Por Omar Alonso Camacho | Foto de portada tomada por Juan Pi del Salto de agua de El Nihuil y publicada en el boletín de la Cámara de Comercio de San Rafael, Octubre de 1921
Construir el dique El Nihuil en San Rafael, Mendoza, demandó treinta años. Aprovechar su energía costó otros cinco lustros e iniciar Nihuil IV insumió veinte años adicionales. Todo ello, sin contar el tiempo que le significó a la provincia recuperar dichas obras.

Antecedentes del aprovechamiento del río Atuel
Desde comienzos del siglo XX, el Atuel despertó el interés de técnicos y especialistas. A partir de 1907 se realizaban estudios sobre su potencial, a cargo de ingenieros como Wauters, Lange, Ward y Graff. Sin embargo, fue recién a fines de la década de 1920 cuando los anteproyectos del ingeniero Federico Tapper sentaron las bases concretas para aprovechar el río.
La presión de los productores
El impulso decisivo vino del campo. La gran sequía de 1937 dejó a los productores sureños al borde del desastre, y los llevó a organizarse. En General Alvear formaron una comisión para impulsar la construcción de un dique que regulara el agua y protegiera sus cosechas. La integraban representantes muy influyentes como Pedro Christophersen y Félix Norzagary, (administrador de las tierras del distrito de Real del Padre), quien quedó como presidente de la Comisión.

Proyecto aprobado en el Congreso, firma del convenio e inicio de las obras (1941-1942)
El proyecto avanzó con apoyo del gobernador Rodolfo Coromina Segura, pero al superar las posibilidades económicas provinciales, se recurrió al Estado nacional. Presentado en 1938, el plan fue aprobado por el Congreso Nacional y convertido en ley dos años después. En 1941 se firmó el acuerdo entre Nación y provincia para iniciar la obra, que quedaría en manos del Estado nacional hasta recuperar la inversión.

La construcción de la obra
La construcción la comenzó la empresa Sollazzo Hnos a fines de 1942, con la expectativa de terminar en cuatro años. Pero la Segunda Guerra Mundial provocó escasez de materiales y retrasó los trabajos. Ese imprevisto, sin embargo, terminó ampliando el proyecto: el dique ya no sería solo para riego, sino también para generar energía hidroeléctrica. Así comenzaron las obras para hacer funcionar la futura central Nihuil I.
El nacimiento de un lago
En 1948, el paisaje había cambiado por completo. Donde antes había un desierto salitroso, surgía un lago artificial de más de 7.500 hectáreas, contenido por un imponente muro de hormigón de 315 metros. La inauguración, el 11 de enero, reunió a miles de personas que presenciaron el espectáculo del agua dominada. Incluso el presidente Juan Domingo Perón participó a distancia, a través de una transmisión radial
Un proceso que llevó décadas
El sistema siguió evolucionando durante años. Recién en 1972, gracias al dique compensador Valle Grande (habilitado en 1965), se logró separar el uso del agua para riego de la generación de energía, lo que permitió que las usinas funcionaran a pleno. La última pieza, Nihuil IV, se habilitó en 1997.
En total, pasó casi un siglo hasta lograr el aprovechamiento integral del Atuel. Una obra que muestra cómo los grandes proyectos requieren tiempo, planificación y persistencia.







