Con la devastación ensañándose con el surdeste turco tras el devastador doblete sísmico, convertido ya en uno de los más letales en más de una década al sumar más de 12 mil muertos, unos 9.400 en el país euroasiático, los llantos de dolor de los afectados fueron apagánse para dar paso a gritos de desesperación de quienes siguen esperando una ayuda oficial que tarda en arribar, al punto que a la zona de desastre llegó antes que el grueso de esa asistencia el presidente Recep Erdogan, quien reconoció deficiencias en la respuesta a la tragedia pero (siempre hay un pero) alegó que el clima invernal dificultó las operaciones y en la misma línea añadió: «No es posible prepararse para semejante catástrofe».
Tras ese atisbo de mea culpa, pasó al contraataque prometiendo que no desatenderán a ningún compatriota y que nadie «se quedará en la calle», además de atribuir las lluvias de críticas que está recibiendo a «gente deshonrosa que difunde mentiras y calumnias».
Por eso, para lidiar con lo que denominó campaña de «fake news» restringió el acceso a Twitter a pesar de que la red social es utilizada para alertar a los rescatistas sobre «posibles señales de vida bajo los escombros».
Gran cantidad de damnificados se vieron obligados, en distintos poblados remecidos, a dormir en autos e incluso a la intemperie ante la falta de tiendas de campaña, indispensables para protegerse de las gélidas temperaturas y las lluvias que están castigando la región.
«No morimos ni por el terremoto ni de hambre, pero moriremos congelados», reprochó un sobreviente que perdió su hogar. De hecho, un rescatista admitió que en la ciudad de Malatya, «algunas de las víctimas perecieron de frío pues anoche hizo -6 grados».
«Ya no queda ninguna esperanza aquí de que alguen salga vivo de entre los escombros», agregó con tono pesimista parado frente a un hotel que acabó reducido a ruinas debajo de las cuales habría más de un centenar de atrapados.
En el lugar no hubo rescatistas suficientes y el mal tiempo terminó complicando todo aún más. «Nuestras manos no pueden excavar nada porque se encuentran entumecidas. Se necesitan excavadoras», completó la sombría descripción a la que hay que agregarle una lúgubre imagen: cadáveres apilados sobre el piso, apenas cubiertos con mantas, a la espera de que vehículos funerarios vengan a recogerlos en algún momento.
INCOMODA RECORRIDA
Erdogan, quien enfrenta una complea reelección en mayo próximo, recorrió la «ciudad de tiendas de campaña» de Kahramanmaras y luego se desplazó a la provincia de Hatay, una de las más castigadas, con más de 3.300 fallecidos, barrios enteros borrados del mapa, el aeropuertos inoperable el puerto mediterráneo de Iskenderun, en llamas desde que la tierra tembló.
Los especialistas locales explican este alto efecto destructivo en que bajo suelo se halla la misma falla geológica que viene desde el epicentro hacia el sur.
ABANDONADOS A SU SUERTE (ESQUIVA)
Las autoridades responsables del paso fronterizo de Bab al Hawa, que une la provincia siria de Idlib con Turquía y la única vía de entrada de suministros a las áreas opositoras del noroeste, aseguraron que no ha arribado ayuda humanitaria, «ni un mísero camión de la ONU ni de ninguna otra organización».
Sí ha sido incesante el traslado de más de un centenar de cuerpos de sirios desplazados por la larga guerra que sufrió el país y fallecieron del otro lado de la frontera.
RESCATES
Con la esperanza, cada vez menor, de encontrar sobrevivientes en las montañas de bloques de cemento y hierros retorcidos en que se transformaron los miles de edificios que colapsaron, agotados rescatistas de casi una treintena de países trabajan apremiados por el reloj.
Tal colosal esfuerzo se vio coronado por un puñado de historias con final feliz:
- Una brigada de especialistas polacos extrajo con vida a 9 personas, incluidos padres con hijos y una niña de 13 años en la ciudad de Besni.
- Una mujer de 50 años de edad fue rescatada en el municipio de Esparta de entre los restos del edificio de 5 pisos donde vivía. Lo propio ocurrió con un hombre de 69 años en la región de Adiyaman.
- Casi dos días después del movimiento telúrico de 7,8 grados, los rescatistas salvaron a un chico de 9 años retirando ciudadosamente los escombros que lo cubrían para no provocar otro derrumbe. El padre del pequeño, Ertugrul Kisi, quien había sido rescatado poco antes, sollozaba mientras liberaban su hijo y era subido a una ambulancia. «Por ahora, el nombre de la esperanza en Kahramanmaras es Arif Kaan», le puso emoción a la escena un reportero de la televisión turca que crubría el dramático operativos.
- Unas horas más tarde, la vida volvió a darle otra oportunidad a Betul Edis, de 10 años, que emergió de los restos de lo que era su hogar en Adiyaman. Entre los aplausos de los espectadores, su abuelo le dio un beso y le habló en voz maja mientras era llevada a una ambulancia.
Pero estas historias eran cada vez más escasas
PEDIDO DE ORACIONES VATICANO
Durante su audiencia general semanal, el papa Francisco pidió oraciones y muestras de solidaridad tras el «devastador» sismo.
SIN BOLSA
La Bolsa de Valores de Estambul (BIST) permanecerá cerrada hasta el 14 de febrero inclusive debido a que «la consternación» causada por la catástrofe «no permite una formación de precios saludable en los mercados».







