La reciente decisión de reducir permanentemente las retenciones a productos agropecuarios clave es una señal positiva que reconoce la presión impositiva que sufre el campo, afirmó Agostina Ambrosi, economista del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA). Sin embargo, la especialista advirtió que el impacto de esta medida por sí sola es bastante marginal para el sector agropecuario y, al mismo tiempo, implica un alto costo fiscal para el Estado.
En una entrevista que brindó a FM Vos 94.5, explicó que la baja es pequeña y se mantiene en un contexto de otros impuestos distorsivos que continúan afectando la competitividad del país, como el impuesto al cheque, ingresos brutos provinciales y tasas municipales, cuya suma de exacción es superior a la de las propias retenciones. Lo más preocupante para IDESA es que esta reducción representa una pérdida de ingresos equivalente al 0,2% del PBI, lo que significa nada menos que dos tercios del superávit financiero del Estado”. expuso.
«El Estado deja de recaudar una cifra importante que podría poner en riesgo el equilibrio de las cuentas públicas si no se busca compensar esa pérdida por otro lado», enfatizó con respecto al mismo tema.
Sobre la posible repercusión en los precios del mercado interno (pan, aceite, carne) debido a la mayor competitividad de las exportaciones, Ambrosi reconoció su incidencia. «Claramente puede repercutir y también afectar la actividad económica, que es el objetivo de la medida. En ese sentido, IDESA plantea que la mayor recaudación que se genere por el aumento de la actividad económica (en impuestos como Ganancias, IVA, Ingresos Brutos) debería aprovecharse para compensar la pérdida de las retenciones y así avanzar en la eliminación de tributos que son ineficientes», recalcó.
Espacio para más reducciones
y la necesidad de una
reforma fiscal integral
Las reducciones en las retenciones varían según el producto, yendo desde el 25% para la carne y el girasol, hasta el 20% para el maíz, la soja y sus derivados. El gobierno busca la eliminación total de estas retenciones, pero Ambrosi advirtió que avanzar en ello requiere una propuesta más íntegra. «Si solo se reducen las retenciones, la recaudación se verá afectada», advirtió.
La economista de IDESA propuso reordenar el sistema impositivo de manera que, en lugar de castigar la producción, la premie, y al mismo tiempo, mantenga la estabilidad fiscal. «Esto implicaría revisar todo el entramado de tributos para evitar una pérdida abrupta de ingresos para el gobierno, cuya meta es el gasto público nulo», consideró.
Escenario electoral y las incertidumbres del dólar
En el actual año electoral, Ambrosi observó que el panorama económico presenta algunas variables preocupantes, como el recalentamiento del dólar, que ya superó los $1.300 en el oficial. «Si bien el gobierno intenta sostener la divisa, no hay suficiente oferta y sí una demanda sostenida, impulsada, entre otros factores, por el levantamiento del cepo y el notable incremento de depósitos en dólares. La compra de ropa importada, por ejemplo, registró un crecimiento interanual del 131% entre enero y mayo de este año, marcando un récord histórico», comentó.
«A pesar de estas presiones, las medidas adoptadas por el gobierno van en la dirección correcta, porque se busca aumentar la competitividad del país y generar divisas. El modelo que se persigue combina la austeridad en el gasto, el equilibrio fiscal y al mismo tiempo estimula la producción», opinó.
«El Estado comprende que la sostenibilidad económica no puede construirse sobre las distorsiones y desequilibrios crónicos arrastrados por décadas. Para que el agro y otros sectores exportadores inviertan y crezcan, se necesitan reglas claras como las que el gobierno intenta implementar», añadió.
Finalmente, se expresó en cuanto el riesgo de que el aumento del dólar impacte en los precios y desacomode la baja de la inflación. «Claramente hay que tener mucho cuidado y cautela. El gobierno deberá controlar esos movimientos, ya que es una variable que hay que mantener supervisada», concluyó.







