La industria metalúrgica argentina atraviesa un escenario crítico caracterizado por un repliegue productivo cuatro veces superior al promedio industrial general, una utilización de la capacidad instalada que no alcanza el 50% y la pérdida de más de 15.000 puestos de trabajo directos en el último año. Un informe técnico elaborado por la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica Argentina (CAMIMA) confirmó que en los primeros siete meses del año la actividad cayó casi un 11%, registrando un descenso interanual acumulado del 16% y contabilizando cerca de mil establecimientos menos respecto a fines de 2023. Al ser una actividad transversal que provee insumos y maquinaria a sectores estratégicos como el petróleo, la minería, el campo y la vitivinicultura, el freno fabril golpea en cadena la generación de empleo indirecto.
En diálogo con FM Vos (94.5), José Luis Ammaturo, presidente de CAMIMA, analizó el impacto del sesgo de costos impositivos y logísticos, comparó la protección industrial de potencias globales y advirtió sobre el desfasaje estructural que existe entre los ciclos electorales de cuatro años y los plazos de maduración que requiere la inversión industrial pesada.
Desplome de la actividad, pérdida de establecimientos y capacidad instalada a media máquina
Al inicio del reportaje, el titular de CAMIMA convalidó los indicadores oficiales elaborados por el INDEC y los relevamientos del sector, remarcando la gravedad de tener parques industriales operando a la mitad de su potencial en un país con necesidades de infraestructura pendientes. «Los números que indican los relevamientos coinciden plenamente con los datos oficiales del INDEC y los informes elaborados por entidades del sector. Muestran con precisión la dura realidad que atravesamos; en el último año la caída interanual de la actividad metalúrgica alcanzó el 16%. Esta contracción se traduce de forma directa en menos puestos de trabajo y una reducción drástica en la cantidad de establecimientos en actividad», afirmó.
«Nuestras fábricas están operando a media máquina, con una capacidad instalada que no llega al 50%. Genera un profundo malestar ver esta parálisis cuando la Argentina es un país que tiene prácticamente todo por hacer en materia de infraestructura e inversión», declaró.

Carácter transversal del sector, distorsión de costos y esfuerzo exportador
Por otra parte, Ammaturo hizo hincapié en la condición transversal del rubro metalúrgico, explicando que la tracción de sectores dinamizadores como la minería o el petróleo no alcanza para compensar el freno general del mercado interno y la falta de competitividad externa. «La metalúrgica es una industria fuertemente transversal que le presta servicios e insumos a prácticamente la totalidad de la matriz productiva nacional. Estamos presentes en la minería, el petróleo, la energía, la agroindustria, la industria vitivinícola, los frigoríficos y la mayoría de las actividades fabriles del país. Aunque hay sectores que hoy se destacan y están traccionando, la magnitud del freno general nos termina afectando a todos», aseveró.
«Nuestra estructura de costos padece la acumulación de problemas históricos en el frente fiscal, impositivo, logístico y laboral. Todo ese conjunto de distorsiones hace que seamos muy poco competitivos en el exterior. Aun así, en este periodo la promoción exportadora del sector creció un 1 %, lo que demuestra que el empresario metalúrgico busca activamente nuevos mercados para intentar seguir avanzando y sostener el trabajo», destacó.
Defensa de la industria nacional, efecto multiplicador y radicación de inversiones
Más adelante, el dirigente pyme contrapuso la estrategia de protección industrial que aplican las principales potencias globales frente a la realidad local, enfatizando el fuerte multiplicador de empleo que genera la manufactura. «La defensa de la industria nacional no es un tema ideológico. Basta con observar qué ocurre en el mundo: países con modelos ideológicos antagónicos, como China y Estados Unidos, coinciden en proteger y potenciar fuertemente a sus propias industrias porque comprenden que allí radica el verdadero desarrollo económico», enfatizó.
«En la Argentina, la industria genera entre 1.000.000 y 1.200.000 empleos directos. Sin embargo, lo determinante es su efecto multiplicador: está demostrado que cada puesto de trabajo en una fábrica crea entre cuatro y cinco empleos adicionales en el comercio, el sector financiero y los servicios generales, movilizando la economía en su conjunto», recalcó.
«Cualquier empresa extranjera o local que desee radicarse en el país debe encontrar un ambiente propicio. La Argentina resulta atractiva para el capital internacional porque posee los recursos que el mundo demanda con urgencia: minerales, energía y alimentos. Pero para transformar ese potencial en radicación efectiva de fábricas e industrialización local, se deben garantizar condiciones macroeconómicas serias y continuas en el tiempo», manifestó.
La brecha entre los plazos políticos y los tiempos industriales
Finalmente, el representante de CAMIMA instó a la clase política a construir acuerdos de largo plazo de cara a los próximos turnos electorales, que otorguen estabilidad jurídica más allá de los recambios gubernamentales. «Existe una desconexión entre los tiempos de la política y los tiempos de la industria. Un mandato presidencial dura cuatro años, mientras que la instalación de una planta industrial requiere procesos de entre cinco y diez años, abarcando desde los estudios de factibilidad técnica hasta el montaje final y la puesta en marcha», comparó y explicó de forma clara.
«Ningún inversor va a arriesgar su capital en un lugar donde de un día para otro le cambian las reglas de juego. Ese ha sido y sigue siendo uno de los grandes escollos de la Argentina. De cara a los próximos años electorales, y más allá de los debates partidarios, toda la dirigencia política debe acordar planes industriales con horizontes a 5, 10 y 15 años. La incertidumbre constante paraliza las decisiones; necesitamos un rumbo claro sea quien fuere el que gobierne», expresó al cierre de la entrevista.


