Mucho se habló de 2025 como un “año electoral”, donde la vida política nacional se vería trastocada por las campañas proselitistas.
Nadie se atrevería a negar la importancia de las elecciones “de medio término” para la gobernabilidad de la Nación, la provincia y San Rafael. Y es que la composición de los cuerpos legislativos resulta trascendental en su función de contralor de los Poderes Ejecutivos correspondientes. Eso, los dirigentes políticos partidarios lo saben sobradamente. Pero también han tomado nota del fastidio que genera en los ciudadanos el hecho de escuchar o leer las expresiones de muchos de aquellos que pugnan por esos cargos electivos para que, una vez conseguido el objetivo, se ocupen de no cumplir con lo prometido.
En los tramos más recientes de nuestra aún adolescente democracia observamos un debilitamiento del sistema: los partidos políticos no funcionan como tales y han sido reemplazados por el personalismo, el caudillismo, el nepotismo y el clientelismo, entre otros muchos defectos. También parecieran estar en fuga valores fundamentales como la ética o la lealtad y pertenencia a determinado lineamiento político. Hoy se impone el oportunismo que tiene como único objetivo mantener los privilegios y los intereses particulares de “los políticos” por sobre “la política”.
Sin embargo, el momento actual obliga al ciudadano a volver a comprometerse con la elección de sus representantes, asumiendo que esa es una de las patas del republicanismo, ese que cada vez parece más debilitado por los totalitarios.




