último decenio demuestran que el cambio es posible. Con todo, el cambio no es lo bastante rápido, y la salud mental sigue teniendo un historial de necesidad y desatención. Aumento del presupuesto, fomento o fortalecimiento de los servicios comunitarios, mayor integración en la atención general de salud y campañas contra el estigma son absolutamente necesarios para mejorar la salud mental de la población.




