En plena temporada de cosecha, el sector del tomate para industria atraviesa una de sus campañas más complejas de los últimos años. Guillermo San Martín, gerente general de la Asociación Tomate 2000 —organismo que nuclea a productores, fábricas e investigadores, advierte sobre una «tormenta perfecta»: caída de rindes por granizo, un sobrestock en las fábricas que frena la demanda y una importación de pasta de tomate desde Chile que ya cubre el 40% del consumo nacional. En diálogo con FM Vos 94.5, el directivo analizó por qué, pese a ser competitivos tecnológicamente, los productores locales están abandonando el cultivo ante la falta de rentabilidad.
Una cosecha marcada por el granizo y el sobrestock
La temporada, que se encuentra aproximadamente en un 55% de avance, sufrió un duro golpe climático recientemente. Sin embargo, el problema más profundo es de mercado. «Veníamos muy bien hasta hace dos semanas, cuando una tormenta de granizo afectó 400 hectáreas en San Juan, con daños de entre el 40% y el 90%. Pero más allá del clima, vivimos una temporada muy rara: no hay demanda de tomate. Las fábricas están con un sobrestock muy importante y las ventas de productos industrializados están ralentizadas», aseguró San Martín al inicio del reportaje.
«Hoy el productor tiene la sensación de que el tomate sobra. Gracias a que la asociación media en los contratos, la comercialización está asegurada para nuestros socios, pero colocar hectáreas de ‘tomate libre’ sin contrato es hoy prácticamente imposible», amplió.
La competencia con la pasta importada
Argentina consume anualmente entre 600 y 700 mil toneladas de tomate fresco procesado. No obstante, la producción local está lejos de cubrir esa cifra, dejando un margen que el producto extranjero —principalmente chileno— aprovecha por costos. «En 2022 y 2023 estuvimos cerca del autoabastecimiento, pero con la apertura económica la importación se duplicó. Esta temporada produciremos unas 430 mil toneladas; el resto se importa. Estamos hablando de que un tercio o hasta el 40% del consumo nacional viene de afuera», estimó el referente del sector.
«Chile ha realizado inversiones industriales pensadas específicamente para abastecer al mercado argentino. Mientras el precio de la pasta baje a nivel internacional y nosotros no podamos equiparar nuestros costos internos, la importación seguirá creciendo», observó.

La brecha de competitividad y el «costo argentino»
En otro tramo de la entrevista, San Martín se mostró enfático al destacar que la crisis actual no se debe a un retraso tecnológico. Por el contrario, la región de Cuyo se encuentra a la vanguardia en procesos de cultivo. «A nivel primario somos muy competitivos. No hay diferencia tecnológica entre un productor de Mendoza o San Juan y uno de Italia o Chile. Usamos las mismas herramientas y conocimientos; la brecha no es técnica», resaltó.
Sin embargo, esa paridad tecnológica desaparece al analizar el peso de los costos internos, lo que el sector denomina habitualmente como «costo argentino». «Todavía somos caros; aunque el tipo de cambio ha tenido micro-devaluaciones, la mano de obra se actualiza con el nivel de la inflación anual para mantener el poder adquisitivo del trabajador, y eso incrementa directamente el costo final del producto. Esta presión constante sobre los costos de producción vuelve a Mendoza vulnerable frente a la apertura de las importaciones», sostuvo el gerente de Tomate 2000.
A este escenario se suma la falta de precios de referencia, un factor que genera una incertidumbre paralizante en plena cosecha. «Es preocupante que a esta altura del año todavía no haya una referencia clara de precio. Recién en marzo las fábricas empiezan a dar los valores finales, pero sabemos que los márgenes son cada vez más ajustados y el punto de equilibrio —la cantidad de kilos necesaria para cubrir gastos— aumenta año tras año», indicó San Martín. Esta demora en la fijación de precios deja al eslabón más débil de la cadena, el productor primario, en una situación de riesgo financiero extremo antes de finalizar la recolección.
El ajuste: menos hectáreas y productores eficientes
La incertidumbre y la baja rentabilidad ya se traducen en una reducción concreta del mapa productivo de la provincia, donde el área cultivada se ha retraído de forma notable en solo un año. «El primer impacto es la baja en la superficie cultivada. En este escenario, solo siguen produciendo los que son extremadamente eficientes; el resto sale del sistema. En Mendoza, estimamos que pasamos de 1.700 hectáreas el año pasado a unas 1.200 o 1.300 en la actualidad», calculó Guillermo San Martín.
«El año pasado, productores sin contrato vendieron a pérdida a 60 u 80 pesos el kilo, mientras el valor con contrato se sostuvo en 105 pesos. Los que no tenían ese resguardo dejaron de producir. Al ser un cultivo anual, el productor puede volver si las condiciones cambian, pero hoy la realidad es que la superficie se está ajustando a la baja», completó el análisis.
Invitación al «Día de Campo»
Como cierre, el gerente de Tomate 2000 invitó a los actores del sector a una jornada técnica clave para analizar el futuro del cultivo. «Este jueves a las 9:00 horas, en el INTA de La Consulta (San Carlos), tendremos nuestro tradicional Día de Campo. Habrá ensayos de campo, charlas técnicas y un almuerzo de camaradería. Es un espacio vital para que productores y periodistas se acerquen y conozcan de primera mano las innovaciones y la situación real de nuestra industria», contó al finalizar la conversación.






