El brote de ébola que golpea a África Central desde hace meses entró en una fase de aceleración. La República Democrática del Congo (RDC) concentra la mayor parte de los contagios —más de 6 mil casos reportados y más de 2.900 fallecidos— y la enfermedad cruzó la frontera hacia Uganda, donde se registraron 20 casos confirmados y al menos dos muertes.
El responsable del brote es el virus Bundibugyo y la preocupación internacional escaló al punto de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia de salud pública de importancia internacional.
“En las últimas semanas se ha extendido en forma más rápida en cuanto al número de casos diarios que se confirman”, explicó a Radio Mitre el médico infectólogo Pablo Bonvehí (M.N. 62.648), jefe de Infectología del CEMIC y miembro del Departamento Científico de la Fundación Vacunar. No es un dato menor, teniendo en cuenta que la letalidad del brote ronda actualmente el 47%, según los últimos datos de la OMS.

Bundibugyo, el virus sin vacuna ni tratamiento específico
Los especialistas coinciden en que el dato central que distingue a esta emergencia de las anteriores es que no hay una vacuna ni un tratamiento específico aprobados para esta variante.
“Lo primero que hay que resaltar es que está producido por el virus Bundibugyo, una especie de Ebolavirus para la que no existe actualmente una vacuna licenciada ni un tratamiento específico y tiene una mortalidad del 48%: la mitad de los infectados mueren”, resumió Guillermo Docena, bioquímico, inmunólogo, investigador del CONICET y actual profesor en la Universidad de Medicina de Viena.
La vacuna contra la variante Zaire no está aprobada específicamente contra Bundibugyo. Bonvehí advirtió: “No se ha demostrado por el momento que genere protección cruzada contra el virus Bundibugyo”.

Por eso el organismo recomienda que, si uno se vacuna, sea “en el contexto de estudios que permitan demostrar la eficacia o la efectividad frente a este virus”. También hay en desarrollo plataformas de vector viral —similares a la vacuna de Oxford contra el COVID-19— y de ARN mensajero.
Elena Obieta, infectóloga(M.N. 76.451), directora de Epidemiología de la municipalidad de San Isidro y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, aportó a este medio otro dato: la OMS nombró un nuevo comisionado para evaluar la aplicación de la vacuna contra la cepa Zaire en este brote, en busca de esa protección cruzada, dado que el producto “no parece presentar mayores problemas de seguridad”. Según la infectóloga, la mortalidad actual se ubica entre el 55% y el 60%, muy por encima del 30% aproximado que registraban los brotes previos de la cepa Zaire.
En el terreno, los ensayos ya comenzaron. “Se hizo una experimentación con un tipo de vacuna modificada de las anteriores y se le colocó a todo el personal sanitario que está trabajando en el tema; veremos en los próximos días si dio o no resultado”, contó Hugo Pizzi, infectólogo (M.N. 54.101), director del Centro de Enfermedades Tropicales de la Universidad Nacional de Córdoba y uno de los especialistas argentinos que más estudió al ébola.

Es que, según explicó Pizzi a Radio Mitre, mucha gente se salvó de morir por ébola gracias a un protocolo argentino de fiebre hemorrágica (o mal de los rastrojos), que consiste en sacarle plasma a una persona recuperada de la enfermedad para aplicárselo al enfermo grave o moribundo en las primeras etapas.
Cómo se transmite y por qué se expande
Los expertos consultados subrayaron un punto clave: el ébola no se transmite por vía aérea. “Este es un virus que se transmite por contacto directo”, remarcó Bonvehí. El salto inicial al humano se produce por contacto con secreciones de animales infectados —primates no humanos, murciélagos, puercoespines— y, a partir de allí, de persona a persona, siempre por contacto directo con fluidos y recién desde el inicio de los síntomas.

El período de incubación va de 2 a 21 días. Los primeros síntomas son de aparición súbita: decaimiento, fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza y de garganta. Luego pueden aparecer vómitos, diarrea, dolor abdominal, insuficiencia renal y hepática y, en algunos casos, manifestaciones hemorrágicas. “Nada de esto es distintivo de muchas otras enfermedades, sobre todo al comienzo”, advirtió Bonvehí: la clave es el antecedente de viaje a la región en los 21 días previos.
El contexto local de África Central, en tanto, juega en contra. Los conflictos armados en la zona generan desconfianza hacia los trabajadores de salud y dificultan los controles, mientras que la alta movilidad laboral facilita la circulación del virus.
A eso se suman las prácticas funerarias de alto riesgo: los velorios a cielo abierto, donde los deudos despiden y besan al difunto, mantienen la cadena de contagio porque el cadáver sigue eliminando secreciones infectantes.
Aunque Hugo Pizzi hizo una salvedad en este punto: “Ya han aprendido a cómo enterrar: hay que poner los cadáveres en bolsas, no hacer ningún tipo de sepelio previo en las casas ni tocar el cadáver”.

