Mendoza atraviesa un prolongado período de estancamiento en su frente externo que contrasta de manera directa con la dinámica comercial del resto del país. Según el último informe técnico elaborado por el Consejo Empresario Mendocino (CEM), las exportaciones provinciales medidas en términos reales sufrieron una contracción del 15% durante la última década, mientras que a nivel nacional el indicador consolidó una expansión superior al 50%.
La brecha sitúa a la provincia en el puesto número 17 del ranking de exportaciones per cápita de la Argentina. El economista Gustavo Rivarola, asesor económico del CEM, analizó las variables de este diagnóstico, relativizó la dependencia absoluta del sector vitivinícola y defendió la necesidad de activar un esquema productivo diversificado basado en la minería sustentable, los servicios del conocimiento y la consolidación de la provincia como el principal nodo logístico del Mercosur.
Diagnóstico de un rezago: los números reales del comercio exterior
Las estadísticas recopiladas por el departamento económico de la entidad empresaria revelan que la matriz comercial local ha perdido dinamismo frente a los estándares de desarrollo de otras provincias. «El diagnóstico objetivo que estamos observando desde el Consejo Empresario es una clara situación de estancamiento de largo plazo. Si ponemos la evolución comercial en términos de datos concretos, lo que se evidencia es que entre los años 2015 y 2025 las exportaciones de Mendoza aumentaron apenas un 15% en términos nominales, mientras que el promedio nacional creció por encima del 50%», explicó Gustavo Rivarola a FM Vos 94.5.
«Ahora, cuando se aplica el deflactor de la inflación internacional para analizar las variables en términos reales, lo que verdaderamente ocurrió es una caída del 15% real en comparación con la década pasada, arrastrando además un retroceso respecto al año previo. Observamos un bajo dinamismo: en estos mismos diez años, provincias como Neuquén multiplicaron sus exportaciones por casi 30 veces debido al impulso energético, mientras que Mendoza se quedó atrás», agregó.
«El último año cerramos con despachos por 1.500 millones de dólares para una población de dos millones de habitantes. Eso representa unos 750 dólares por habitante, cuando el promedio del país alcanza los 1.900 dólares. Mendoza hoy exporta apenas el 40% de la media nacional; somos la cuarta o quinta provincia en términos de Producto Bruto Geográfico (PBG), pero caemos al noveno lugar en volumen total exportado y al puesto 17 en el indicador per cápita», indicó.

El peso real del sector vitivinícola y el desafío de no apostar a un solo motor
Frente a la percepción social de que el sector del vino monopoliza de manera absoluta las ventas al exterior, los datos técnicos del CEM precisan la participación real del clúster y proponen ampliar el horizonte productivo. «Existe una lectura imprecisa que le asigna al vino fraccionado el 80% de las exportaciones actuales de la provincia. Los números reales indican que el vino fraccionado representa un tercio de las ventas, exactamente el 35%. Si a eso le sumamos el resto del clúster vitivinícola, incorporando el jugo concentrado de uva (mosto) y los despachos a granel, el sector consolida cerca del 50% del total de las exportaciones. Es innegable que la vitivinicultura es nuestro producto insignia en el mundo y funciona como un imán para el turismo, pero arrastra las complicaciones de las tendencias de consumo globales y hace muchos años que este sector por sí solo no logra traccionar el crecimiento general de Mendoza», observó el economista.
«La estrategia razonable no es poner todo el foco exclusivamente en la vitivinicultura, sino aplicar una lógica de sumatoria: mantener el vino más la metalmecánica, más el talento joven, más la logística. Exportar no es simplemente vender al exterior y desentenderse de la cosa pública; exportar significa que un cliente en el resto del mundo confía en la capacidad de un mendocino para resolver una demanda concreta, y esa tracción es la que potencia de manera genuina nuestra demanda agregada», resaltó.

Inversión y normalización macroeconómica
Para el CEM, el fin del sesgo estatista en la economía nacional abre una ventana de oportunidad inédita para que las empresas privadas retomen el liderazgo en el diseño de las estrategias comerciales de mediano y largo plazo. Este nuevo esquema se asienta fundamentalmente en el fin del gasto público como motor de arrastre. El crecimiento de la demanda agregada argentina ya no vendrá de la mano del impulso estatal o del incremento sistemático del gasto de las administraciones, sino que se apoyará de manera estructural en la inversión privada genuina y en la expansión de las exportaciones.
El éxito de esta transición se encuentra directamente ligado a la previsibilidad para el capital que ofrece el actual sendero de ordenamiento financiero. La normalización de las principales variables macroeconómicas nacionales genera un escenario de mayor previsibilidad técnica, un factor indispensable para que los empresarios locales puedan trazar flujos de fondos proyectados a largo plazo y evaluar proyectos de gran envergadura sin el riesgo de la distorsión de precios relativos. La estabilidad de las reglas de juego se convierte así en el principal incentivo para la radicación de inversiones productivas en el territorio.
Bajo este nuevo orden, el empresariado local reclama y asume un rol de liderazgo privado en la planificación del futuro económico de la región. «El sector privado está mejor capacitado que el sector público para el diseño de políticas de producción, identificando qué demanda el mundo, qué posibilidades reales ofrece Mendoza y en qué mercados estratégicos competir», argumentó el asesor económico de la entidad, Gustavo Rivarola.
Desde este punto de vista, se desprende que la superación del letargo comercial de la provincia depende de la velocidad con la que las empresas locales traduzcan este contexto de estabilidad en inversiones concretas con clara vocación exportadora.
El salto hacia los 4.000 millones de dólares: minería, talento y logística
La salida del estancamiento comercial requiere, según el análisis del CEM, la ejecución concreta de proyectos de inversión en áreas clave que hasta el momento solo se han mantenido en el terreno de las proyecciones. «Si Mendoza lograra converger y alcanzar el promedio de exportación per cápita nacional, la provincia estaría exportando hoy no menos de 4.000 millones de dólares anuales en lugar de los 1.500 millones actuales. Detrás de ese número no hay una abstracción financiera; hay más producción, más empleo formal y un círculo virtuoso que genera oportunidades reales para los mendocinos. El potencial está disponible, pero requiere pasar de la expectativa a las políticas concretas», opinó Rivarola.
«En el sector logístico, llevamos años hablando de nuestra ubicación estratégica, pero necesitamos resolver de forma ágil y rápida el cruce cordillerano hacia Chile para transformarnos en el verdadero nodo logístico del Mercosur. Lo mismo ocurre con la minería: Mendoza tiene bajo su territorio una riqueza metalífera enorme que el mundo demanda para la transición energética. Si sabemos hacer minería bajo los estándares internacionales más estrictos, generaremos empleo para nuestros científicos, cadenas de valor para las pymes metalmecánicas locales y un salto exponencial de divisas», vaticinó.
«A esto se suma el capital humano calificado que poseemos para exportar servicios basados en el conocimiento. El escenario de base es preocupante, pero si miramos las capacidades estructurales de Mendoza, somos profundamente optimistas respecto al futuro», manifestó al cierre de la comunicación.







