El sector productivo primario de San Rafael atraviesa una de las crisis más severas de las últimas décadas. Marcelo Serrano, presidente de la Sociedad Rural local, trazó un panorama desolador: cosechas magras, caída estrepitosa del consumo interno e importaciones sin control que están rompiendo la cadena productiva de la industria agroalimentaria mendocina. «Estamos ante un vaciamiento de la producción», advirtió ante nuestro medio de comunicación.
La vitivinicultura, motor de la economía regional, enfrenta una combinación letal de factores climáticos y un mercado interno que ya no responde por la pérdida del poder adquisitivo. «La cosecha de uva ha sido cerca de un 40% menor que el año pasado acá en San Rafael, y ya veníamos de temporadas malas. Tuvimos heladas fuertes, granizo y un exceso de humedad que afectó la sanidad de los viñedos. Pero lo peor es que las bodegas privadas no están comprando como otros años. Aluden a un sobrestock, pero la realidad es que el consumo interno —que representa el 80% de lo que producimos— se cayó a pedazos porque la gente no tiene plata», declaró Serrano en FM Vos 94.5.
«No es que cambien de hábitos; cae el consumo de vino, de tomate y de verdura porque el bolsillo está ‘hecho pelota'», describió.
La inviabilidad de los costos: «7 litros de vino por 1 de gasoil»
Para Marcelo Serrano, el discurso oficial que sugiere una mayor optimización de los gastos choca de frente con la realidad operativa de las fincas locales, donde los insumos básicos han quedado fuera del alcance del pequeño y mediano productor. Incluso, la brecha en la relación de precios actuales ilustra una ecuación económica que el sector califica como insostenible. «Hoy, un productor que entrega su cosecha a una cooperativa necesita más de 7 litros de vino blanco para comprar apenas un litro de gasoil. El año pasado, una bolsa de urea valía 50 mil pesos; hoy cuesta 80 mil. Los números simplemente no cierran», aseguró el presidente de la Sociedad Rural.
Esta presión financiera ha llevado a un escenario de recorte imposible, donde la falta de inversión comienza a comprometer el futuro de los cultivos. «Buscamos ahorrar por todos lados: en vez de tres labranzas, hacemos dos; jugamos con el tiempo para evitar curas preventivas con la esperanza de que no llueva. Pero si no le das de comer a la tierra, se muere. Ya no hay margen para seguir recortando costos sin herir de muerte la sanidad y la productividad de la planta«, relató con dramatismo en esa misma instancia de la charla.
A este panorama interno se suma la preocupación por la importación indiscriminada, que el dirigente describió como una competencia desleal permitida por la falta de aranceles. «Mientras nuestros productores se funden, entra pulpa de tomate de Chile o pulpa de pera de otras regiones y del exterior. Estamos permitiendo que se rompa la industria local a cambio de productos importados que llegan más baratos de lo que cuesta producirlos aquí, sin que esto se traduzca en una recaudación real para el Estado o un alivio para el bolsillo del productor», manifestó.

Propuestas que no encajan en la realidad del sur provincial
Frente a los consejos oficiales de reconvertir viñedos en pasturas para ganadería o apostar por cultivos como el pistacho, el titular de la Sociedad Rural fue tajante sobre la falta de financiamiento y escala. «Nos piden que mutemos al pasto, pero el promedio de fincas en el sur es de 7 hectáreas. Cada productor no puede comprar un equipo de enfardado que es carísimo, y quienes prestan el servicio se llevan el 50% de la producción. Además, el pasto demanda mucha agua y venimos de emergencias hídricas. Otras opciones, como el pistacho, requieren esperar 10 años para producir. ¿Cómo hace un pequeño finquero para esperar una década sin ingresos? Sin créditos blandos ni subsidios para la reconversión, como los que existen en Europa o EE. UU., estas propuestas son simplemente inviables», sostuvo con vehemencia.
Mercado abierto y crisis local: el impacto de las importaciones sin aranceles en la horticultura mendocina
La industria del ajo y la horticultura mendocina enfrentan una amenaza externa sin precedentes. La combinación de un mercado regional saturado y la apertura comercial sin restricciones arancelarias ha generado un «cuello de botella» que mantiene la producción local estancada en las fincas. Uno de los sectores más dinámicos de la provincia, el sector ajero, se encuentra hoy en una encrucijada logística y diplomática. Marcelo Serrano advirtió sobre la delicada situación en las zonas productoras. «Si vas hoy a las chacras del Valle de Uco, te encontrás con que el ajo del año pasado todavía está amontonado mientras ya se está plantando el nuevo. Esto sucede porque se cayó la exportación a Brasil debido al ingreso de ajo chino a ese mercado. Es urgente que la Cancillería y el Ministerio de la Producción se sienten a negociar esto; históricamente se han logrado acuerdos, pero hoy el productor está solo», afirmó.
Asimismo, el panorama se repite con la importación indiscriminada de otros productos primarios, lo que genera una competencia que el sector califica como desleal. Según el titular de la Sociedad Rural de San Rafael, el impacto es visible en las plantas procesadoras de la región: «En San Carlos, las fábricas tienen los camiones cargados con tambores de pulpa chilena mientras el tomate local se pierde en el campo porque no hay quien lo compre. Lo mismo sucede en San Rafael y Alvear con la pulpa de pera; a las empresas les sale más barato traerla de afuera o de otras regiones que procesar la fruta de nuestras fincas», indicó.
Además, Serrano cuestionó la falta de controles y aranceles en este nuevo esquema comercial. «Estamos abriendo el paso a todo el mundo sin cobrar nada. No solo se perjudica al productor, sino que el Estado, ya sea provincial o nacional, tampoco recauda con lo que entra. Es una política que rompe la industria local y la seguridad agroalimentaria de Mendoza sin dejar ningún beneficio a cambio», planteó con preocupación.
La falta de herramientas de intervención
Serrano lamentó la inacción de organismos creados específicamente para mitigar estas crisis, como el Banco del Vino o el Fondo de la Transformación. «Le agradezco al subsecretario de Agricultura y Ganadería del Ministerio de Producción de Mendoza, Sergio Moralejo, que ponga la cara frente a los productores, pero le planteamos que las herramientas no funcionan. El Banco del Vino no intervino para evitar que el precio cayera, y el Fondo de Transformación está sin capital. No hay financiamiento para tecnificarse ni para arrancar una hectárea de viña vieja y plantar otra cosa», advirtió.
«En Francia, el Estado subsidia la erradicación de viñedos para que el productor mude de cultivo; acá la palabra subsidio es mala palabra, mientras vemos cómo la fruta y la verdura se tiran porque no hay quien la compre», comparó.
Desventaja competitiva: las economías regionales frente al dilema del dólar «pisado» y las importaciones
El análisis de la coyuntura económica actual revela una profunda preocupación por la pérdida de competitividad de las economías regionales frente a un escenario de apertura comercial y atraso cambiario que, según los productores, replica esquemas que ya resultaron perjudiciales en el pasado.
La comparación con los movimientos de protesta en Europa marca una diferencia sustancial en la protección de los mercados internos. Mientras en el viejo continente se defienden las fronteras productivas, en la región se advierte una desprotección creciente. «En Europa los polacos hacen cortes para que no entre mercadería del Mercosur, y nosotros dejamos que entre todo. Es urgente que se tomen medidas para evitar que la pulpa de tomate chilena termine de fundir a los productores del Valle de Uco, que ya están vendiendo tractores y camionetas para pagar los abonos y semillas que compraron», alertó Marcelo Serrano.
El atraso cambiario y la competencia internacional han generado un escenario donde productos netamente exportables, como la ciruela o el ajo, pierden terreno frente a competidores directos como Chile. El dirigente de la Sociedad Rural expuso la distorsión de valores: «Históricamente, el tomate para molienda valía entre 12 y 13 centavos de dólar. Al permitir la importación con un dólar atrasado, el productor deja de producir directamente. Hoy necesitamos un dólar que ronde los 1.700 o 1.800 pesos para que la actividad sea rentable; de lo contrario, navegamos compitiendo contra el resto del mundo en una desventaja total», aseveró.
Este panorama se traslada también al consumo interno y al mercado de la carne, donde se observa una paradoja: a pesar del dólar «pisado», los precios al consumidor no bajan. «Nos preguntamos por qué sube la carne si el dólar está a la baja. La realidad es que estamos pagando el kilo de carne al mismo precio que un importador francés, mientras el consumo interno en ‘el país de la carne’ sigue cayendo porque los sueldos no acompañan. Se están beneficiando unos pocos exportadores y el sector financiero, mientras el resto del país sufre las consecuencias», coincidió el titular de la entidad.
También, Serrano trazó un paralelismo histórico con la década de los 90, advirtiendo sobre el riesgo de un daño irreversible en la estructura productiva nacional. «Esta política económica ya la vivimos; en aquel entonces se destruyó la industria nacional y muchas fábricas nunca se recuperaron. Hoy vemos cómo la fruta se pierde en las plantas porque no conviene cosecharla. La política del gobierno nacional está reventando las economías regionales, no solo en Mendoza, sino también en La Rioja, San Juan y Catamarca. Cada vez quedamos menos productores en pie», narró con total franqueza.
El factor humano de la crisis: angustia y medidas de fuerza en el horizonte de los productores
La crisis que atraviesa el sector agropecuario trasciende lo estrictamente financiero para transformarse en un problema social y de salud mental. Según el titular de la Sociedad Rural, el campo hoy se encuentra en un estado de pasividad cargado de angustia, pero con la advertencia de que el silencio no se mantendrá de manera indefinida.
Respecto a la salud mental en el campo, Serrano reveló una faceta dolorosa de la actualidad económica: «Tenemos productores con tratamiento psicológico por depresión. Es algo que no habíamos visto nunca en esta magnitud; es gente que ve cómo se pierde el esfuerzo de toda una vida y cae en un estado de desánimo profundo», denunció.
En cuanto a las acciones futuras, el dirigente señaló que la paciencia del sector tiene límites, aunque buscan métodos de protesta alternativos. «Por ahora estamos esperando resultados, pero si esto continúa, tomaremos medidas. No queremos perjudicar al vecino con un corte de ruta; estamos planeando acciones simbólicas que generen un impacto directo en los gobiernos provincial y nacional, demostrando el descontento de manera contundente», anticipó al cierre de la comunicación.







