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El palacio de Recoleta donde se alojará el papa León XIV

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La residencia fue encargada en 1907, pero sus propietarios originales nunca llegaron a habitarla. Una viuda y condesa pontificia la donó al Vaticano para convertirla en sede de la Nunciatura Apostólica.

El papa León XIV se alojará en el Palacio Fernández Anchorena, sede de la Nunciatura Apostólica en Buenos Aires, durante su visita oficial a la Argentina, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre. La histórica mansión de Recoleta será su lugar de descanso y también albergará reuniones privadas fuera de la agenda pública.

El Pontífice ocupará el mismo dormitorio en el que se hospedó Juan Pablo II durante sus visitas de 1982 y 1987, aunque posteriormente fue remodelado. Según se informó, pidió un espacio austero, sin lujos. Desde allí se trasladará a sus compromisos oficiales y recibirá a autoridades nacionales, representantes de distintos sectores y miembros de la Iglesia.

El edificio, ubicado en avenida Alvear 1637, cuenta con protección diplomática bajo la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Por ese motivo, las autoridades argentinas no pueden ingresar sin el consentimiento de la Nunciatura.

Una mansión que sus dueños nunca ocuparon

La historia del palacio comenzó en 1907, cuando Juan Antonio Fernández Torres y Rosa Irene de Anchorena Aguirre encargaron su construcción al arquitecto francés Édouard Le Monnier. La obra concluyó en 1909, inspirada en los palacios franceses del siglo XVIII, pero el matrimonio nunca llegó a instalarse allí.

Sus propietarios residían en París y, según los antecedentes históricos, un problema de salud de Fernández Torres habría impedido su regreso. La vivienda permaneció prácticamente vacía durante trece años, ocupada únicamente por el personal doméstico. El matrimonio tenía previsto inaugurarla en 1910, durante los festejos por el centenario de la Revolución de Mayo, pero ese proyecto no se concretó.

Tampoco sus hijos utilizaron la residencia cuando viajaban a Buenos Aires: preferían alojarse en el Hotel Plaza, frente a la Plaza San Martín.

La construcción tiene tres plantas y se destaca por su fachada con una logia curva y un volumen cilíndrico coronado por una cúpula revestida de pizarra. En su interior cuenta con un vestíbulo elíptico rodeado de columnas corintias, una escalera de honor, salones amplios, comedor principal, salón de baile y jardín de invierno. Los jardines posteriores descienden hasta la calle Posadas mediante una gran escalinata.

El primer ocupante de la mansión fue Marcelo Torcuato de Alvear, quien la alquiló en octubre de 1922 junto con su esposa, la soprano Regina Pacini, después de regresar de París, donde se había desempeñado como embajador argentino en Francia.

Alvear permaneció allí aproximadamente un año. Consideraba que la residencia era demasiado suntuosa y finalmente se mudó con Pacini a una vivienda en el barrio de Belgrano.

La mujer que decidió su destino desde el testamento

La historia del palacio cambió con la llegada de Adelia Harilaos de Olmos, viuda del comerciante y terrateniente Ambrosio Olmos. Fue ella quien compró la propiedad en 1942, después de haberla alquilado y conocido previamente por su amistad con Marcelo T. de Alvear.

Adelia había heredado una importante fortuna de su marido, quien había sido gobernador de Córdoba entre 1886 y 1888 y uno de los hombres más acaudalados de la Argentina. Se casaron en París en 1902 y, tras regresar al país, enviudó en 1906, cuando Ambrosio murió a los 66 años por un cáncer de estómago.

Ferviente católica, dedicó buena parte de su vida a las obras de caridad y al apoyo de instituciones religiosas. Entre sus aportes se contaron la construcción y el sostenimiento de numerosas iglesias, además de donaciones a distintas congregaciones y obras educativas.

En agosto de 1930, la Santa Sede la distinguió con el título de condesa pontificia. Su vínculo con la Iglesia quedó plasmado también en su testamento, firmado el 13 de noviembre de 1947, en el que dispuso que el palacio y sus bienes fueran donados al Vaticano para funcionar como sede de la Nunciatura Apostólica en la Argentina.

La disposición se cumplió después de su muerte. Desde abril de 1952, el inmueble funciona como representación diplomática de la Santa Sede y residencia del nuncio apostólico. En 2002 fue declarado Monumento Histórico Nacional y permanece entre las pocas mansiones de la antigua aristocracia porteña que se conservan sobre la avenida Alvear.

Restricciones de circulación durante la visita papal

La llegada de León XIV también tendrá consecuencias en la circulación de la zona. Está previsto que desde el mediodía del sábado 7 hasta la tarde del miércoles 11 de noviembre se apliquen cortes y restricciones vehiculares en las inmediaciones de la Nunciatura.

El perímetro alcanzado comprende las avenidas Alvear, Cerrito, del Libertador y Callao. El operativo incluirá controles policiales, reubicación de vehículos y contenedores, y modificaciones en los recorridos de algunas líneas de colectivos.

Los accesos peatonales estarán habilitados en las esquinas de Alvear y Callao, y de Alvear y Libertad. Los vecinos deberán acreditar su domicilio con el DNI actualizado o completar un formulario con carácter de declaración jurada. En tanto, quienes se alojen en hoteles podrán ingresar presentando la reserva, mientras que los trabajadores de comercios y establecimientos hoteleros deberán exhibir el documento de acceso obtenido mediante el formulario correspondiente.

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