La ministra de la Suprema Corte de Justicia, Teresa Day, explicó en Fm Vos que las principales dificultades están vinculadas con los perfiles de los niños y las preferencias de quienes desean adoptar. Un proyecto de ley busca habilitar una vía alternativa para casos en los que ya existen vínculos afectivos. En Mendoza, 264 niños cuentan con sentencia firme de adoptabilidad y todavía esperan encontrar una familia. La situación refleja una de las principales dificultades del sistema de adopción: mientras hay personas y parejas inscriptas para adoptar, muchos de los niños que necesitan un hogar no coinciden con los perfiles que estas familias están dispuestas a recibir.
La ministra de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, Teresa Day, abordó esta problemática en diálogo con Diario San Rafael y FM Vos (94.5), donde explicó los alcances de un proyecto impulsado por el Poder Ejecutivo provincial que busca ampliar las posibilidades de adopción para determinados casos. “Lo bueno es que lo hemos podido ir visibilizando y mostrando que esa es la realidad que tenemos”, señaló la magistrada, quien remarcó que las demoras no responden necesariamente a trabas legales, sino a las dificultades para encontrar familias adecuadas para los niños que esperan ser adoptados.
Según los datos que aportó, hay alrededor de 80 personas o parejas en condiciones de adoptar. Sin embargo, esos proyectos familiares generalmente no contemplan la adopción de niños mayores de 3 años, grupos de hermanos o niños con algún tipo de discapacidad. Day indicó que actualmente unas 11 personas o parejas estarían dispuestas a considerar otros perfiles, aunque no necesariamente los de los niños que esperan una familia. La situación se vuelve más compleja cuando se observa la composición de ese universo. De acuerdo con las cifras mencionadas por la jueza, alrededor de 90 niños tienen algún tipo de discapacidad y unos 110 pertenecen a grupos de hermanos. Hay aproximadamente 50 grupos, integrados por dos o más niños, lo que representa un desafío adicional para encontrar familias dispuestas a adoptarlos conjuntamente.
Day explicó que el proyecto de ley busca ofrecer una alternativa para situaciones específicas en las que un niño con sentencia firme de adoptabilidad ya ha construido un vínculo afectivo con una persona o pareja que participa en programas estatales de padrinazgo, acompañamiento o acogimiento familiar. La propuesta contempla que, si esas personas manifiestan el deseo de adoptar a un niño al que ya conocen, puedan ser evaluadas para determinar si reúnen las condiciones necesarias. La iniciativa no elimina los controles ni habilita una adopción directa, sino que plantea un procedimiento específico dentro de los mecanismos legales.
La magistrada aclaró que los programas estatales cuentan con instancias de evaluación y que las personas que participan de ellos no necesariamente tienen un proyecto adoptivo. Sin embargo, con el tiempo pueden establecer una relación cercana con un niño y desarrollar el deseo de incorporarlo a su familia. “Se abre una puerta para decir: ‘Mire, yo la verdad que este niño lo conozco hace tiempo, tiene 12 años, lo voy visitando, ya se ha hecho amigo de mis hijos y queremos adoptar’”, explicó.
En esos casos, la propuesta prevé que el organismo correspondiente solicite al Registro de Adopción la evaluación de la persona o pareja, para determinar su aptitud adoptiva respecto de ese niño en particular. La decisión final seguiría su curso judicial. Day también mencionó que existen numerosas personas que participan en programas de acompañamiento y padrinazgo. Según los datos que recordó de una exposición de autoridades del área de familia e infancia, habría alrededor de 270 personas en padrinazgo y otras 200 en acompañamiento.
La ministra insistió en que la iniciativa no implica que todos los participantes de esos programas vayan a adoptar, sino que busca contemplar las situaciones en las que el vínculo construido pueda convertirse en una posibilidad concreta de integración familiar.

Hermanos, edades y otras dificultades
Otro de los desafíos del sistema es encontrar familias dispuestas a adoptar grupos de hermanos. La ministra señaló que, si bien se procura mantenerlos juntos, no siempre resulta posible, especialmente cuando hay diferencias importantes de edad o cuando alguno de los niños presenta una discapacidad. En ese sentido, relató el caso de una mujer que estaba adoptando a un niño de 3 años y que, después de conocer a su hermana de 5, manifestó su deseo de adoptarla también. La mujer creía que no podría hacerlo porque no contaba con dos dormitorios.
Day le explicó que disponer de una habitación individual para cada niño no constituye un requisito excluyente. La historia tuvo un desenlace favorable y los dos hermanos hoy están juntos. La magistrada utilizó esa experiencia para mostrar cómo pueden surgir oportunidades a partir de los vínculos que se construyen durante los procesos de acompañamiento y adopción. “Siempre se prefiere que estén juntos, pero hay distintas circunstancias”, señaló. Explicó que, cuando se considera conveniente que los hermanos sean adoptados por familias diferentes, se busca que los nuevos padres asuman el compromiso de mantener la relación entre ellos.
También recordó que la diferencia de edades puede complicar la búsqueda de una familia para todos los integrantes de un grupo. En ocasiones, las evaluaciones permiten determinar que una adopción conjunta no es la mejor alternativa para cada niño, por lo que se procura encontrar otras soluciones que respeten sus necesidades.
El entorno familiar y el desarrollo de los niños
Durante la entrevista, Day también se refirió a la situación de los niños con discapacidad y a los cambios que pueden experimentar cuando pasan a vivir en un entorno familiar estable y afectuoso. La ministra contó que, a partir de su experiencia en la tarea judicial y del contacto con equipos especializados, conoció casos en los que niños que presentaban dificultades importantes mostraron avances después de ser adoptados.
“Hay casos, y los conozco, donde se van con una familia y la discapacidad disminuye de una manera sorprendente”, afirmó. Según explicó, el acompañamiento, la atención y la posibilidad de crecer en un ambiente familiar pueden influir positivamente en el desarrollo y el bienestar de los niños. Mencionó también experiencias de familias que adoptaron a chicos con problemas de salud o dificultades importantes y que luego observaron cambios significativos. La magistrada consideró que los vínculos previos que se generan a través de los programas de padrinazgo y acompañamiento pueden contribuir a que las personas conozcan mejor a los niños y comprendan sus necesidades.
En este contexto, destacó la importancia de buscar alternativas que permitan que más chicos encuentren una familia. “Estos proyectos de ley son puertas que se abren, que se pueden tomar esos caminos o no, pero que se facilita”, expresó. Finalmente, Day señaló que el trabajo del Registro de Adopción y de los tribunales apunta a encontrar soluciones para cada caso, teniendo en cuenta las particularidades de los niños y las posibilidades de las familias. El desafío, sostuvo, es ampliar las alternativas para que quienes llevan tiempo esperando puedan acceder a un entorno familiar que les brinde cuidado, estabilidad y afecto.


