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El nuevo paradigma pyme: desestockeo, eficiencia financiera y el fin del «consumo ficticio»

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El tejido de las pequeñas y medianas empresas (pymes), motor que concentra cerca del 98% de las unidades productivas en la Argentina, enfrenta una de las transiciones estructurales más complejas de las últimas décadas por el actual modelo económico. La combinación de un mercado interno contractivo, la escalada de costos operativos y la apertura total de las importaciones obliga a una reingeniería profunda en la conducción de los negocios. Frente a este escenario, los especialistas advierten que la supervivencia de las fábricas e industrias locales dependerá de su velocidad de adaptación para abandonar los antiguos mecanismos de resguardo inflacionario y migrar hacia un esquema basado en la liquidez y la búsqueda activa de clientes.

El consultor de negocios y conferencista internacional Agustín Remondino desglosó las variables críticas de la coyuntura, analizó el impacto de las reformas laborales y tributarias, y demandó un marco de previsibilidad macroeconómica para sostener el empleo y la competitividad.

Radiografía de la transición: el fin del resguardo en la mercadería

El cambio en las expectativas inflacionarias desactivó el modelo de acumulación de insumos y productos terminados, obligando a las gerencias a liberar el capital inmovilizado en los depósitos para transformarlo en fluidez financiera.

«Por el lugar específico que ocupan en el mapa económico, las pymes integran el sector más sensible de todos; carecen de un respaldo financiero desmedido o de la espalda corporativa suficiente para atravesar estas crisis sin resentirse y, además, necesitan imperiosamente de un consumo activo en la calle para seguir funcionando y manteniéndose en pie. No es una situación fácil bajo ningún punto de vista, pero esta coyuntura también va a empezar a poner blanco sobre negro para los empresarios que vienen trabajando de manera ordenada y haciendo las cosas bien. Será una transición difícil, es un proceso, pero también empieza a reflejar de forma directa la manera en que cada uno lleva las riendas de su negocio, tal como sucedió en su momento durante la pandemia con quienes estaban digitalizados. Estamos ante otra transición sumamente importante en la que hay que estar preparado; había que venirse preparando para que, al llegar este momento, las empresas estuvieran a la altura de ser competitivas, poder transitar la crisis, superarla y mantenerse después», dijo Agustín Remondino a FM Vos 94.5.

«El primer punto crítico e ineludible es alcanzar un conocimiento profundo de las finanzas internas de la empresa. Cada organización tiene que conocer al detalle la cantidad de disponibilidad de caja que tiene, sus márgenes de ganancia reales y sus costos exactos. Esa información debe procesarse de manera diaria y sistemática para poder tomar decisiones estratégicas basadas en datos reales. Esto es un negocio, no es un hobby; se gesta y se hace para generar y ganar plata, y quien hoy no tiene una noción científica de lo que está pasando adentro de sus números puede ganar o puede perder, pero la verdad es que no lo está sabiendo. Es hora de empezar a tener noción real de las métricas», enfatizó.

El consultor de negocios y conferencista internacional Agustín Remondino desglosó las variables críticas de la coyuntura

La caída del consumo: de esperar en el mostrador a salir a cazar el mercado

La recesión actual reconfiguró el comportamiento del consumidor local, eliminando las compras compulsivas que anteriormente funcionaban como una estrategia de descarte de la moneda nacional. «Anteriormente se registraba una situación particular: los clientes, por el solo hecho de convivir con la inflación, sentían que la plata les quemaba en la mano y salían rápidamente a consumir. Buscaban cambiar esos billetes que se iban a depreciar de forma acelerada por un bien que tuviera un valor un poquito más grande o que se pudiera mantener estable en el tiempo. Por eso es que el consumo interno funcionaba a niveles altos, pero la realidad es que era un consumo ficticio. Lo que se buscaba verdaderamente era desprenderse de los pesos; por eso los clientes iban desesperados a los negocios y a las pymes a comprar para estoquearse de forma preventiva. Hoy ese escenario desapareció», observó el experto.

«Las pymes tienen que salir a buscar a los clientes; ya no es un momento donde nos podemos dar el lujo de esperar en el mostrador a que la gente ingrese sola. Hay que salir a buscarlos, hay que ir a golpear puertas, hay que ofrecerse, hay que salir a vender de forma profesional y recuperar la iniciativa comercial definiendo con precisión el segmento para trabajar en que esas ventas se concreten», alentó.

«Todo esto lo vengo trabajando de forma directa desde la consultora con nuestros clientes y con todo el equipo de profesionales desde principios de año; son puntos medulares que hay que ejecutar. En la Argentina existía un modelo donde las empresas acumulaban una cantidad de mercadería muy superior a lo que efectivamente iban a vender a corto plazo. La tenían guardada porque era más conveniente poseer un bien físico que conservar una cantidad de pesos determinada que se pulverizaba. Hoy en día, al tener una inflación bastante más estable —que obviamente continúa pero cuyos costos ya no aumentan de forma exponencial de un mes a otro—, lo que hay que reducir drásticamente es el stock», aconsejó.

«Toda la plata que una pyme necesita hoy para invertir, salir a vender y acomodar económicamente su estructura, lo más probable es que esté frenada en circulación financiera a través de cheques que se entregaron para comprar insumos de más, o acumulada en mercadería que está guardada hace meses dentro de un depósito sin venderse. Hay que generar circulación y tener un stock razonable y acorde a lo que el negocio verdaderamente fabrica o vende. Mantener mercadería ociosa bajo el modelo actual ya no tiene sentido técnico», apuntó.

