El escenario macroeconómico argentino transita un período de reconfiguración estructural que impacta de forma directa sobre el entramado fabril. Tras el anuncio oficial de la reducción en las retenciones a las exportaciones industriales, la Unión Industrial Argentina (UIA) evaluó los alcances de una medida largamente reclamada, advirtiendo en paralelo sobre los riesgos que genera la apertura comercial frente a la persistencia de una elevada presión tributaria a nivel provincial y municipal. En diálogo con Diario San Rafael, Mauricio Badaloni, integrante de la central fabril, analizó la volatilidad de los índices de producción, la creciente morosidad en el segmento pyme y la urgente necesidad de implementar herramientas de estabilidad fiscal para evitar el desplazamiento de empresas hacia la informalidad.
La quita de aranceles a la exportación industrial fue recibida como una señal favorable por parte de las cámaras empresariales, aunque el sector advirtió que la verdadera competitividad excede la política arancelaria nacional. «Esta rebaja de retenciones es algo que se viene materializando dentro de las discusiones de la Unión Industrial Argentina y de la Unión Industrial de Mendoza. El proceso responde a lo que viene sucediendo con la gran flexibilización que ha habido para la importación de distintos productos, un fenómeno que ha ido en detrimento de la industria nacional. La capacidad de competitividad no radica solamente en la eficiencia de las compañías y de su producción, sino fundamentalmente en el esquema impositivo que imponen la Nación, las provincias y los municipios», planteó Badaloni de entrada.
«Si el camino para los próximos meses es equilibrar estas variables, seguramente podremos tener una industria mucho más competitiva. Hoy las instituciones ven diezmadas sus capacidades porque los impuestos no bajan, el consumo se cayó y la carga de mayores costos relacionados con los servicios y la energía ha aumentado por encima del proceso de inflación», continuó analizando.
«Hay una escucha un poco más atenta del gobierno, pero persiste una gran asimetría. Tenemos que buscar competir no solo con empresas extranjeras, sino fundamentalmente con los costos de los Estados», consideró en diálogo con FM Vos 94.5.

Un repunte errático traccionado por la energía
El Indicador Sintético de la Actividad Industrial del INDEC arrojó un alza interanual del 5% en marzo de 2026. Sin embargo, desde la conducción de la UIA matizaron el optimismo oficial y señalaron la falta de homogeneidad en el tejido manufacturero. «Nosotros observamos estos datos como parte de una dinámica un poco más errática; no lo estamos viendo como una tendencia consolidada. Si comparamos contra el año anterior, un mes nos da un poco por encima y al siguiente por debajo. Es cierto que hay sectores específicos, parados sobre el petróleo, la minería, el “oil & gas” y el complejo agroindustrial sojero, que sí están traccionando y funcionando con fuerza. El valor actual de los combustibles y la energía va a ser muy importante para la economía, pero esto no se percibe de manera homogénea en el resto de las actividades», evidenció Badaloni.
«Vemos mejoras muy puntuales en algunos indicadores simplemente porque venían de caer un 20%; hay un pequeño rebote estadístico que tiene que ver con eso. Lo verdaderamente interesante sería registrar tres o cuatro meses consecutivos de mejoras reales. Sectores clave como la industria autopartista no mejoran, registran mucha capacidad instalada ociosa y turnos cesantes. Es positivo el dato del mes, pero hay que ser cautos», expresó al respecto.
Tasas de interés bajo la lupa: el costo directo sobre el crédito
La negociación de líneas de financiamiento subsidiadas con el Banco Nación expone las fricciones entre el sector privado y las políticas de recaudación de las administraciones locales. Como primer eslabón de esta estrategia, la línea financiera fue diseñada a partir de la articulación de las cámaras empresariales, que buscan de manera urgente un plan de salvataje para sanar el sistema financiero de las pymes y atenuar los niveles de morosidad que ahogan a las estructuras comerciales menores.
Sin embargo, el verdadero problema surge con el obstáculo impositivo que desvirtúa la herramienta. Mientras que el financiamiento propuesto a nivel nacional proyecta tasas de interés sumamente competitivas por debajo del 20%, este beneficio colisiona de forma directa con las cargas impositivas que imponen las provincias, las cuales terminan encareciendo el costo final del acceso al dinero para las empresas que necesitan liquidez de corto plazo.
Esta distorsión se vuelve particularmente crítica al analizar el caso mendocino, donde el peso de los tributos locales anula el esfuerzo de subsidio bancario. «No puede ser que busquemos tasas competitivas y los Estados provinciales se queden con casi un 10% de costo directo sobre el crédito mediante un 7% de Ingresos Brutos y un 1,75% de impuesto a los Sellos», cuestionó el dirigente industrial Mauricio Badaloni.
Al sumar estas alícuotas directas, el costo efectivo del financiamiento se incrementa sustancialmente, desincentivando la inversión productiva y empujando a muchas pequeñas y medianas empresas a financiarse por fuera del sistema bancario formal para asegurar su subsistencia.
La competencia fiscal interprovincial y el salvataje de las pymes
El directivo ponderó positivamente las iniciativas de provincias como Chubut, que eximió de Ingresos Brutos a la construcción, y evaluó la llegada de los regímenes de incentivos a las grandes y medianas inversiones (RIGI y RINI). «La exención de tasas es el camino correcto. En Argentina, el exceso de costos impositivos y trabas no hace que las compañías cierren de forma definitiva, sino que se terminen volcando a la informalidad. No podemos convivir con un 50% de informalidad. Respecto al RIGI, Mendoza ya lo hizo tangible con una inversión muy importante en energía fotovoltaica, y San Jorge está aplicando en San Juan por cerca de 800 millones de dólares. El RIGI dota al inversor de algo clave: estabilidad fiscal por muchos años frente al relacionamiento público-privado. El RINI, por su parte, es bienvenido porque replica esos beneficios en escalas y plazos menores para atraer inversiones directas rápidas», subrayó el empresario mendocino.
«El gobierno de Mendoza se muestra muy interesado, pero nuestra primera intervención hoy debe ser salvar el escenario pyme. Necesitamos que el gobierno local esté mucho más activo y sensible. Provincias vecinas como Neuquén son muy agresivas con sus planes de atracción, y si no corregimos esas asimetrías, las pymes cruzan la frontera para poder subsistir», agregó.
El motor exportador y la agenda pendiente del turismo
Al evaluar los sectores que quedan rezagados de la ola energética y minera, las proyecciones industriales se dividen entre el potencial exportador del mosto y la necesidad de reactivar la promoción internacional de la marca provincial.
«La vitivinicultura y la metalmecánica van muy de la mano. El mercado interno de alimentos y bebidas sigue errático, encontrando quizás una meseta, pero el fuerte apalancamiento hoy está en el comercio exterior. Si se eliminan barreras arancelarias mediante acuerdos estratégicos con Europa y Estados Unidos, la provincia cuenta con el potencial para duplicar sus exportaciones de mosto, pudiendo alcanzar ingresos por 1.500 o 1.600 millones de dólares», destacó el entrevistado.
«A esto se suma el impacto de las normativas norteamericanas que obligan a las bebidas cola a reducir azúcares y utilizar mostos concentrados. En la otra vereda se encuentra el turismo, que arrastra 18 meses de caída en el flujo de extranjeros. La provincia tiene mucho por mejorar en la promoción de sus destinos; hace tiempo que no se realiza una campaña fuerte para recuperar al público brasileño que busca montaña, nieve y vino», aseveró.
«Si la exportación y la logística aduanera se agilizan en este segundo semestre, el derrame sobre las pymes locales será inmediato», sentenció Badaloni.







