Dice el principio metodológico conocido como “Navaja de Ockham”, desarrollado por el fraile franciscano inglés homónimo, que “en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable”. De este modo, la muy difícil situación socioeconómica de amplios sectores de la población argentina y la necesidad de reemplazar a sus visibles responsables políticos, aparece como una clave insoslayable en el análisis del resultado electoral del domingo.
Un índice de pobreza del 40% y una indigencia cercana al 10% en combinación con un alza de precios galopante representan un cóctel explosivo. Esta situación insostenible pareciera ser el principal factor que impulsó al pueblo a sentir que era necesario un “cambio” en la gestión.
Por otra parte, el resultado electoral también ha sido sorprendente dado el significativo apoyo que cosechó la candidatura de Sergio Massa por parte de instituciones, partidos, movimientos sociales, entidades deportivas y sindicales, diversos colectivos o personalidades de la cultura y la ciencia, entre otros tantos. Esto revela el abismo existente entre la porción organizada de la comunidad y un enorme grupo de “ciudadanos de a pie” que no se siente identificado ni representado, mucho menos orientado por esas estructuras orgánicas. Esto es lo que los sociólogos llaman “desestructuración de los lazos sociales”.
Esta desestructuración, que podría simplemente ser atribuida a la ideología del individualismo, tiene sus raíces más profundas en las aceleradas transformaciones ocurridas en los últimos años, que han cambiado sustancialmente las modalidades laborales y económicas, así como las relaciones personales, la actividad cotidiana y la estructura social en su conjunto. Esta desestructuración tiene como correlato el vaciamiento creciente de la institucionalidad que ya no refleja las inquietudes ni las necesidades de muchas personas. Desestructuración que crea mundos y submundos distintos y distanciados, desapercibidos en la esfera formal, creando una enorme grieta entre los que –cada vez menos– encuentran cierto resguardo e identidad en espacios tradicionales y otros –cada vez más– que son arrojados a la intemperie en la que predomina la competencia y la soledad. Y eso, ya sabemos qué resultados apareja.




