Después de atravesar rutas, montañas y fronteras durante meses, una familia viajera volvió a Argentina tras recorrer seis países de Sudamérica a bordo de un Mercedes Benz 1114 modelo 1982 convertido en motorhome y eligió San Rafael como una de las paradas de su aventura.
Se trata de “Alas por el Mundo”, el proyecto de vida de Gera, Flor y sus tres hijos —Rufi, Marga e Iru— quienes decidieron dejar atrás la rutina tradicional para vivir viajando en “Atahualpa”, como bautizaron al histórico colectivo transformado en hogar rodante.

La travesía los llevó por diferentes puntos de Argentina y luego continuó por Paraguay, Brasil, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, descubriendo paisajes, culturas, gastronomías y nuevas formas de vida.
“Viajar en una casa rodante nos da la posibilidad de tener todos los días un patio diferente”, cuentan desde sus redes sociales, donde comparten el día a día de una experiencia marcada tanto por la aventura como por los desafíos constantes de la ruta.

El regreso al país tuvo un significado especial, ya que Mendoza era la única provincia argentina que todavía no conocían. El ingreso se dio cruzando la cordillera, recorriendo escenarios emblemáticos como Puente del Inca y atravesando extensos caminos de montaña antes de continuar hacia el Valle de Uco y finalmente llegar a San Rafael.
EN FAMILIA Y EN MOVIMIENTO
Sin embargo, como suele ocurrir en este tipo de viajes, el camino también presentó complicaciones. En pleno recorrido apareció un nuevo problema mecánico en una de las ruedas del vehículo, obligándolos otra vez a detenerse y reorganizar la travesía.
“En este viaje nunca se sabe qué puede pasar después”, relataron en uno de los capítulos audiovisuales donde muestran tanto la belleza de los paisajes como las dificultades que implica vivir en movimiento.

A pesar del cansancio, la incertidumbre y los imprevistos, aseguran que el motor principal sigue siendo el deseo de compartir tiempo en familia, conectar con la naturaleza y apostar por una vida más simple y auténtica.
“Atahualpa” se transformó así en mucho más que un vehículo. Para ellos es “un integrante más de la familia”, el símbolo de una decisión que cambió por completo su forma de vivir y entender el mundo.







