El régimen de Monotributo, en el que se encuentran miles de argentinos que no están bajo relación de dependencia, esconde una trampa de largo plazo: el futuro previsional. Guillermo Poch, contador público y destacado tributarista, analizó en diálogo con FM Vos 94.5 la fragilidad del sistema actual, la «ilusión» del pluriempleo y las reformas necesarias para un esquema previsional que enfrenta el desafío de una población que vive más, pero aporta menos.
En el mercado laboral actual, la figura del monotributista no siempre surge de una imposición, sino muchas veces de una negociación donde el trabajador prioriza el ingreso inmediato sobre la cobertura social futura.
«Aparece una negociación entre empleado y empleador donde la gente prefiere, en determinados momentos de la vida, cobrar más en mano y termina pactando un esquema de monotributo. Lo que sucede es que, al pagar la cuota, estás abonando un componente previsional basado en una renta presunta. Esto deriva inevitablemente en una jubilación muy diferente a la de alguien en relación de dependencia, donde el aporte surge de un porcentaje real del sueldo», expuso Poch al inicio de la entrevista.
«El monotributista, especialmente en las categorías bajas, está condenado a cobrar la mínima porque no realizó los aportes que el sistema requiere para una escala superior», coincidió el especialista.
Radiografía de un sistema en jaque
El sistema previsional argentino enfrenta una crisis estructural que el tributarista definió como un «combo interesantísimo en contra», donde confluyen factores demográficos y económicos que obligan a repensar de manera urgente las bases del contrato social.
La base del problema radica, en primera instancia, en el factor demográfico. “La pirámide poblacional está sufriendo una transformación que presiona la sostenibilidad del esquema actual. La gente vive más tiempo, pero tenemos menos nacimientos. La población se va envejeciendo y la torta de jubilados se amplía mientras los aportantes activos disminuyen», explicó Poch sobre el desbalance entre quienes sostienen el sistema y quienes reciben el beneficio.
A este escenario se suma la brecha de aportes entre los distintos regímenes laborales, lo que genera un déficit difícil de cubrir sin asistencia estatal. «En la relación de dependencia, tanto empleador como empleado contribuyen al sistema. Sin embargo, en el monotributo puro, el componente social es el único aporte que se realiza y es significativamente más bajo», advirtió.

Estímulos y conducta: ¿Hacia dónde debe ir la reforma?
Para el tributarista, una reforma previsional exitosa no puede basarse únicamente en la obligatoriedad, sino en generar incentivos que cambien la conducta financiera de los ciudadanos durante su etapa activa.
«Hay que buscar alicientes. Si no le mostrás un beneficio tangible a la persona, la gente no va a hacer ‘patriotismo’ para algo que verá dentro de 30 años. Una opción sería permitir que todo lo que aportes voluntariamente a un régimen previsional se reduzca de otros tributos, como el Impuesto a las Ganancias”, planteó.
«Debemos incentivar que la gente esté interesada en solventar sus propios costos futuros, tal vez retomando esquemas de capitalización donde uno vea crecer su propio monto. La sociedad ha evolucionado y las medidas deben ‘aggiornarse’ a esa nueva mentalidad», sostuvo.
El debate de la edad y la tecnología
Más allá de la discusión técnica sobre los aportes mensuales, el debate legislativo que se avecina deberá tocar fibras sensibles como la edad jubilatoria y el impacto de la automatización en el mercado laboral de las nuevas generaciones. La sostenibilidad del sistema se enfrenta a lo que Guillermo Poch denomina la «sábana corta» de la economía.
«Subir la edad jubilatoria es una tendencia mundial debido al aumento de la expectativa de vida, pero tiene un doble filo: al extender la permanencia de los adultos en sus puestos, se ralentiza el ingreso de los jóvenes al sistema de trabajo, especialmente en un mundo cada vez más tecnificado», observó sobre el complejo equilibrio entre generaciones.
Ante este escenario, el especialista manifestó que la solución requiere de nuevas alternativas y una mirada creativa desde lo legislativo: «Tal vez debamos discutir esquemas de jornadas más reducidas o trabajos diferenciados que permitan mantener la actividad sin bloquear el recambio. Lo cierto es que el sistema actual está prácticamente quebrado y será necesario buscar que parte del componente impositivo general contribuya a sostener a quienes llegan a esa etapa de la vida».
Finalmente, Poch señaló que, aunque el gobierno trabaja en proyectos de reforma, aún no hay claridad total sobre las propuestas finales. «Esperamos que se intenten recoger todas estas necesidades y realidades de la sociedad actual para evitar que el sistema colapse definitivamente», completó.







