En su reciente documento «A 20 años de la salida de la crisis de la convertibilidad: dos décadas de segmentación laboral, deterioro de las ocupaciones y la pobreza en la Argentina urbana», el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina advirtió que en las últimas dos décadas en nuestro país se consolidó el fenómeno del «trabajador pobre», donde tener un empleo no garantiza escapar de esa categoría.
La mitad de la población urbana laboralmente activa afrontó algún tipo de problemática vinculada a la calidad de su inserción laboral, en las primeras décadas de este siglo. Además, el poder adquisitivo de los trabajadores formales se vio altamente deteriorado, ya que cayó en más de 20 puntos el salario real, y para los «trabajadores pobres» la situación fue mucho peor: en términos mensuales, ganan alrededor de un 30% menos que el promedio de la fuerza laboral ocupada.
Los gobiernos, a lo largo de estos veinte años, pusieron esmero en profundizar una política que llevó a esta realidad, y dejando de lado la histórica postura cultural del país respecto a la dignidad del trabajo y del empleo privado. La realidad en la cara más cruda, con un futuro incierto y de difícil superación en el corto plazo.
Lo que se vio después de la crisis de 2018, y se profundizó luego por la pandemia es la consolidación del fenómeno del trabajador pobre. Esto es: ciudadanos ocupados que viven en lugares con ingresos por debajo de la línea de la pobreza. Así, se pasan niveles que superan el 20% hasta llegar al 29% de pobreza entre los trabajadores, lo que supone toda una injusticia y una lógica que no se maneja en muchos otros lugares del mundo desarrollado o subdesarrollado.
El análisis expuesto desde la Universidad Católica Argentina, el brazo académico de la Iglesia, deja en claro que la realidad del país es claramente compleja, acuciante, y con niveles nunca antes vistos respecto a la crisis.




