La industria vitivinícola atraviesa una profunda crisis que afecta tanto a productores como a bodegas. Con ventas en descenso, precios que no cubren los costos básicos y la competencia creciente de otras bebidas, el panorama para el vino argentino se vuelve cada vez más incierto.
A nivel nacional, solo el 20% del vino producido se exporta, mientras que el 80% se consume internamente.
Sin embargo, la caída en el consumo local, que según informes oscila entre el 3% y el 19%, está dejando toneladas de varietales como Malbec y Cabernet almacenadas en depósitos.
Este excedente, sumado a la baja demanda, repercute directamente sobre los productores, a quienes cada vez menos se les compra uva.
UVA CHILENA
La situación se agravó durante la temporada pasada, cuando las heladas provocaron una importante pérdida de producción. En respuesta, se permitió el ingreso de uvas desde Chile, cuya legislación es más permisiva en cuanto a los niveles de alcohol y azúcar en los vinos. Esta decisión generó polémica en el sector.
“Se están trayendo uvas con legislación chilena que permite niveles más altos de alcohol y azúcar”, señaló Marcelo Serrano, presidente de la Sociedad Rural.
La situación económica es tan crítica que hoy se necesitan cuatro litros de vino para comprar uno de gasoil, ilustró Serrano, haciendo hincapié en la falta de rentabilidad. “Si no tenés productores, no tenés uvas, y sin uvas no hay vino”, insistió.
A esto se suma el efecto de la inflación y la devaluación. “En noviembre, tras la devaluación del nuevo gobierno, el precio del vino en góndola subió entre un 30 y 40%, pero ese aumento nunca llegó al productor. Subió tanto que el consumo bajó”, concluyó Serrano.
El sector reclama mayor visibilidad, apoyo estatal y campañas que promuevan el consumo interno del vino argentino, con el objetivo de frenar una crisis que podría afectar de forma estructural a una de las principales actividades productivas de Mendoza y el país.