Reformas estructurales: modernización laboral e impuestos distorsivos

El especialista evaluó los cambios normativos impulsados desde el Poder Ejecutivo nacional como herramientas necesarias pero insuficientes si no se profundiza el alivio fiscal sobre los costos de exportación. «Considero que la modernización laboral que se ha implementado es un primer paso sumamente necesario. Muchas veces pretendemos que todas las reformas estructurales se den de golpe en el país, y operativamente eso es bastante complicado. Lo mismo va a ocurrir en su momento con la reforma tributaria: no creo que todos los impuestos que el sector privado necesita que se eliminen se vayan a sacar de una sola vez. Sin embargo, con la reforma laboral ya en marcha, se inicia un proceso donde empezamos a hacer girar la rueda de a poquito. Necesitábamos una modernización en los esquemas de contratación porque es urgente generar mayores oportunidades y flexibilidades para que las pymes incorporen personal; eso va a traducirse en una mayor disponibilidad de empresas queriendo contratar gente, multiplicando los puestos de trabajo disponibles y abriendo oportunidades reales para la masa laboral», argumentó Remondino.

«El segundo eje impostergable es la reforma tributaria. Si nosotros queremos competir de igual a igual con el mundo, tenemos que estar a la altura de poder competir en el mismo escenario regulatorio. Hoy la Argentina sostiene impuestos que son extremadamente distorsivos y que afectan de manera directa la competencia internacional de nuestros productos. En los países desarrollados, entre el 50% y el 60% de las pymes importan insumos y exportan bienes terminados con total fluidez; acá en nuestro país, con suerte apenas entre el 20% y el 30% de las pymes logran colocar su producción en el exterior», comparó.

«Todavía carecemos de un desarrollo que sea genuinamente competitivo, y para revertir esa estadística hay que bajar fuertemente los impuestos internos. Solo así el mercado será competitivo puertas adentro y podremos salir a disputar mercados con empresas internacionales, potenciando el perfil exportador de las pymes», resaltó en ese mismo tramo de la comunicación.

La demanda pyme al Estado: «Denme certidumbre y estabilidad»

Frente al severo ajuste fiscal macroeconómico que desplomó los índices de demanda, el sector privado reclama reglas de juego estables que trasciendan los cambios de bandera política en los turnos de gobierno. «Es factible que existieran diferentes formas de haber instrumentado este proceso económico, pero plantearlo hoy sería manejarse sobre la base de puros supuestos; en primer lugar, porque desde afuera de las estructuras del Estado tampoco contábamos con toda la información técnica que maneja el gobierno y, en segundo lugar, porque es indispensable comprender los momentos de transición histórica. La realidad incontrastable es que veníamos de una situación límite, arrastrando un déficit fiscal insostenible y una masa de dinero que se estaba entregando y perdiendo por diversos factores estructurales», declaró al respecto.

«Corregir y acumular ese desfasaje implicaba un ajuste que iba a tener que hacerse en algún momento de la historia económica reciente. En este tipo de transiciones profundas, algunos sectores sufren más y otros menos, pero la verdad es que todos salimos perjudicados en el corto plazo», reconoció.

«Lo que debemos evaluar con visión de futuro es el rumbo hacia dónde queremos ir como país. Hay que transitar este bache, aprender de este momento duro y trabajar firmemente para no tener que volver a vivir o pasar una transición de esta gravedad en los años venideros, consolidando el camino hacia un país normal, razonable y estable. La principal necesidad que tienen las pymes hoy de cara al gobierno es que se les otorgue certidumbre; las empresas necesitan saber con claridad qué es lo que va a pasar a mediano plazo y contar con estabilidad jurídica y económica. Las pymes no tienen la espalda para soportar crisis cíclicas severas, pero sí poseen una plasticidad y una facilidad de adaptación fenomenal para adecuarse al mercado y a las nuevas dinámicas que van sucediendo», opinó con relación a ese mismo tema.

«El mensaje al poder político es claro: denme certidumbre, denme seguridad, explíquenme de forma transparente hacia dónde queremos ir para que yo pueda tomar las decisiones de inversión adecuadas y el impacto me afecte lo menos posible. El rol del gobierno es dar una estabilidad macroeconómica firme. Siempre se habla de que las pymes se tienen que adaptar al gobierno de turno; bueno, sería ideal que por una vez un gobierno defina una forma de país que sea igual para todos, para que podamos trabajar bajo esa estabilidad de largo plazo. En ese escenario, a algunos les irá mejor y a otros peor, pero por lo menos la cancha será idéntica para todos», destacó.

El crédito productivo como motor de saneamiento e innovación

La reactivación del financiamiento bancario a tasas de interés razonables se perfila como la herramienta indispensable para dotar de capital de trabajo a las empresas y permitir el salto tecnológico hacia la competitividad internacional. «La baja en las tasas de interés y el consecuente acceso a créditos blandos para las pymes es algo totalmente fundamental e indispensable en esta etapa. Las pymes necesitan de la inversión productiva para subsistir y, como mencionaba anteriormente, muchas veces no cuentan con los recursos propios o líquidos para afrontar grandes desembolsos de capital de forma directa. Sin embargo, las pymes tienen un respaldo institucional muy valioso que es su propia empresa en marcha, su trayectoria de trabajo y su capacidad de seguir generando valor en la economía real. Por lo tanto, el acceso al crédito es una urgencia para poder ordenar los pasivos y seguir creciendo», fundamentó el licenciado Remondino.

«Esas líneas de financiamiento blando les darán a los empresarios la oportunidad concreta de sanear sus estructuras financieras, capitalizar sus firmas, invertir in innovación, acceder a equipamiento de nueva tecnología y empezar a competir a un nivel superior dentro de este nuevo modelo de negocios y en el nuevo mercado en el que estamos participando activamente ahora mismo», completó.

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