El ciclista obtuvo el título nacional luego de imponerse en cuatro fechas de la Copa Argentina, relató los desafíos de la última competencia en Aluminé y explicó la importancia de la puesta a punto, la tecnología y los costos en el alto rendimiento del downhill.
La consagración de Gonzalo Gajdosech en la Copa Argentina de descenso marcó el cierre de un año intenso para el deportista sanrafaelino, que logró quedarse con el título tras ganar todas las fechas a las que asistió. El corredor dialogó con FM Vos 94.5 y repasó una temporada irregular, caracterizada por circuitos exigentes, variaciones climáticas y un alto nivel técnico entre los competidores. En ese contexto, destacó que este campeonato era un objetivo que perseguía desde hacía tiempo, al explicar que “lo venía buscando hace rato” y que, después de varios años sin realizarse por distintas razones, la copa “volvió con de todo en el sentido de que hay muchos corredores y muchos con ganas, así que está buenísimo”.
El certamen tuvo cinco fechas en total, aunque Gajdosech asistió solo a cuatro, suficientes para obtener la coronación. “Se corrieron cinco fechas”, dijo sobre el calendario, y agregó que ganó “cuatro, son las únicas cuatro que fui, a una no asistí”. Esa regularidad le permitió quedarse con la Copa Argentina y cerrar una etapa largamente esperada. La última jornada se disputó en la localidad neuquina de Aluminé, un sitio que visitaba por primera vez y que calificó como “hermoso”, al señalar que fue “un lugar divino”.
El corredor analizó en detalle el circuito y las condiciones con las que se encontró al llegar, ya que previamente había competido allí un mes antes, pero bajo un clima completamente distinto. “Había tenido otra referencia a la pista, en el sentido de que justo había corrido hace un mes en ese lugar y nada, hace un mes literalmente les tocó lluvia, el piso húmedo, obviamente al tener el piso más húmedo tenés mucho más agarre, otro tipo de presiones de cubierta, otro tipo de ‘settings’ de suspensión y yo fui con esa idea y todo lo contrario”, explicó. Añadió que el terreno seco le complicó la adaptación: “Estaba seco, estaba difícil para manejar, estaba nada. Así que el primer día, la verdad, que me caí por todos lados y ya después nada, me tuve que poner a setear la bici completa, cambiar yo mi chip de cabeza e intentar agarrar ese ritmo”.
Uno de los aspectos que más destacó fue la sensibilidad de los ajustes técnicos en un deporte donde cada modificación puede modificar el tiempo final. En relación con la presión de las cubiertas en terrenos secos, detalló: “Si la pista es dura, yo prefiero usar un poquito más de presión porque la bici queda un poco más rodadora”, aunque en Aluminé, debido a un tramo muy patinoso, decidió “bajar un poco bastante de presión para lograr más ‘grip’ y ceder un poco en lo que era la velocidad”. También enfatizó que “hace la diferencia el circuito”, subrayando que cada trazado exige una configuración distinta.

Gajdosech comparó el nivel de detalle técnico del descenso con el automovilismo de élite, remarcando que no se trata de una percepción personal sino de una visión compartida en el alto rendimiento: “No lo digo yo, lo dice el ciclismo en general. En Europa se dice que el descenso es la Fórmula 1 del ciclismo”. Explicó que esta disciplina es la base de pruebas para nuevas tecnologías, al mencionar que “cuando empiezan a innovar cosas con diferentes tipos de sistemas, se prueban que van al descenso y luego se pasan al cross country”.
En cuanto al cierre del año, contó que todavía restan competencias por disputar y que llega con el cuerpo exigido tras una temporada extensa. “Lamentablemente me quedan dos carreritas más y la verdad tengo el cuerpito bastante cansado, pero bueno, toca”, comentó. Una de ellas es la definición del campeonato latinoamericano, que se correrá el 7 de diciembre en Chillán. “Vengo ganando las primeras dos fechas y me queda esa. La verdad que estaría bueno ir a buscar el título también”, adelantó.
Otro de los temas abordados fue la influencia de la bicicleta y la inversión económica en los resultados deportivos. Si bien aclaró que existen múltiples marcas competitivas, mencionó que él compite con un modelo Pivot, de origen estadounidense, aunque ha visto corredores con bicicletas sin marca o prototipos que funcionan a niveles muy altos. “Es más o menos como el dicho, no es la flecha del indio, pero sí te puedo decir que sí ayuda”, señaló, para luego remarcar el impacto de la tecnología: “Cuando hay tecnología es una locura lo que pueden hacer con una bicicleta”.
En ese sentido, diferenció su propia metodología de trabajo, basada en la experiencia y en las sensaciones, de la utilizada por deportistas europeos con mayores recursos: “El presupuesto es todo. Yo no voy a competirle, está bien que mis suspensiones no son malas, pero yo estoy con suspensiones de tres años atrasadas”. También describió el uso de telemetría por parte de estos equipos, una herramienta que permite medir la suspensión durante un recorrido y obtener configuraciones precisas para cada pista. “Ellos usan un sistema que hace que se mida la suspensión durante un trazado y eligen un ‘setting’ específico para cada pista. Yo eso lo hago, pero lo hago a sensación. Ellos lo hacen objetivamente, no subjetivamente como yo”.
Finalmente, aclaró que este tipo de sistemas están presentes sobre todo en corredores europeos, debido al alto costo y a la necesidad de personal especializado. “Literalmente de gente europea básicamente”, dijo, al calcular que solo el sistema de telemetría “capaz que vale cinco mil dólares y ahí te necesitás un ingeniero”. Por eso, reconoce que por ahora seguirá trabajando con métodos más tradicionales: “Por ahora estaré lejos. Por ahora será subjetivamente”.







