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Educación al pie de cama: la tarea que garantiza la continuidad escolar de niños internados

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Cada 15 de septiembre se conmemora en Mendoza el Día Provincial de la Modalidad de Educación Hospitalaria y Domiciliaria. En San Rafael, docentes trabajan con niños internados para sostener sus trayectorias educativas y garantizar el derecho a la educación aun cuando una situación de salud les impide asistir a sus escuelas.

La educación también encuentra su lugar dentro de una habitación de hospital. Allí, junto a tratamientos, estudios médicos y períodos de recuperación, docentes desarrollan una tarea particular: acercarse al pie de cama de los niños internados para que puedan continuar aprendiendo mientras atraviesan una situación que los mantiene alejados de sus escuelas.

La labor adquiere especial relevancia este 15 de septiembre, cuando se conmemora el Día Provincial de la Modalidad de Educación Hospitalaria y Domiciliaria. Jimena Moreno, directora de la escuela hospitalaria que funciona en el Hospital Schestakow, explicó a Diario San Rafael y FM Vos (94.5) que la fecha recuerda la creación de la primera institución de estas características y destacó que Mendoza fue pionera en Argentina en el desarrollo de escuelas hospitalarias.

La institución funciona en el primer piso del hospital y depende de Educación Especial de la Dirección General de Escuelas. Su trabajo comprende a niños de diferentes edades que, debido a enfermedades, cirugías u otras situaciones de salud, deben permanecer internados y no pueden continuar temporalmente con la presencialidad en sus establecimientos educativos habituales.

“Lo que nosotros hacemos es trabajar con niños que están internados por diferentes causas, por diferentes tipos de enfermedades, cirugías, por salud mental”, explicó Moreno. La finalidad es clara: “Nosotros lo que hacemos es abordar, hacer un abordaje pedagógico y continuar con la trayectoria educativa del niño y garantizarle ese derecho a la educación cuando, por razones de salud, está interrumpida”.

La modalidad obliga a desarrollar una propuesta completamente adaptada a las circunstancias de cada alumno. No solamente cambian las edades, los grados y los conocimientos previos, sino también las condiciones físicas y emocionales en las que cada chico se encuentra. “Vamos al pie de cama, trabajamos con ellos, tratamos de motivarlos siempre, porque, bueno, es todo un desafío”, señaló.

Jimena Moreno, directora de la escuela hospitalaria que funciona en el Hospital Schestakow, explicó a Diario San Rafael y FM Vos (94.5) que la fecha recuerda la creación de la primera institución de estas características

La escuela hospitalaria trabaja con chicos desde los 3 hasta los 12 años. Cada situación requiere una intervención diferente y la condición emocional puede cambiar considerablemente de acuerdo con aquello que atraviesa el paciente.

“La condición anímica varía mucho y tiene que ver con lo que está padeciendo también el niño”, explicó Moreno. En algunos casos, además de las dificultades físicas, aparecen situaciones vinculadas con la salud mental que requieren un acompañamiento particular y la intervención de diferentes profesionales.

En esos casos pueden activarse protocolos desde una escuela, un centro de salud o a partir de la intervención de agentes sanitarios. Los niños permanecen internados durante el período necesario para su evaluación y acompañamiento, que puede extenderse desde algunos días hasta un mes. Durante ese tiempo, la escuela hospitalaria también interviene para sostener su vínculo con la educación.

La dinámica pedagógica, por lo tanto, no puede ser idéntica a la de un aula convencional. “Lo que hacemos es trabajar en la medida que se puede tratar de continuar con la trayectoria pedagógica que ese niño trae”, indicó la directora. Y agregó: “Muchas veces es muy difícil, entonces vamos ajustando los contenidos y bueno, respondiendo también un poco a lo que se necesita en ese momento”.

La institución pertenece a la Dirección General de Escuelas y respeta el mismo calendario educativo, incluidos el comienzo y la finalización del ciclo lectivo y los períodos de receso. Lo que cambia necesariamente es la manera en que se desarrollan los contenidos.

El equipo está integrado por una maestra de enseñanza común, una docente de nivel inicial y una docente de Educación Especial. Moreno, además de desempeñarse como directora, también da clases. A ello se suman horas correspondientes a música y artes visuales.

Cada jornada tiene una particularidad: los docentes no saben de antemano exactamente con quiénes van a trabajar. Al llegar realizan un recorrido por las salas para conocer qué niños ingresaron, quiénes continúan internados y quiénes recibieron el alta.

Ese primer contacto también implica conversar con la madre, el padre o el familiar que acompaña al niño y comenzar a conocer su situación educativa. Recién entonces puede establecerse cómo desarrollar la intervención pedagógica.

“El primer desafío es el vincularnos y el que ellos sepan que no somos médicos, que somos docentes y los vamos a acompañar, ayudar”, expresó Moreno. En un ambiente inevitablemente asociado con tratamientos y procedimientos médicos, construir ese vínculo resulta fundamental para poder comenzar a trabajar.

Hay además una meta que excede cualquier contenido curricular y que Moreno resumió en pocas palabras: “Tratar de hacerlos reír siempre, esa es como una meta que tenemos”.

La continuidad también llega hasta los hogares

La modalidad no termina en las habitaciones del hospital. La educación domiciliaria permite dar continuidad al proceso cuando un alumno atraviesa una recuperación prolongada que le impide regresar a su escuela.

En San Rafael funciona también una escuela domiciliaria, cuyos docentes intervienen cuando las condiciones de salud mantienen a los chicos alejados de las aulas durante un período extenso. “Cuando los niños tienen por algún posoperatorio, por alguna situación crítica, tienen más de 30 días que no pueden asistir a la escuela, ahí ya se incluye una maestra domiciliaria”, explicó Moreno.

En esos casos, los alumnos son incorporados a la modalidad y las docentes concurren a sus viviendas para continuar allí con el acompañamiento pedagógico.

Moreno destacó además el vínculo existente entre las diferentes escuelas hospitalarias y domiciliarias de Mendoza, una red que permite compartir experiencias frente a situaciones que presentan desafíos nuevos de manera permanente.

La propia directora reconoció que no imaginaba que su trayectoria profesional terminaría llevándola específicamente al ámbito de pediatría, aunque cuando apareció la oportunidad de asumir la conducción de la escuela decidió aceptarla. “Cuando existió la posibilidad, no lo dudé, así que acá estamos trabajando. Es una labor muy linda, es un equipo de trabajo muy lindo”, expresó.

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