¿El brote de ébola puede convertirse en pandemia?
Guillermo Docena se mostró escéptico respecto de que el brote pueda transformarse en una pandemia. A su juicio, la elevada letalidad del virus dificulta una expansión sostenida a escala mundial, aunque el riesgo de propagación regional sigue siendo una preocupación para las autoridades sanitarias.
El inmunólogo dejó, además, una reflexión sobre las causas de fondo: “Esto es lo que pasa cuando se desmantelan los programas de ayuda para la vigilancia y prevención de enfermedades. La naturaleza sigue operando, el virus se sigue transmitiendo y aparecen variantes como esta, que tiene una mayor transmisión y mortalidad”.
Obieta fue en la misma línea al describir el colapso del sostén internacional a los países africanos afectados: trabajadores de la salud que mueren, redes sanitarias básicas desarmadas y conflictos armados superpuestos. Y agregó una observación incómoda: la enfermedad “toma relevancia mediática y política sólo cuando afecta a países desarrollados o cuando existe temor de que nos afecte directamente”.

El riesgo para la Argentina: bajo, pero no cero
¿Puede llegar el virus a nuestro país? Los especialistas coinciden en que las probabilidades son remotas, aunque no descartan un caso importado. “Aquí lo que uno podría esperar es un caso importado, no la llegada del virus en sí”, explicó Bonvehí. La señal de alerta es concreta: una persona que presente síntomas compatibles dentro de las tres semanas de haber estado en la región debe contactar de inmediato al sistema de salud, que a su vez tiene que interrogar sobre antecedentes de viaje y contar con elementos de protección personal para el aislamiento.
“Las posibilidades de que llegue a la Argentina son remotas, casi nulas”, coincidió Pizzi. “Ya hay una alarma internacional y en los aeropuertos se aísla a las personas que vienen con fiebre, fundamentalmente en viajes desde África. Además, todos los brotes de ébola de décadas pasadas nunca llegaron a la Argentina”.
Sobre la posibilidad de restringir el ingreso de viajeros provenientes de África Central, la respuesta fue unánime: no es el camino. La OMS no lo considera un método válido “porque puede generar que se oculten itinerarios”, explicó Bonvehí, quien recordó que la Argentina no recibe vuelos directos de esa región.

Por su parte, Obieta prefirió hablar de educar y alertar antes que prohibir: la estrategia pasa por capacitar al personal de fronteras, identificar el origen real del pasajero mediante cuestionarios breves en distintos idiomas y, ante un caso sospechoso, aislar y estudiar.
Los protocolos sanitarios en Argentina
En el mientras tanto, la vigilancia en Argentina es constante: desde puertos, de carga y descarga, aeropuertos, terminales, fronteras. Se trata de un trabajo mancomunado entre Migraciones (Ministerio de Seguridad) y Sanidad de Fronteras (Ministerio de Salud).
Los planes de contingencia argentinos se concentran en los puntos de entrada: los puertos de Rosario, Campana y Buenos Aires, y el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, con el Hospital de Ezeiza como primera línea de atención. En CABA, en tanto, se designó al Hospital Muñiz como hospital de referencia para la internación y cuidado de los casos sospechosos.
En la Ciudad se cuenta con una ambulancia y una camilla especial del SAME para el traslado de posibles pacientes. El plan de contingencia establece seguir de cerca y aislar a quien estuvo de visita o en tránsito en países con casos de esta enfermedad (principalmente de África: Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria), durante los últimos 21 días y presente síntomas compatibles con el ébola.

El protocolo a nivel nacional ya tuvo una prueba exitosa: en junio se aplicó a una turista argentina proveniente de Uganda con síntomas compatibles, en la que finalmente se descartaron ébola y malaria. Según los registros oficiales, nunca hubo un caso de ébola confirmado en el país. Bonvehí recordó, además, que los alertas emitidos por el Ministerio de Salud en 2014 “pueden ser perfectamente aplicables o adaptables a esta situación”.
Obieta añadió que el sistema de salud sigue recibiendo las alertas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La infraestructura, concluyó, existe; lo que se necesita es “reforzar fuertemente las alertas sanitarias y la capacitación en el primer nivel de atención”.
Fuente: Radio Mitre.


