La analista Paola Zuban señaló que la valoración negativa de la gestión nacional ronda el 65% y sostuvo que el endeudamiento familiar, la pérdida del poder adquisitivo, la inflación y el temor al desempleo aparecen entre las principales preocupaciones de los argentinos.
La imagen del Gobierno nacional atraviesa una tendencia negativa que se viene profundizando desde fines del año pasado y que actualmente muestra una diferencia superior a los 30 puntos entre las valoraciones positivas y negativas. Así lo explicó la analista Paola Zuban, de Zuban Córdoba y Asociados, quien además advirtió que el escenario representa una señal de atención para el presidente Javier Milei al transitar el tercer año de su gestión.
En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos (94.5), Zuban explicó que el deterioro no responde a un movimiento aislado de las últimas semanas, sino a un proceso que comenzó después de las elecciones legislativas y que puede observarse en las mediciones mensuales de opinión pública.
“Esta es una tendencia que viene profundizándose desde diciembre del año pasado. Posterior a las elecciones legislativas comienza una tendencia a una valoración negativa por parte de la ciudadanía, y esto lo tenemos registrado nosotros, que hacemos un estudio mensual, y nuestros colegas que se dedican a investigar opinión pública también”, señaló.
Al poner los datos en perspectiva, precisó que en diciembre la valoración de la gestión se encontraba prácticamente equilibrada. “Estaba la gestión en 50 puntos de imagen positiva y 50 puntos de imagen negativa, centésimas más, centésimas menos. Hoy está en el orden del 65% de imagen negativa y 34% de imagen positiva”, detalló.
Para Zuban, esa diferencia constituye un elemento que el oficialismo debería observar especialmente. “Esto nos indica que hay un diferencial negativo de más de 30 puntos. Y esto comienza a plantear una red flag para un gobierno entrado en el tercer año de gestión”, afirmó.
La analista vinculó buena parte de ese deterioro con la situación económica cotidiana. Según explicó, cuando los estudios indagan sobre los principales problemas que preocupan a la sociedad aparecen reiteradamente cuestiones directamente relacionadas con el bolsillo y el trabajo.

“Las principales tienen que ver con el endeudamiento de las familias, con el desempleo o el miedo a perder el empleo, con la pérdida del poder adquisitivo, con la inflación. Eventualmente van cambiando de puestos dentro de estos indicadores, pero están siempre presentes”, sostuvo.
Zuban explicó además que el tercer año suele convertirse en un momento especialmente complejo para las administraciones nacionales. “El primer año es el año de la luna de miel de los presidentes, de los dirigentes. Todos, tanto los que lo votamos como los que no lo votamos, estamos con expectativas de que al nuevo presidente le vaya bien. Hay muchas expectativas”, indicó.
Luego aparece el segundo año, atravesado por las elecciones legislativas, mientras que el tercero representa, según su análisis, una instancia diferente. “El tercer año es un año bisagra siempre y en casi todas las administraciones porque la ciudadanía dice: ya votamos o te votamos en las generales, te votamos en las elecciones de medio término, ahora queremos empezar a ver resultados que impacten de manera positiva en la calidad de vida”, explicó.
En ese sentido, recordó que La Libertad Avanza consiguió un resultado favorable en las últimas elecciones legislativas. “En términos generales ganaron. Y esto es lo significativo: la gente seguía con expectativas positivas con respecto al rumbo de la economía”, expresó.

Sin embargo, desde entonces diferentes acontecimientos fueron sumándose a una tendencia que, según Zuban, ya estaba en marcha. Entre ellos mencionó el denominado “escándalo de Adorni”. “Si bien no significó un desplome en la consideración del Gobierno, como decía, era una tendencia que venía previa al escándalo de Adorni y que fue mostrando mes a mes de a dos, de a tres puntos. Durante el escándalo de Adorni, que fueron prácticamente tres meses, eso se profundizó un poco más”, aseguró.
También ubicó entre los episodios que afectaron la valoración oficial las movilizaciones relacionadas con la universidad pública. “El tema de cuando se producen las movilizaciones por la universidad pública también significó un deterioro en la imagen o en la consideración del Gobierno”, indicó.
Más recientemente, Zuban incorporó a su análisis la polémica generada durante el Mundial por las banderas vinculadas con la causa Malvinas. Explicó que los mundiales han sido largamente estudiados por la ciencia política para determinar su eventual incidencia sobre los gobiernos, aunque históricamente no se detectaron efectos electorales importantes derivados de los resultados deportivos.
“La verdad es que hasta ahora no se habían detectado ni podido medir influencias significativas. Ningún gobierno anterior se benefició por el resultado, ni positivo ni negativo, de un Mundial”, explicó.
No obstante, consideró que en este caso hubo una situación diferente por la decisión aceptada y consensuada del gobierno nacional con la FIFA con las banderas. “Esta prohibición primero de ingresar a la cancha con banderas que defiendan una causa política generó una reacción contraria a lo que estaban buscando, a lo que estaban esperando. Fue un error autoinfligido”, afirmó.
Según su lectura, la reacción pública terminó teniendo consecuencias políticas que fueron más allá del episodio original y expuso una dificultad creciente del oficialismo. “Todos estos hechos y todos estos análisis que venimos haciendo desde hace meses muestran que el Gobierno está empezando a perder capacidad de agenda, para lo cual fue muy exitoso al comienzo”, sostuvo.
Zuban también hizo una diferenciación entre la capacidad del Ejecutivo para conseguir respaldos políticos dentro del Congreso y el acompañamiento que eventualmente pueda recibir de la sociedad en una elección.
“La capacidad que tiene el Gobierno nacional de negociar apoyos en el Congreso no necesariamente se traduce después en el apoyo que la gente le pueda dar en una elección, en una reelección eventualmente”, manifestó.
La analista reconoció, de todos modos, que todavía queda un período considerable hasta las presidenciales de 2027 y que el escenario puede experimentar modificaciones importantes. “Las estrategias siempre están, la ingeniería electoral siempre está, y el escenario puede cambiar mucho de aquí al año que viene. Tengamos en cuenta que falta más de un año y medio para las elecciones y nos da como una especie de ansiedad electoral por definir cuáles van a ser los personajes que van a actuar en ese escenario”, explicó.
Dentro de esa proyección, consideró que uno de los errores que puede cometer el Gobierno es minimizar la capacidad de reacción social. “El Gobierno comete un error en subestimar el poder o la capacidad de la opinión pública. Quedó visto con lo de la bandera de Malvinas”, aseguró.
Al analizar específicamente el respaldo que conserva Milei, Zuban sostuvo que actualmente se encuentra en niveles similares a los que obtuvo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2023.
“El presidente tiene hoy una aprobación, es decir, una potencialidad electoral de entre 30 y 34 puntos. No sumó un voto más de lo que obtuvo en la primera vuelta de la elección a presidente”, expresó.
Para la especialista, el dato más significativo aparece al comparar ese porcentaje con el respaldo que Milei obtuvo posteriormente en el balotaje. “¿Qué quiere decir esto además? Que perdió lo que obtuvo en la segunda vuelta. Ese diferencial que lo acompañó en segunda vuelta hoy dice que no está dispuesto a volverlo a votar”, afirmó.
Esto no implica, aclaró, que el Presidente haya quedado fuera de competencia para 2027. Milei continúa conservando un núcleo electoral considerable y el resultado dependerá también de cómo se configure la oposición. “Tiene posibilidades todavía porque tiene un tercio del electorado, sí, por supuesto, y mucho depende de quién juegue enfrente. Pero no creo que pueda tener la tranquilidad de pensar que tiene la elección ganada”, sostuvo Zuban.
Otro aspecto abordado durante la entrevista fue la manera en que los ciudadanos toman sus decisiones electorales y el creciente peso de los componentes emocionales por encima de las propuestas concretas.
“Lamentablemente, en los últimos tiempos la política se ha tratado más de emociones que de razones. Nos han acostumbrado a pensar la política en términos de emociones más que de razones”, consideró.
En ese contexto, recordó el lugar que antiguamente ocupaban las plataformas electorales dentro de las campañas y planteó que actualmente ese instrumento perdió protagonismo. Al mismo tiempo, evaluó la posibilidad de que el Gobierno implemente alguna medida económica antes de las próximas elecciones, aunque señaló que hasta ahora Milei se mostró decidido a mantener el rumbo.
“Es muy probable que el Gobierno nacional articule alguna herramienta en términos económicos. No pareciera ser la intencionalidad del Presidente, que ha dicho explícitamente que no va a modificar un ápice de su plan económico”, señaló.
Zuban destacó, además, que mientras mantiene ese discurso, el Ejecutivo ha incrementado determinados mecanismos de asistencia. “Ha seguido incrementando la cantidad de planes sociales a través de la Asignación Universal por Hijo, ha incrementado los montos de esas ayudas para los sectores más vulnerables de la sociedad, lo cual no está mal a mi criterio, por supuesto”, expresó.
En ese punto observó una diferencia entre algunas expresiones públicas y determinadas decisiones concretas de gestión. “Me parece que hay un planteo de cara a la sociedad y después hay una actitud distinta en las políticas públicas”, agregó.
Ante la posibilidad de que las mediciones sean cuestionadas por simpatizantes del oficialismo, Zuban aseguró que la tendencia no surge exclusivamente de los trabajos realizados por su consultora, sino que existe coincidencia entre diferentes investigadores y estudios de opinión pública.
“Todos los colegas respetables, serios, que se dedican a la investigación de opinión pública, incluida la Universidad Di Tella, incluida la Universidad de San Andrés, coinciden con estos mismos datos. Es decir, hay prácticamente una uniformidad en este tipo de estudios”, manifestó.
“Quizás en épocas electorales podemos encontrar dos, tres, cinco puntos, pero las tendencias siempre se empiezan a mostrar de manera muy clara cuando podemos verificar que es una tendencia”, indicó.
Por eso, aclaró que una variación registrada durante un único mes no resulta suficiente para establecer conclusiones firmes. La situación cambia cuando el movimiento continúa durante varios relevamientos y aparece reflejado simultáneamente por diferentes estudios.
“Cuando la tendencia es muy marcada y vienen sosteniéndola, midiéndola todas las empresas que se dedican a la investigación de opinión pública, me parece que es un dato en el cual se puede confiar”, aseguró.
Para Zuban, más allá de cualquier cálculo relacionado con las elecciones de 2027, las mediciones deberían servir como una advertencia para que el Ejecutivo observe los problemas que aparecen reiteradamente entre las preocupaciones ciudadanas.
“Podría en todo caso servirle de red flag al Presidente para tomar las medidas que, sobre todo más allá de la cuestión electoral, presten atención a estas cuestiones tan significativas como son el endeudamiento de las familias, la pérdida del poder adquisitivo, la inflación que sigue impactando, sigue perjudicando en el mes a mes de la familia, y el tema del desempleo o el miedo a perder el empleo”, concluyó.
Finalmente, la analista planteó que todavía existe otro elemento que puede modificar las condiciones en las que se desarrollarán las próximas elecciones nacionales. “Hay que ver si prospera la intención de la reforma electoral, eliminación de las PASO, eliminación del financiamiento de los partidos políticos, etcétera. Y ahí tendremos también un panorama un poco más concreto sobre el cual se va a desarrollar ese tema”, cerró.



