En un territorio históricamente asociado a la vid y a la fruticultura, un nuevo cultivo comienza a asomar tímidamente entre las hileras del sur mendocino: el lúpulo.
En la experimental de INTA Rama Caída se desarrolla un ensayo que busca algo más que probar si la planta crece. La pregunta de fondo es otra: ¿puede el sur de Mendoza convertirse en una zona viable para producir uno de los insumos clave de la cerveza?
Esta semana se concretó la primera cosecha del ensayo. No fue una cosecha comercial, sino técnica. Cada planta, cada cono recolectado, será analizado para medir rendimiento, sanidad, comportamiento frente al clima y calidad aromática.

Son datos que hoy no existen para esta región y que resultan fundamentales antes de pensar en una escala productiva.
El proyecto se impulsa en articulación con la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria de San Rafael y la firma Soluciones Agrícolas SRL. La lógica es clara: generar información local para que cualquier productor que evalúe diversificar no tenga que hacerlo “a ciegas”.

En un contexto donde el agua es un recurso cada vez más sensible y los mercados exigen diferenciación, explorar nuevos cultivos no es una moda, es una estrategia.
El lúpulo, con su creciente demanda en la industria cervecera artesanal, aparece como una alternativa posible. Pero antes de hablar de oportunidades económicas, hay que validar su adaptación al territorio.
El proyecto recién comienza, pero ya deja algo claro: el desarrollo productivo del sur mendocino también se construye probando, investigando y animándose a mirar más allá de los cultivos tradicionales.








