El cóndor andino, una de las aves voladoras más grandes del mundo y símbolo de Los Andes, sigue siendo objeto de rigurosos estudios de conservación. En la provincia de Mendoza, Argentina, se ha completado el decimosexto censo simultáneo, realizado en conjunto por diversas instituciones nacionales y provinciales. Este tipo de relevamiento no solo es fundamental para conocer el estado de la población de esta especie vulnerable, sino también para tomar decisiones en materia de conservación que afectan a su supervivencia en Sudamérica.
Luis Jacome, presidente de la Fundación Bioandina Argentina, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 los alcances de esta iniciativa. “Estamos completando un cuarto año de esfuerzo de conservación para poder monitorear lo que está pasando con los cóndores, y es un ejemplo para el resto del país lo que se está haciendo aquí en la provincia”, aseguró. Según Jacome, Mendoza ha sido pionera en la implementación de estos censos, que se realizan de manera estacional en áreas naturales protegidas y otras zonas de interés para la conservación del cóndor.
El censo número 16, que concluyó el 12 de agosto, involucró a más de 30 censistas desplegados en 11 puestos de observación distribuidos estratégicamente a lo largo de la provincia. “Lo interesante de este tipo de censo es que tratamos de cubrir la mayor cantidad de puestos de observación posible para evitar contar más de una vez a los mismos ejemplares. Los cóndores pueden volar a velocidades superiores a los 200 kilómetros por hora y a alturas que alcanzan los 9.000 metros, lo que complica el registro. Por eso los puestos se separan a distancias mayores de 10 kilómetros”, detalló Jacome.
El sistema es complejo pero efectivo. Desde el amanecer hasta pasado el mediodía, los censistas observan cada media hora durante cinco minutos y contabilizan los cóndores avistados en sus sectores. “En el censo número 15 contamos 51 cóndores de manera simultánea, y en el último, fueron 21. Es como una especie de foto que tomamos de la población para entender las fluctuaciones estacionales”, agregó el experto.
Los resultados permiten identificar patrones de comportamiento estacional en la población de cóndores. El invierno ha mostrado ser una estación con poca variabilidad, con un promedio de 32 cóndores observados en simultáneo. En contraste, el otoño ha registrado los números más bajos, con un promedio de 19 cóndores. La primavera, por otro lado, ha alcanzado picos de hasta 69 cóndores, aunque con una variabilidad significativa.
“Es apasionante cuando empezamos a ver estos resultados. En la primavera observamos mayor actividad, y esto tiene que ver, en parte, con la época reproductiva. Los progenitores buscan comida para sus crías, lo que incrementa la cantidad de avistamientos”, explicó Jacome. Este aumento en la actividad de los cóndores durante la primavera ha sido confirmado en sucesivos censos. Un ejemplo de ello ocurrió en el censo número 13, cuando los censistas detectaron una pareja con un pichón en el Parque Provincial Tupungato. “En el último censo, el pichón ya había salido del nido, lo que es una señal alentadora de que las áreas protegidas están cumpliendo su función”, subrayó.
Los censos simultáneos no solo se limitan a Mendoza. Jacome adelantó que ya se han realizado relevamientos similares en la provincia de Jujuy, y que se están organizando censos en Neuquén en colaboración con las autoridades locales. “Toda esta información nos permite validar mapas de aptitud ecológica para la especie. Es una contribución clave para la conservación del cóndor a nivel nacional”, afirmó. Este esfuerzo nacional e internacional es vital, ya que los cóndores no respetan fronteras y tienen la capacidad de recorrer cientos de kilómetros al día, desplazándose incluso entre Argentina y Chile.
En cuanto a las conclusiones sobre la evolución de la población de cóndores, Jacome señaló que los análisis de los últimos censos todavía están en proceso. “El análisis estadístico lleva tiempo, pero ya hemos avanzado en la aplicación de tecnología digital para mejorar la velocidad de recolección de datos. En este último censo utilizamos una app desarrollada específicamente para que los censistas puedan cargar los datos desde el campo. Esto nos permitirá agilizar el análisis en el futuro”, explicó.
Sin embargo, los datos obtenidos hasta ahora ofrecen una primera idea sobre el estado de la población. Explicó que las fluctuaciones estacionales observadas son consistentes con lo que se esperaba. “Sabemos qué esperar en cada estación. Si vemos un número bajo de cóndores en otoño, no nos alarmamos porque es lo normal para esa época. Pero si en primavera, cuando esperamos ver más de 50 ejemplares, encontramos menos de 10, entonces sí se prenden las alarmas”, advirtió.
El monitoreo constante de esta especie resulta crucial debido a su vulnerabilidad a nivel global. Jacome recordó que el cóndor se extinguió en Venezuela en 1965, y que si desaparece de Argentina y Chile, el impacto sería devastador para toda Sudamérica. “Argentina y Chile tienen la mayor población de cóndores, y eso nos impone una responsabilidad enorme. Lo que ocurra aquí será determinante para la supervivencia de la especie en todo el continente”, enfatizó.
A pesar de los desafíos, el esfuerzo conjunto de las instituciones y la pasión de los censistas sigue impulsando el monitoreo de esta especie emblemática. “El trabajo de los censistas es admirable. Ponen su vida y su pasión en este esfuerzo, y los resultados que estamos obteniendo son la prueba de que el trabajo duro está dando frutos”, concluyó Jacome.







