Nuestro país tuvo históricamente los mejores índices de movilidad social ascendente, en comparación con otros países de América Latina. Sin embargo, desde mediados de los años 70, se produjo un lento pero sostenido proceso de empobrecimiento de la clase media argentina. Algunos estudios estiman que, solo entre 1980 y 1990, esa franja de la población sufrió una pérdida de alrededor del 40% del valor de sus ingresos.
Una investigación que se realizó antes de la pandemia de covid-19, por encargo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reveló que un niño que nace en un hogar vulnerable de la Argentina necesitaría al menos seis generaciones para salir de la pobreza. Otro estudio reciente realizado por la Universidad Torcuato Di Tella, por su parte, mostró que la pobreza en nuestro país alcanzó en el primer trimestre de este año a 22,6 millones de personas. Eso quiere decir que desde diciembre del año pasado se sumaron 3,2 millones de nuevos pobres debido al impacto de la devaluación en el poder adquisitivo de las familias.
El citado informe de la OCDE, que lleva por título «¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social», fue publicado por el Foro Económico Mundial. Ese trabajo analizó distintas variables relacionadas con los ingresos para garantizar cierto grado de movilidad social ascendente. El análisis, que se llevó a cabo en 36 países, entre ellos, la Argentina llegó a la conclusión que en la mayoría de las naciones observadas la movilidad social entre generaciones prácticamente no existe desde la década del 90. Es que a partir de esos años las políticas que promovieron la especulación financiera en detrimento de la producción y el trabajo se impusieron en distintas naciones dando como resultado un serio deterioro del bienestar económico y social de millones de personas.
¿La dirigencia en general y la política en particular manejarán estos datos?




