El presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME), Julián Moreno, lanzó una dura advertencia sobre la crítica situación que atraviesa el sector, especialmente aquellas pymes que dependen del mercado interno.
En un reportaje que brindó a Fm Vos 94.5 y Diario San Rafael señaló que, si bien existen consumos que se están disparando llamativamente, un análisis más profundo revela que se trata de un fenómeno heterogéneo impulsado por el dólar barato, lo que beneficia a la acumulación de capital y deteriora la industria nacional y el poder adquisitivo general.
Moreno explicó que indicadores como el aumento del consumo privado, las ventas de automóviles o las escrituras en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires están sesgados por la posibilidad de aprovechar un dólar bajo para viajes al exterior o la compra de bienes dolarizados. Sin embargo, esta ventaja tiene una contracara devastadora: el empobrecimiento del mercado interno. «A pesar de que los salarios en dólares puedan parecer altos, no alcanzan para comprar lo mismo, generando una caída en el consumo masivo. Este escenario coloca a las pymes que no fabrican productos de exportación en una situación de incertidumbre y deterioro. Están resistiendo al límite de sus posibilidades», aseguró el entrevistado.
El sector en estado de alerta ente el desarme industrial
Frente a la discusión sobre una posible devaluación, Moreno advirtió que las medidas económicas no pueden tomarse de forma aislada. «Devaluar sin control de precios y sin intervención estatal solo generaría un salto inflacionario que golpearía a las clases populares», dijo en FM Vos 94.5.
«El Estado tiene que intervenir no solo con devaluación, sino controlando a los formadores de precios y de insumos difundidos. El Estado debe estar presente», afirmó el titular APYME.
«El objetivo debe ser construir un modelo económico que no transfiera recursos de los sectores más vulnerables a los más acomodados, sino que fortalezca el mercado interno a través del poder adquisitivo de los trabajadores, que son los principales consumidores de las pymes», consideró.
Más adelante, lamentó el impacto directo en el empleo, especialmente en el sector industrial. Recordó que la construcción sufrió un cimbronazo gigante al inicio del actual gobierno nacional, con la anulación de la obra pública y la pérdida del 25% de los puestos de trabajo en el sector. «Hoy, la industria enfrenta una creciente falta de competitividad por el encarecimiento de los costos en dólares y la tentación de importar productos terminados», observó.
En ese mismo sentido, Moreno señaló una situación crítica para los eslabones intermedios de la cadena industrial, aquellos que proveen insumos a las fábricas. «Si una empresa que fabrica zapatillas puede importar el producto terminado, el proveedor de plantillas se queda sin mercado. Estamos desarmando una buena parte de la estructura económica argentina que genera empleo», afirmó, destacando que la industria emplea directamente a casi el 20% de los trabajadores formales, sin contar los servicios indirectos.
Al respecto, cuestionó con qué actividad se reemplazará este empleo. «Los sectores como la minería o el petróleo ocupan a muy poca fuerza de trabajo. Estamos ante un sistema sin salida y eso es muy preocupante», declaró.
Mayor competitividad por productividad y no por el recorte de los costos
En cuanto a las reformas laborales e impositivas propuestas por el gobierno, Moreno se mostró escéptico. Argumentó que la mejora de la competitividad debe venir de la mano del incremento de la productividad a través de la tecnología y la educación, y no del recorte de costos. «Los empleados públicos, docentes y municipales son clientes vitales para las pymes. Los servicios públicos se financian con impuestos. Una reducción impositiva que implique la pérdida de actividad y el deterioro de la sociedad no es un camino válido», planteó en medio de la entrevista.
Luego, expuso que el sistema de ciencia y técnica esté siendo desarmado (INTI, INTA, CONICET, etc.), cuando el ejemplo de países como China, que producen más de un millón de ingenieros al año, demuestra que la inversión en desarrollo y educación es la clave de la competitividad. Insistió en que la competitividad no se logra solo bajando impuestos, ya que la revaluación de la moneda, como ocurre actualmente, hace que los productos importados sean más baratos que la materia prima local, sin importar los tributos. También criticó que los insumos difundidos (acero, aluminio, polímeros) sean provistos por multinacionales que los venden más caros en el mercado interno que lo que exportan. «Todo esto evidencia claramente una intención de no desarrollar la industria nacional», aseveró.
Mendoza y el impacto
de un peso
sobrevaluado
Aunque no representa directamente a APYME Mendoza (cuya presidencia está a cargo de Rubén Palau), Moreno compartió su visión sobre la situación provincial. «Mendoza no escapa a la realidad nacional. La actividad productiva, incluido el sector vitivinícola, pierde competitividad debido a los costos en dólares elevados generados por un peso sobrevaluado», analizó.
«La moneda argentina se ha revaluado significativamente en los últimos meses, sin un sustento real en la productividad o descubrimientos de recursos, sino por una especulación basada en la obtención de dólares del FMI y bancos privados a través de deuda. Este beneficio temporal es aprovechado por el mundo financiero, mientras que el sector productivo, en todas las provincias, evoluciona hacia un deterioro constante», manifestó.
Moreno concluyó enfatizando sobre la necesidad de un cambio de modelo económico que genere beneficios para el mundo productivo y para la sociedad en su conjunto, y no solo para un pequeñísimo grupo de actores que juegan en el mundo financiero y que hoy se benefician de esta situación.







