En un paso tan necesario como valiente, se conformó oficialmente la Asociación Civil de Trabajadoras de Casas Particulares de San Rafael, una iniciativa impulsada por mujeres del sector que decidieron organizarse para dejar de ser invisibles y comenzar a construir un espacio colectivo de respaldo, formación y lucha por sus derechos.
La firma de constitución se realizó recientemente en el área de Entidades Intermedias del municipio, marcando un antes y un después para este grupo de trabajadoras que históricamente ha sido postergado, a pesar de realizar tareas fundamentales en la vida cotidiana de miles de familias.
La propuesta nació de Mary Vilte, Giuliana Roco y Gladys Valenzuela, quienes junto a otras compañeras pusieron en marcha un proyecto que llevaba tiempo gestándose: agrupar tanto a cuidadoras domiciliarias como a empleadas de casas particulares, con el fin de jerarquizar el trabajo, promover capacitaciones y tener una voz activa en los espacios donde se discuten sus condiciones laborales.
“La idea no es solo organizarnos nosotras, sino también abrir camino para todas las que vienen detrás”, expresaron desde la flamante asociación.
UN TRABAJO DE ARTICULACIÓN
El proyecto busca articular con organismos públicos, sindicatos, instituciones educativas y la Municipalidad, con el objetivo de desarrollar programas de formación específicos, que permitan profesionalizar aún más el rol de quienes se encargan de tareas de cuidado, limpieza, cocina, acompañamiento a personas mayores o con discapacidad, y tantas otras funciones esenciales dentro del ámbito doméstico.
Más allá de las capacitaciones, el espacio también apunta a brindar asesoramiento, contención y acompañamiento frente a situaciones de abuso, informalidad o desconocimiento de derechos laborales.
La convocatoria está abierta a todas las trabajadoras y trabajadores del sector que quieran sumarse. Para más información o para formar parte de esta red en crecimiento, se pueden comunicar con Mary al 2604 316388.
Así, con organización y convicción, las que cuidan, limpian, cocinan y sostienen hogares ajenos todos los días, comienzan a construir el propio: un espacio donde se las escuche, se las valore y, sobre todo, se las respete.



