“Buen día, joven, ¿cómo le va?” fueron las primeras palabras de Susana al iniciar una conversación con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 sobre una problemática que ya se ha vuelto cotidiana para ella y sus vecinos: una pérdida de agua que parece interminable. Desde hace tiempo, según cuenta, viene llamando repetidamente a Aysam (ex Obras Sanitarias) para que solucionen la fuga que afecta a la calle Catamarca en el barrio Pueblo Diamante, cerca de la rotonda de la Copa. Si bien en ocasiones han respondido a su pedido, las reparaciones han resultado insuficientes. “Vienen y lo arreglan, pero al mes queda igual, saliendo agua de esa forma. La acequia está llena de agua”, comentó, visiblemente preocupada.
Según explicó Susana, el problema no es que nunca hayan intentado reparar la pérdida, sino que las intervenciones realizadas hasta ahora no han sido definitivas. “Lo que vos ves es una cantidad de agua impresionante. No es que esté mintiendo; si vas y mirás, la acequia está llena”, aseguró. La vecina se ha convertido en una suerte de intermediaria entre su barrio y el servicio de Aysam, y hasta ha consultado sobre los materiales que utilizan para los arreglos: “Yo les pregunté la otra vez, ‘¿con qué material lo hacen?’ Porque vienen, lo arreglan, pero siempre queda igual”, expresó.
La ubicación exacta de la pérdida está en la orilla de la calle, justo frente a la entrada de la vivienda de Susana. Para quien no conoce el área, ella misma ubica la zona: “Estoy entre Maza e Independencia, al 230, a unas tres cuadras de la rotonda de la Copa, por Mitre”. También aclaró que la fuga se encuentra en la calle, no en la vereda, una distinción importante ya que, en este caso, le corresponde a Aysam hacerse cargo del arreglo.
El malestar de Susana y sus vecinos se ve agravado por la falta de presión de agua en sus hogares. “Este es el problema más grande, que no tengo mucha presión de agua”, explicó quien nota un aumento en la presión durante la noche, cuando hay menos consumo, pero justamente es en ese momento cuando la pérdida se vuelve más evidente. “En la noche es impresionante cómo sale el agua”, afirmó, destacando que esta situación no solo afecta la presión en su domicilio, sino que además es un claro desperdicio de un recurso escaso y valioso para la región.
“Los vecinos han hecho tapones para que sus frentes no queden llenos de agua”, añadió Susana, refiriéndose a las soluciones improvisadas que sus vecinos han tenido que implementar para evitar que el agua estancada perjudique la vereda y las entradas de sus casas. “¿Te parece lógico?”, preguntó, cuestionando la falta de una solución efectiva y definitiva por parte de las autoridades correspondientes. “Si ellos te ven regando fuera de hora, te multan, pero la pérdida que tienen ellos no la controlan”.
A lo largo del último mes, Susana ha intentado agilizar la reparación de varias maneras, incluso contactando a un abogado de Mendoza en busca de apoyo, lo cual en alguna ocasión logró que la empresa se presentara rápidamente. “Llamé a un abogado en Mendoza, le pedí el favor y al otro día vinieron a arreglarlo”, recuerda. Sin embargo, esta vez sus esfuerzos no han surtido el mismo efecto, y la pérdida parece cada vez mayor. “No hay caso de que alguien venga y lo vea. Cada vez es más grande”, lamentó.
Otra de sus dudas tiene que ver con la idoneidad del personal encargado de las reparaciones. “¿Son plomeros? Porque lo que mandan son chastrines”, comentó, con una mezcla de frustración e incredulidad. Según ella, las reparaciones parecen hechas de manera improvisada, sin materiales ni procedimientos que garanticen una solución duradera. Además, se pregunta si en realidad están capacitados para resolver un problema que ya lleva tanto tiempo afectando no solo a su propiedad, sino también a la de sus vecinos y a la comunidad en general.
“Es una pena que se pierda tanta agua”, comentó Susana, señalando la contradicción de las políticas de control de agua para uso doméstico en contraste con la falta de atención que recibe esta pérdida. En un contexto en el que el agua es un recurso escaso en el sur mendocino, la situación se vuelve aún más crítica. “Si utilizamos el agua de mala manera, nos multan y está bien. El tema es quién controla a quien normalmente controla a los vecinos”, reflexionó.



