La horticultura de Mendoza es la segunda más importante de Argentina y la tercera actividad agrícola de la provincia después de la vid y sus frutales.
Una de los principales cultivos es el ajo, que nuclea más de 13.800 hectáreas implantadas a lo largo y ancho de la geografía provincial.
Dentro de un escenario poco alentador para el agro en los últimos años, el ajo ha sido una variedad en crecimiento. Durante 2023 se sumaron más de 540 hectáreas de este cultivo en los campos mendocinos.
El epicentro de la producción se da en Valle de Uco, donde se nuclea más del 50% del total de las plantaciones, con unas 7.769 hectáreas. Hay 3.900 en San Carlos, 2.007 en Tunuyán y 1.860 en Tupungato.

Otras zonas relevantes son San Martín con 1.295, Maipú con 1.175 y Lavalle con 1.136 hectáreas cada uno.
La situación en el sur también es significativa. La mayor producción se da en Malargue que suma 629 hectáreas, mientras que San Rafael tiene 329. Entre ambos suman un 7% de la producción mendocina.
Los especialistas aseguran que hay tiempo y capacidad para crecer. En este marco, en el INTA Rama Caída se llevó a cabo una importante capacitación sobre el manejo de este cultivo.

“Especialistas del INTA La Consulta llegaron para abordar distintas temáticas. Se hizo hincapié en la depuración genética sanitaria (roguing), que consiste en eliminar plantas anormales (por causas fisiológicas, genéticas o sanitarias) para lograr semillas de calidad”.
También disertaron sobre el control de malezas, plagas y enfermedades que se pueden presentar a lo largo del cultivo.
“En campo, identificamos plantas con anomalías y se implementó el roguing en unos surcos de la parcela demostrativa”, explicaron sobre el trabajo práctico realizado en el predio.







