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El refugio de las familias ante la pérdida del poder adquisitivo está en el almacén de barrio

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Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires (FABA) y de la Confederación General de Almaceneros Nacional (CGA), analizó la dinámica del sector, el comportamiento del consumidor y la urgencia de reducir las cargas tributarias como el IVA e Ingresos Brutos.

Los últimos datos sobre la evolución de las ventas en supermercados y mayoristas difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reflejan un panorama complejo para el consumo masivo en la Argentina. Si bien se detectan leves variaciones intermensuales impulsadas por factores estacionales y de ingresos extraordinarios —como el cobro del medio aguinaldo o eventos deportivos de alto impacto—, la comparativa interanual continúa marcando indicadores negativos.

Frente al encarecimiento de los productos de primera necesidad y la brecha impositiva que afecta la cadena de valor, la ciudadanía ha modificado de manera drástica sus pautas de compra. Este escenario ha consolidado un marcado trasvase desde las grandes superficies comerciales hacia el comercio de proximidad y los almacenes de barrio. En ese mismo proceso, las pymes alimenticias nacionales han ganado un protagonismo central en las góndolas gracias a diferenciales de precio de hasta un 100% respecto de las marcas líderes.

El espejismo del consumo estacional y el vuelco al almacén de barrio

A pesar de las subas puntuales vinculadas a festividades o cobros de asignaciones, las ventas cotidianas se concentran en compras de menor volumen y cercanía para optimizar el presupuesto familiar. «Durante la burbuja de eventos masivos (el mundial de fútbol) o con el cobro del medio aguinaldo, los negocios trabajaron bastante bien por el consumo de la picada, el snack o la gaseosa. Pero sabíamos que era una burbuja; al terminar esa dinámica, volvimos a la realidad de una Argentina donde a partir del 20 de cada mes ya se siente el fin de mes. Superar las últimas semanas del mes no resulta fácil para las familias», afirmó Fernando Savore en diálogo con FM Vos 94.5.

«Lo que observamos en los hipermercados es que concentran movimiento los sábados y domingos, pero durante la semana no se ve gran afluencia. La gente ya no va al hipermercado para hacer una compra pequeña de 20 mil pesos; directamente acude al comercio de proximidad. Toda esa masa de consumo diario ha vuelto a los almacenes de barrio», comentó en ese mismo pasaje de la conversación.

Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires (FABA) y de la Confederación General de Almaceneros Nacional (CGA), analizó la dinámica del sector

Brechas de hasta el 100%: las pymes desplazan a las primeras marcas

El encarecimiento constante de los insumos básicos ha llevado a los consumidores a optar por segundas y terceras marcas locales de comprobada calidad. «En nuestros negocios lo que está reaccionando de manera excelente son las marcas pymes. Lo decimos con orgullo porque son empresas argentinas y la diferencia de precio con una primera marca es muy grande. Un pan lactal de primera marca cuesta 6.000 pesos y uno de pyme se consigue en 3.000 pesos en el mismo gramaje. En gaseosas, una primera marca ronda los 6.000 pesos y una pyme está en 2.000 pesos», diferenció Savore.

«En el rubro lácteo hubo un aumento acumulado cercano al 15% desde comienzos de año, con subas mensuales de entre el 2,5% y el 4%. Como los sueldos no acompañaron ese ritmo, la gente se pasó a marcas pymes que no invierten en publicidad en televisión pero son conocidas y confiables», destacó.

«La pyme nos provee directamente, nosotros le pagamos de contado para que compre materia prima, y eso permite trasladar un precio justo a la góndola. Vemos cómo la pyme empieza a empujar a las marcas tradicionales fuera del espacio principal», indicó.

El peso de los impuestos en el precio final y la amenaza de las importaciones

Las trabas impositivas acumuladas a lo largo de la cadena productiva representan el verdadero obstáculo para la competitividad del producto nacional frente a la oferta del exterior. «Lo que respecta a alimentos importados aún no ha llegado de manera masiva al conurbano ni a la Capital Federal, aunque sí se nota un ingreso más marcado de productos de Paraguay o Brasil en provincias fronterizas como Formosa o Misiones, muchas veces sin controles. Pero más allá de eso, para competir contra lo importado en textil o calzado, la discusión central que hay que dar en la Argentina es la reducción de impuestos», planteó el referente de la Confederación General de Almaceneros Nacional.

«No puede ser que el IVA se haya elevado al 21% y nunca más se haya bajado; en productos básicos debería estar en un 10,5%. Por su parte, el Impuesto a los Ingresos Brutos es un espiral interminable: se paga sobre la tela, sobre los botones, sobre la confección y sobre la venta minorista. Toda esa acumulación impositiva termina impactando directamente en el precio que paga el consumidor final. La falta de competitividad de las pymes nacionales no es responsabilidad del fabricante, sino de un Estado que debe enfocarse en bajar la presión fiscal», determinó hacia el cierre de la comunicación.

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