La Asociación Para la Rehabilitación Infantil Down (APRID), poseía desde el año 1999 a Horacio Méndez como director, quien se jubiló y trabajó por última vez allí el miércoles 27 de marzo. Sobre lo que ha sido esta importante etapa de su vida, dialogó con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael. Méndez se recibió como docente en 1993, trabajó en nuestro departamento y más tarde se fue a continuar con tareas laborales en la provincia de San Luis, donde empezó a desarrollar trabajos en materia de discapacidad. “Fue en una época en la que la discapacidad era ‘escondida’, o ‘guardada en el sótano’, con gente en los campos que no conocía lo que era la ciudad. Desde ahí empezó mi pasión por las personas con discapacidad, y por ese mundo que inmerecidamente estaba viviendo”, recordó y agregó que en 1999 regresó a San Rafael por temas personales, y muy pocos días después fue convocado a una reunión en APRID. “No hay casualidades en la vida; por algo el destino me puso ahí, y hasta el miércoles –que fue mi último día laboral– fue una bendición”, exhibió. El docente considera que ha habido un cambio y toda una evolución social en cuanto a la discapacidad, y –para él– “tiene que ver con la normalización, las redes sociales donde todo el mundo puede alzar la voz, donde se pueden alzar las manos y estamos mirados en tiempo real y automáticamente en todos lados, lo que fue fantástico y cambió un paradigma completo, porque antes poder salir a la calle y que los visibilizaran era muy difícil, y era complicado decir ‘están acá y pueden serle útil a la sociedad, hay personas con un corazón enorme con muchas capacidades de hacer cosas, no tienen por qué estar ocultos y tienen los mismos derechos que todos’”. En definitiva, desde su punto de vista, dejar a las personas con discapacidad sin posibilidades, era “todo un desperdicio, más allá de que era injusto”. Si bien humildemente le da algo de vergüenza hablar de sí mismo, a modo de balance, el ahora ex director expresó cierto orgullo por lo conseguido. “En resumidas palabras, yo le he puesto mi corazón y todo mi cuerpo a la institución que unos papás me entregaron en 1999, que confiaron en mí, en el proyecto que presenté, en la experiencia que traía de haber trabajado en San Luis, en lugares bastante difíciles, pero para la misma población de personas con discapacidad, con miedos, con desconocimiento, con mucha ignorancia en muchos sentidos. A partir de ahí recibí ese regalo que cuidé con mucho amor, con mucho cariño, y que hoy esos papás después de 25 años me digan ‘compliste y superaste nuestras expectativas’, hace que se me ‘desarme el moño’”, aseguró y aclaró que siempre lo acompañó para eso un equipo formidable de trabajo.







