Alejandro Fantino abrió las puertas de su casa en el exclusivo complejo Nordelta. Su residencia está ubicada en el sector de El Golf, y se destaca por ser una pieza arquitectónica singular que transporta a sus habitantes directamente a la campiña italiana.
En esta mansión convive con su pareja Coni Mosqueira y su hijo Beltrán. El propio conductor indica que tiene una propuesta estética inspirada en la Toscana, priorizando la nobleza de los materiales y la calidez de un hogar pensado para la posteridad.
Los rincones de bienestar y espiritualidad de la casa de Alejandro Fantino
Más allá de la imponente fachada, el interior de la vivienda revela la personalidad multifacética del periodista. Un elemento distintivo es su oficina personal, un santuario de lectura y trabajo donde predominan las estanterías colmadas de libros y un escritorio de madera robusta.

Para facilitar la concentración, ingresa abundante luz natural por los amplios ventanales que dan al jardín. Además, hay un espacio dedicado a la introspección, con un altar personal: un rincón de espiritualidad que convive con un microcine diseñado para disfrutar de producciones audiovisuales con la mayor fidelidad posible.
Este entorno se complementa con áreas destinadas al esparcimiento y el cuidado del cuerpo, como un gimnasio privado equipado con tecnología de vanguardia, donde la pareja realiza sus rutinas diarias sin necesidad de alejarse de su propiedad.
Una arquitectura con alma mediterránea
El diseño exterior de la propiedad es un tributo a la arquitectura “azzurra”. Los volúmenes contundentes, los techos de gran altura y el uso intensivo de la piedra y la madera otorgan a la mansión una impronta atemporal y elegante.
A diferencia de las construcciones modernas de líneas rectas y frías, esta vivienda busca la rugosidad y la textura de las villas europeas tradicionales. El jardín funciona como una extensión de este concepto, donde una piscina de diseño orgánico y formas curvas rompe con la monotonía de los rectángulos clásicos, integrándose de manera fluida con el paisaje circundante.

Un lugar destacado de la casa es la habitación del pequeño Beltrán, con una paleta de colores neutros: grises suaves y blancos que promueven la serenidad. Los detalles lúdicos, como las nubes pintadas en las paredes, suavizan la rigidez de la estructura principal, logrando un equilibrio perfecto entre la majestuosidad de una villa toscana y la calidez necesaria para la crianza familiar en el siglo XXI.
Fuente: La 100







