El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) publicó el jueves pasado los datos de desocupación correspondientes al cuarto trimestre de 2024 (octubre, noviembre y diciembre), revelando una situación laboral con matices en la provincia de Mendoza. En el Gran Mendoza, la tasa de desocupación se ubicó en el 4,8%, lo que representa una disminución del 0,2% en comparación con el trimestre anterior. Pero con un aumento del 0,5% respecto al mismo período de 2023.
Según el informe, aproximadamente 25.000 personas en la provincia se encuentran sin empleo. Además, el INDEC destacó un alto índice de subocupación en Mendoza, alcanzando el 13,6%. Esto significa que alrededor de 70.000 personas trabajan menos horas de las que desean o necesitan. A nivel nacional, la tasa de desocupación en los 31 aglomerados urbanos medidos por el INDEC, fue del 6,4%. Este dato refleja un incremento de 0,7 puntos porcentuales en comparación con el cuarto trimestre de 2023, cuando se situó en el 5,7%.
En una entrevista concedida a FM Vos 94.5, el economista Nicolás Aroma, director del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza (CEFI), analizó los recientes indicadores de desempleo en el Gran Mendoza y la situación económica a nivel nacional. «El nivel de desempleo en la provincia se estacionó probablemente en un nivel inferior con respecto a la media nacional. No obstante, históricamente Mendoza ha tenido índices de desempleo muchos más bajos, con un 50 % menos de desempleados que el resto del país. Ahora bien, en los últimos años esos parámetros cambiaron y tras la pandemia se terminó posicionando en un nivel estructuralmente más alto, tal como lo señala este último informe», explicó a modo de introducción Nicolás Aroma.
«En Mendoza, durante el último trimestre del último año, la desocupación se ubicó en el 4,8% lo que implicó una disminución del 0,2% respecto al trimestre anterior. Si bien ese dato es alentador, lo que hace un poco de ruido es que la provincia tiene un nivel de salario que la ubica en la última parte de la tabla nacional, tanto en salarios públicos como privados, lo cual causa preocupación», señaló el economista.
«También hay que analizar algunos datos que me parecen relevantes. Por ejemplo, siguen incrementándose las tasas de subocupación y las tasas de ocupados que buscan un segundo empleo. Esta última cuestión se relaciona directamente con el tema del bajo nivel de los ingresos. Es evidente que a la gente no le está alcanzando con un solo trabajo», advirtió.
Consultado sobre las desregulaciones laborales impulsadas por el gobierno nacional, el economista se mostró escéptico sobre su impacto en la creación de empleo registrado. «Si uno traza una línea, puede observar que cuando tradicionalmente en la historia argentina aparecen las leyes de flexibilización laboral, lo que se busca es que a muchas empresas les sea más fácil despedir a los empleados. Sin los costos adicionales de las indemnizaciones que por ahí tienen esas leyes. Supuestamente con las desregulaciones de estas leyes dicen que lo que se busca es alentar el empleo privado en blanco», expresó.
Según Aroma, la experiencia demuestra que este tipo de medidas no siempre se traduce en un aumento del empleo formal. «Después de cualquier ley de flexibilización laboral nunca aumentó el nivel de trabajo registrado. Los datos que son brindados por el INDEC no distinguen, por ejemplo, entre el trabajo registrado y los monotributistas o el trabajo informal. El INDEC no toma esa medición. Por eso, si uno se vuelca a ver los datos del Ministerio de Trabajo de la Nación donde sí se analiza qué pasa con el mercado de trabajo registrado, uno se da cuenta de que en realidad el trabajo registrado sigue cayendo», afirmó.
«La recesión del año pasado fue muy fuerte, se perdieron muchos trabajos. Recordemos que el trabajo informal o negro en Argentina ronda el 40%. Esto te produce muchos problemas, no solamente en el mercado laboral, sino también sobre el sistema tributario. Hay una gran parte de la economía que se maneja en negro mientras que el resto soporta, en términos de impuestos, también la carga de los que no pagan por estar dentro del círculo de la informalidad. Revertir esa situación, crear empleo formal, es un gran desafío para la Argentina», expresó.
«Lo que muestran los números y la historia, en definitiva, es que el empleo se tonifica y los salarios mejoran cuando hay una economía pujante. Si no hay un incremento de la demanda y no aparecen las inversiones prometidas es muy difícil que pueda haber una mejora sostenible al menos en el nivel de empleo. Esto va más allá y se impone de manera independiente a cualquier ley de flexibilización laboral. Más allá de los cambios impuestos, el nivel de empleo solo busca a duras penas poder sostenerse. Hay que desmitificar un poco la creencia, sólo con flexibilizar las leyes no se puede generar un boom de trabajo», añadió.
En cuanto al crecimiento económico, el especialista lo calificó de heterogéneo, con sectores que muestran signos de recuperación y otros que aún enfrentan dificultades. «Hay actividades que están levantando ritmo, como se esperaba, luego del año recesivo anterior. Algunas de ellas son las actividades energéticas o mineras. En cambio, existen otras actividades que no terminan de repuntar. Las actividades que están asociadas al consumo interno son las que están frenadas», reparó.
«El turismo también está con el freno de mano puesto. El tipo de cambio influye mucho. Mendoza está muy cara en dólares. Para muchos es más conveniente vacacionar en Brasil o Chile. Por otra parte, la construcción no se termina de reactivar, la obra pública fue totalmente paralizada, de cien a cero», ejemplificó.
Asimismo, expresó su preocupación por las recientes fluctuaciones en el mercado cambiario. «Hay que estar atentos a este tema, porque ha habido una agitación cambiaria del dólar y demás monedas e instrumentos. El apuro del gobierno nacional por sellar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es porque se está quedando sin combustible. El Banco Central se está quedando sin reservas, al menos para seguir interviniendo el mercado a este ritmo y no devaluar. Sostener el tipo de cambio es una de las bases fundamentales para continuar el proceso que el gobierno llama desinflación», apuntó.
Más adelante, se refirió al cepo cambiario y lo que significaría migrar hacia un sistema económico de flotación cambiaria. «Para esta gestión, al principio, levantar el cepo era algo que se podía hacer fácilmente. El tiempo pasó y ya estamos en marzo del 2025. El mercado está interesado y seguramente presione para que esto suceda. Las inversiones tampoco aparecen porque también está cerrado el mercado de cambio. Por eso mismo, es importante levantar el cepo. El tema es que hoy no están dadas las condiciones para hacerlo, porque básicamente se necesitan dólares para robustecer el tipo de cambio en el momento en que se levante.
«Es muy importante ver también qué se hace con el dinero del Fondo Monetario, en principio el Fondo presta el dinero para devolverle su propia deuda. Te prestan para que le devuelvas los pagos que les debés. No obstante, hay que ver en definitiva cuál va a ser el monto final. De hecho, se sospecha que algún excedente de esos dólares pueda ser utilizados para levantar el cepo. Es toda una incógnita, pero hasta el día de hoy solamente están las declaraciones del gobierno sobre que habrá un acuerdo. No están ni las comisiones, ni el monto, ni la tasa, ni el costo, ni el plazo. Seguramente en las próximas reuniones todas estas cuestiones se definan.







