Jesús Cocco tiene 48 años y desde hace diez aprecia bien de cerca el cielo mendocino gracias a la práctica de vuelo libre a campo traviesa.
Es una disciplina que se llama “cross country”. Cada piloto despega cuando quiere o cuando puede en el horario que quiera. Los vuelos quedan registrados en el instrumento de vuelo que tiene GPS y después se cargan a la página de la Federación de Vuelo Libre y allí se comparan los recorridos. Así es como Cocco supo de su récord mendocino de distancia.
Como informa, El Sol ell pasado 10 de diciembre el oriundo de Tupungato se decidió a salir y, tras un repentino cambio de planes, terminó alcanzando un récord histórico en un vuelo de distancia libre más largo para Mendoza: 173 kilómetros en total y 153 en línea recta desde el punto de despegue al punto de aterrizaje.

“Térmicas de 6 metros por segundo, más de 5 horas de vuelo y 40 kilómetros por hora de promedio para un vuelo fantástico”, especificó Cocco en diálogo con El Sol.
Las térmicas, explicó el hombre récord, “son corrientes de aire que ascienden a esa velocidad, y que hay que tratar de mantenerse en ellas hasta arriba donde termina, para después planear a la siguiente y así cubrir distancia”.
Cocco vuelve sobre su vivencia y da inicio al relato de un día inolvidable: “Con el equipo listo y después de haber mirado el pronóstico estaba en el despegue a las 10, la condición se empezaba a poner en marcha así que preparo y despego 10.50, las térmicas eran buenas pero el techo todavía bajo. Trabajando para ganar algo más de altura, empiezo de a poco mi plan de vuelo que era triangular (por no tener un plan de rescate armado) por el llano. Empiezo a trazar la primera pierna hacia el Norte, pero no se avanzaba”.
Fue allí que Cocco improvisó y decidió cambiar sus planes: “No tenía previsto que el viento apretara de esa dirección tan temprano, así que fui por el plan B: olvidarme del rescate y viajar hacia el sur”.
“De a poco mejoraba la condición hasta ponerse muy buena”, reconoció. Así es que a las 13.30 estaba arribando a Pareditas, con algo más de 40 kilómetros ya en el bolsillo. Su evaluación mental fue que no podía desaprovechar la ocasión, por ello decidió seguir viaje “dejando la última zona civilizada” y adentrándose en una zona “inhóspita y desértica”.
“Me encontraba en un vuelo solitario de cielo totalmente azul volando tranquilo y concentrado, tirando algunas diagonales hacia la ruta 40 para tener alguna opción de rescate”, continuó. Hasta ahí, todo marchaba bien, pero a la altura del dique Agua del Toro conectó con una ascendente “algo rara y caótica” que se podía subir volando recto y siguiendo rumbo. Subió cerca de 4000 msnm, el vuelo se volvía más duro, y Jesús no sabía si estaba en “una onda de montaña o era algo asociado a unos frentes de polvo en superficie que venían del Este”. No había nubes de ninguna clase que le dieran pistas.

El experimentado piloto tuvo que tomar una decisión: “Para que la cosa no se pase de mambo, hago orejas durante media hora aproximadamente e intentaba girar a alguna descendente, ambas maniobras si tener mucho éxito, la intención era salir de esa zona y bajar a la buena franja que tenía anteriormente que era 3200-3400 msnm, mientras tanto seguía cubriendo distancia”.
Finalmente, decidió descender. El viento estaba más intenso y se aceleraba con el pasar de los minutos. El aterrizaje fue cerca de las 16, “algo duro con revolcón incluido”, recordó. “Decisión acertada, ya que el viento seguía aumentando”, resumió.
Jesús quedó a metros de una estación de bombeo de YPF en El Sosneado, San Rafael que le serviría de refugio. Ahora restaba resolver el rescate en tierra.
Afortunadamente, su amigo Marcelo Peñafiel siguió su recorrido y no dudó en asistir al rescate.
“Feliz cuando me enteré de que rompía el récord mendocino de distancia”, celebró el tupungatino.
Sobre la increíble disciplina que practica hace una década en sus fines de semana libre (y cuando el clima acompaña), Cocco remarcó que “es algo que no se puede explicar con palabras” porque se trata de una experiencia “mágica, imponente, maravillosa y única”.
Fuente y fotos: Gentileza El Sol







