La semana pasada se llevó a cabo en Luján de Cuyo una charla titulada “El desafío del abastecimiento de uva”, organizada por Bodegas de Argentina, en la que se trató la difícil situación que atraviesa el sector por la mala cosecha. Uno de los disertantes fue el director del Centro de Estudios Económicos de Bodegas de Argentina (CEEBA), Javier Merino, quien dialogó al respecto con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael.
Merino brindó un resumen que refleja un panorama sobre la difícil situación que atraviesa el sector, ya que la cosecha de uvas de 2023 fue la más baja en décadas. Según expuso el especialista, tal resultado estuvo directamente relacionado a eventos climáticos excepcionales, equivalentes a los que se observan en distintas regiones del planeta -competidoras en el mercado global de vinos- lo que otorga una cuota de incertidumbre hacia el futuro por la repetición de su ocurrencia. “A la vitivinicultura argentina, en este momento, el desabastecimiento de uva le ha caído como una tormenta perfecta, porque a la mala situación que está pasando el sector en materia de exportaciones (que han caído muchísimo este año), y a la caída del consumo interno, se le sumó la mala cosecha de esta temporada, que fue la peor en 30 o 40 años en términos de producción. Toda esta combinación de factores, ha hecho que la vitivinicultura este año la esté pasando verdaderamente complicado, y la pregunta central que nos hacemos nosotros, es ‘¿esta situación que está pasando la coyuntura actual vitivinícola, es coyuntura o es estructura, es de corto plazo o es un problema que se puede prolongar en los próximos años?’ Ahí es donde entra el tema del abastecimiento de uva, más allá de que los temas macroeconómicos puedan influir positivamente en el futuro, o que haya un escenario posible para que varias cosas puedan mejorar”, dijo Merino.
Asimismo, el referente del CEEBA agregó que los precios de esta temporada para la materia prima fueron sustancialmente más elevados que los promedios históricos (medidos en moneda de igual valor adquisitivo). Lo que ha sido conveniente para los productores que sortearon con cierto éxito los accidentes climáticos, no compensa años anteriores de bajos precios con baja o nula rentabilidad. Considera que la rentabilidad en la producción de vinos se encuentra en niveles mínimos y esto no permite sostener en el tiempo valores elevados de la materia prima. “Un tema central es que los últimos años de la vitivinicultura, han sido de muy baja inversión y al serlo, el crecimiento que puede tener la producción de uva no va a ser alto a largo plazo. Esto es un tema bastante crítico en la industria del vino, porque hace que las promesas de continuidad de ventas crecientes de las bodegas, tanto en el mercado nacional como internacional, dependen de disponer de la uva para poder cumplir”, se explayó.







