En un escenario internacional cada vez más competitivo para la ciruela deshidratada, desde San Rafael desarrollan herramientas que podrían permitir a los secaderos reducir entre un 15% y un 35% el consumo de gas y otros combustibles.
El trabajo se realiza en el Laboratorio de Deshidratado de la Estación Experimental Agropecuaria Rama Caída del INTA, que cuenta con instrumental de precisión para medir y diagnosticar el funcionamiento de instalaciones industriales.
El objetivo es detectar dónde se pierde energía y optimizar variables como temperatura, humedad, circulación del aire y funcionamiento de los quemadores.
EL SECADO, UNO DE LOS MAYORES COSTOS
La ciruela d’Agen, predominante en el sur mendocino, se procesa principalmente en túneles de secado a gas. Esta instancia representa uno de los mayores consumos energéticos de la cadena.
Un mal ajuste de los equipos puede significar más horas de funcionamiento, mayor consumo de combustible y mayores costos por cada kilo producido.
Además, un secado ineficiente puede afectar la calidad: generar diferencias de humedad, alterar textura y color o provocar pérdidas por sobresecado.
MÁS PRODUCCIÓN CON LA MISMA INFRAESTRUCTURA
La optimización también permitiría procesar más fruta durante la temporada sin necesidad de construir nuevos túneles o realizar grandes ampliaciones.
El dato es importante porque la cosecha se concentra principalmente entre febrero y marzo, con una ventana de aproximadamente 45 días para procesar grandes volúmenes.
Según las estimaciones técnicas, algunas mejoras de bajo costo podrían recuperarse gracias al ahorro de combustible en apenas 1 o 2 campañas, mientras que las reconversiones térmicas más importantes tendrían períodos de amortización de entre 3 y 5 temporadas.
EL DESAFÍO INTERNACIONAL
La irrupción de China como productor de ciruela seca suma presión a un mercado donde Argentina ya compite con países como Chile y Estados Unidos.
Este nuevo escenario obliga a reducir costos, mejorar la calidad y alcanzar mayores niveles de eficiencia para sostener la competitividad de la producción argentina.
En ese contexto, gastar menos energía puede convertirse en una herramienta clave para que la ciruela del sur mendocino siga siendo competitiva en los mercados internacionales.
Aunque el trabajo está enfocado principalmente en ciruela, la tecnología también puede aplicarse al deshidratado de uva, durazno, tomate, hortalizas y otras frutas, ampliando su potencial a diferentes sectores de la agroindustria.


