La actividad de la construcción en la República Argentina continúa transitando un escenario de volatilidad sin lograr consolidar una senda de recuperación estable. Los últimos indicadores oficiales elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) —que reflejaron leves repuntes mensuales seguidos de bajas interanuales— confirman un patrón «serrucho» que traduce de manera objetiva las sensaciones de cautela de los inversores. Gerardo Fernández, presidente de la Confederación de Pymes Constructoras de la República Argentina (CPCRA), analizó la psicología del inversor, la coyuntura del empleo y los desafíos de costos del sector.
La cautela del inversor y el valor estratégico del ladrillo
A pesar de rendimientos atractivos por alquileres y la valorización de activos en el tiempo, las dudas sobre la coyuntura obligan a fraccionar o postergar desembolsos de envergadura. «Los datos del INDEC reflejan objetivamente el estado de ánimo y las sensaciones del inversor. Frente a cualquier percepción de inestabilidad política o económica, la gente actúa con prudencia: posterga inversiones o realiza desembolsos de menor cuantía. Históricamente, en la Argentina el resguardo de valor ha sido el dólar o el ladrillo; la diferencia es que el dólar es de rápida liquidación para tener flujo de caja, mientras que la propiedad es una inversión más segura pero de realización a mayor plazo», explicó Gerardo Martínez en una entrevista que mantuvo con FM Vos 94.5.
«Hoy un alquiler rinde en torno al 6% anual en dólares, equivalente a un bono, pero con la ventaja añadida de la plusvalía. Comprar un desarrollo desde pozo permite capitalizarse entre un 20% y un 30% al finalizar la obra. Además, al comparar el costo por metro cuadrado en la Argentina con países vecinos como Chile, Uruguay, Paraguay o Brasil, nuestro país tiene un margen importante para crecer. Sin embargo, este serrucho constante demuestra que la gente aún no percibe la tranquilidad necesaria para volcarse masivamente a la inversión», declaró.
El mercado de insumos: de la compra por acopio a la venta proactiva
El freno en la demanda reconfiguró la comercialización de materiales, eliminando eslabones de intermediación para abaratar el costo final de la obra. «El mercado de materiales se ha regularizado significativamente por un cambio de conducta: pasamos de un sistema donde la gente acopiaba mercadería por temor a la devaluación de sus pesos, a una compra mucho más racional y prudente. Al caer el volumen de venta en mostrador, el comercio se volvió fuertemente proactivo para competir por el cliente», demostró Fernández.
«Hoy vemos a proveedores originarios de fábrica, importadores directos de Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba visitando obras para ofrecer venta directa sin la intermediación del comercio local. Eso agudizó la competencia de precios y le permite al constructor obtener cotizaciones más eficientes en un mercado donde ya no es el comprador el que suplica por materiales, sino el vendedor el que busca activamente la obra», amplió.
Asimetrías geográficas en el empleo y la urgencia de la obra pública
La tracción de proyectos de gran escala en yacimientos y parques energéticos contrasta con la parálisis de las obras pyme y la pérdida de puestos de trabajo en el interior. «Existe una clara Argentina dividida. En los grandes centros urbanos de la Pampa Húmeda, como Capital Federal, Córdoba, Rosario o Santa Fe, y en zonas con desarrollo petrolero como Neuquén, la presentación de permisos de edificación se mantiene estable o en crecimiento. En cambio, en provincias como Chaco, Formosa, Santiago del Estero o Jujuy la actividad está prácticamente paralizada», diferenció.
«En materia de empleo, la construcción perdió más de 100.000 puestos registrados tras la caída de 2023 y apenas ha recuperado unos 20.000, muy lejos de los techos históricos de 400.000 trabajadores. Además, esa recuperación se concentra exclusivamente en Vaca Muerta, minería y energía. Hoy las pymes constructoras del país están trabajando a un 25% o 30% de su capacidad instalada, sosteniendo estructuras a la espera de que se reactive la inversión privada en las provincias y se reanude la infraestructura pública, cuyo deterioro es notorio por la falta de financiamiento», observó Fernández sobre el cierre de la comunicación.
Expectativas y capacidad ociosa: las pymes constructoras apuestan al orden macroeconómico y al impacto del ciclo electoral
La realidad en el país es clara. Aunque la cercanía de los comicios suele incentivar la inversión en obras por parte de las gestiones locales, la escasez de fondos coparticipables impone un límite severo a la ejecución presupuestaria. «Quienes tenemos empresas con más de 20 o 30 años en el sector sabemos que, cada vez que se aproximan las elecciones, suele haber un proceso de inversión para tentar el voto local. Esto empieza por los intendentes y los gobernadores, que son los que tienen una relación de mayor cercanía con la gente, y se extiende también al Gobierno Nacional. Por eso las expectativas siempre son favorables ante la presunción de que aumenten los desembolsos», analizó Fernández.
«Sin embargo, esa expectativa hoy se topa de frente con la realidad del día a día: la recaudación está significativamente afectada y los fondos que llegan a las provincias y municipios por coparticipación federal de impuestos están sumamente menguados. Lo que vemos en los hechos es una enorme prudencia fiscal. Aunque la perspectiva de fondo sea buena si se mantiene el orden macroeconómico, hoy los gobiernos locales tienen un margen de acción muy acotado», completó.



