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El vino es el producto argentino que llega a más países

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Cuando se habla del comercio exterior argentino, la conversación suele girar en torno a los mismos nombres: la soja, el maíz y la carne, entre otros. Son los complejos que mueven más dólares y los que, año tras año, encabezan los rankings de facturación. Pero hay otra manera de medir la inserción de un producto en el mundo, menos visible que el volumen exportado, y en ese terreno hay un protagonista inesperado.

Según datos del Indec correspondientes al primer semestre del año, el complejo uva fue el que llegó a mayor cantidad de destinos entre todos los sectores exportadores del país: 113 países. Ningún otro complejo, ni siquiera los más grandes en términos de facturación, alcanzó ese número.

El complejo maicero llegó a 105 destinos, el de carne y cuero bovinos a 103, el farmacéutico a 101 y el sojero, el más importante del país por valor exportado, a 97. En dinero, el complejo uva exportó 419 millones de dólares FOB en el semestre, una cifra sensiblemente menor a los 9.082 millones de la soja o los 4.241 millones del maíz, y equivalente a menos del uno por ciento de los 49.511 millones que sumó el total de las exportaciones argentinas en ese período.

El complejo uva, tal como lo define el Indec, no incluye únicamente al vino. Dentro de esa categoría también se contabilizan el mosto, las pasas de uva y otros derivados de ese cultivo. Sin embargo, en la práctica, el peso exportador del complejo está explicado casi en su totalidad por el vino. Es esa bebida, embotellada y con marca, la que recorre el mundo y la que explica por qué la vid argentina tiene una presencia geográfica que ningún otro producto del país logra igualar.

La pregunta que surge es por qué. Por qué un sector que exporta bastante menos dinero que la soja, el maíz o la carne consigue, en cambio, estar presente en más países que cualquiera de ellos.

Un producto que no es un commodity

Para Magdalena Pesce, CEO de Wines of Argentina, la explicación empieza por la naturaleza misma del producto. “Si bien el vino proviene de las economías regionales, es un producto que para comercializarse requiere una etiqueta, un nombre y una estrategia”, explica.

Detrás de esa estrategia, está el trabajo de las empresas, los referentes del vino y de distintas organizaciones, como la propia WofA. “Es un trabajo consistente a lo largo del tiempo para consolidar un producto que, además, tiene la ventaja de contar con valor agregado, ya que se vende embotellado y bajo una marca”, subrayó.

Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), coincide en el diagnóstico de fondo. “El vino llegó a una gran cantidad de mercados internacionales —incluso más que productos con enorme peso exportador como los granos o la carne— porque está en su propia naturaleza: no es un commodity”, sostiene.

La comparación que traza es con las bebidas industrializadas: “A diferencia del mundo de las bebidas industrializadas, como gaseosas o cervezas, que estandarizan sus productos para bajar costos, la gran ventaja del vino es la diferenciación. Eso le permite llegar a más países, con mayor cantidad de actores y diversidad de etiquetas”.

Esa diferenciación, según Villanueva, tiene una raíz histórica particular en la Argentina. “A diferencia de otros países vitivinícolas, Argentina cuenta con una enorme diversidad que nace de su historia de inmigración. Los inmigrantes no solo trajeron sus habilidades técnicas, sino también los estilos de sus regiones de origen, su arquitectura de bodegas y el hábito de consumo”, detalla. Esa diversidad, lejos de agotarse, sigue en expansión: “Esa búsqueda de diferenciación sigue creciendo: hoy ya son cerca de 20 las provincias que producen vino”.

Pesce agrega un segundo factor, además del producto en sí: la manera en que el sector se organizó puertas afuera. “La vitivinicultura, más allá de sus particularidades y del contexto actual, siempre mantuvo una mirada de unidad hacia el exterior”, señala. “En la mesa de WofA, por ejemplo, se sentaron todas las bodegas, independientemente de las organizaciones a las que pertenecieran o de sus diferencias, porque el objetivo era uno solo: exportar, construir una marca país y desarrollar la categoría. Ahí radica la gran diferencia: el vino no es un commodity”, insistió.

La marca país y un margen de crecimiento todavía amplio

Llegar a 113 países no solo es un dato de comercio exterior. Para ambos entrevistados, tiene un valor que excede lo económico. “Las ventajas de llegar a tantos países son muchas, principalmente porque nos convierte en embajadores de Argentina en los 113 destinos donde hoy se puede encontrar una etiqueta de vino de nuestras zonas productoras y marcas“, plantea Pesce. Y suma: “Eso es muy importante, ya que hemos ayudado a construir la imagen de nuestro país a través de un producto emblemático, trabajado siempre desde la calidad y con un posicionamiento claro”. La CEO de Wines of Argentina destaca en particular un atributo: “Se destaca ese overdelivery que ofrece Argentina en la relación precio-calidad, un atributo por el cual el país sigue siendo ampliamente reconocido”.

Villanueva describe ese mismo fenómeno con otra imagen. “La ventaja de tener presencia en más de un centenar de destinos es que el vino es un vehículo para la marca país y para nuestra variedad insignia, el Malbec”, afirma. Pero también aporta un dato que pone en perspectiva el potencial del sector: pese a esa presencia global, la Argentina todavía es un jugador chico en el comercio mundial del vino. “Hoy la participación de Argentina en el comercio mundial es baja —apenas roza entre el 2,5% y el 3%—, por lo que el margen para crecer es enorme, aunque dependa de la inserción geopolítica y de los acuerdos internacionales del país”, explica.

Más allá del comercio exterior, el gerente de UVA subraya el impacto del sector puertas adentro. “De todos los productos que exporta el país, es sin duda el que más valor agregado y rentabilidad distribuye a lo largo de su cadena, generando entre 300.000 y 400.000 empleos”, sostiene. Y agrega una lectura sobre el tipo de países que lideran ese mercado a nivel global: “No es casualidad que los principales exportadores de vino del mundo sean países desarrollados o con fuerte identidad cultural”.

Los mercados que pueden sumar en el futuro

Con 113 destinos ya conquistados, la pregunta lógica es hacia dónde puede seguir creciendo esa red. Pesce distingue entre oportunidades más exóticas y otras más cercanas y realistas. Entre las primeras menciona a Asia y a algunos países africanos: “Si pensamos en mercados atípicos, podemos imaginar destinos exóticos como ciertos países asiáticos que ya cuentan con un consumo consolidado, pero donde Argentina aún no ha tenido una gran presencia. Yendo a escenarios más exóticos, están algunos destinos en África donde se está descubriendo el vino y surge una clase media y media alta que demanda estos productos”, aunque aclara que ese potencial choca con obstáculos concretos: “si bien tienen potencial para el vino argentino, existen barreras como la distancia y el desconocimiento que no sé si hoy, como industria, estamos en condiciones de abordar”.

China e India aparecen en su análisis como mercados con historia pendiente. “Por otro lado está China, un mercado que, más allá de su declive actual en el consumo de vino, siempre se observa con potencial, especialmente porque Argentina nunca llegó a ingresar con fuerza ni a liderar allí, por lo que resulta interesante retomar la oportunidad. Ocurre algo similar con Indica”, dice Pesce.

Pero el mercado que más destaca, por cercanía y escala, es otro: “Al mirar opciones más realistas y cercanas, considero que hay mucho por hacer en la región, comenzando por Brasil: un mercado enorme que no debe entenderse como un solo país, sino como múltiples mercados dentro de uno mismo”.

Villanueva coincide en señalar a Brasil y a la región como el frente más inmediato de expansión. “Las estadísticas muestran un crecimiento relevante de Brasil y de Latinoamérica en general por cercanía cultural”, indica. Pero, al igual que Pesce, no descarta a Asia como una apuesta de mediano plazo.

De todas formas, para el gerente de UVA, el desafío de fondo no pasa por sumar volumen a cualquier precio, sino por sostener el rasgo que hizo posible llegar a 113 países. “En un escenario global donde algunos buscan la masificación para lograr escala, la fortaleza de Argentina radica en la diferenciación y en el valor cultural del vino, al mismo nivel que otros íconos nacionales como el tango o el fútbol”, concluye.

Fuente: El Sol – https://www.elsol.com.ar/mendoza/mas-internacional-que-la-soja-el-maiz-y-la-carne-el-vino-es-el-producto-argentino-que-llega-a-mas-paises/

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