Mientras Cabo Verde sorprende al mundo en su debut mundialista tras empatar con potencias como España y Uruguay, en Luján existe un vínculo histórico y profundo con ese pequeño país africano que pocos conocen.
Allí nació Manuel Costa de los Ríos, conocido por todos como el “Negrito Manuel”, el hombre que dedicó su vida al cuidado de la Virgen de Luján y que fue testigo directo del milagro ocurrido en 1630 a orillas del río Luján. Una increíble historia de fe, resiliencia y hermandad une a Argentina con su próximo rival en el Mundial 2026.
La historia del Negrito Manuel y el “milagro de las carretas”
Las investigaciones realizadas por Monseñor Juan Guillermo Durán revelaron el verdadero origen del Negrito Manuel. Manuel nació hacia el año 1604 en la región de la Guinea Superior, específicamente en las islas de Cabo Verde. A los ocho años fue capturado por los traficantes de personas y vendido como esclavo, según la información del periodista Daniel Ruiz.
Su viaje transatlántico lo llevó primero a Pernambuco, Brasil, y luego al Río de la Plata, formando parte de un contingente de africanos destinados a ser comercializados en el mercado de Buenos Aires.
En esa misma época, puntualmente en mayo de 1630, dos imágenes de la Purísima Concepción llegaron en barco desde Brasil con rumbo final a Sumampa, en Santiago del Estero. Al hacer una parada obligada para pasar la noche en la estancia de Diego Rosendo, ubicada a orillas del río Luján, el destino del viaje cambió para siempre.
Al día siguiente, los bueyes no pudieron mover la carreta. Intentaron sumarle más fuerza animal, pero el vehículo permanecía completamente inmóvil. Tras varios intentos fallidos, los peones decidieron retirar uno de los cajones que transportaba una de las imágenes religiosas. En ese instante, los animales avanzaron sin ningún esfuerzo.
Aquella pequeña figura de arcilla cocida (terracota) de apenas 38 centímetros representaba a la Inmaculada Concepción. Los presentes comprendieron de inmediato el mensaje: la Virgen había elegido quedarse en esas tierras. Hoy, esa misma figura es la Virgen de Luján, la Santa Patrona de la República Argentina.

Al momento del milagro en la estancia, Manuel había sido comprado por Bernabé González Filiano, el administrador del lugar. Viendo la devoción del joven africano por la virgen, se le encomendó la sagrada tarea de cuidar de la imagen, una misión que asumió con absoluta fidelidad durante 56 años.
Cuando le preguntaban sobre su condición o su dueño, Manuel respondía que era un “ser de la Virgen nomás”, dejando en claro que solo le pertenecía a María.
El camino a la santidad del Negrito Manuel
En una precaria capilla hecha de barro y paja, Manuel no solo mantenía encendida la lámpara de la Virgen, sino que recibía a los primeros peregrinos. Se convirtió en una celebridad para todos los que pasaban por el lugar: curaba a los enfermos y rezaba junto a ellos logrando curaciones que los fieles calificaban como milagrosas.
Décadas más tarde, cuando la imagen fue trasladada hacia las tierras de Doña Ana de Matos —el sitio exacto donde hoy se erige la imponente Basílica Nacional de Luján— Manuel fue comprado formalmente por los devotos para que no fuera separado de su “dueña”. Sirvió en el altar hasta el día de su fallecimiento en 1686. Sus restos materiales descansan actualmente detrás del altar mayor del santuario.
Cuatro siglos después de su llegada al país, la figura del esclavo africano cobró un impulso histórico. La Iglesia Católica avanza firmemente en su proceso de canonización en el Vaticano.
En los últimos meses, el Dicasterio para las Causas de los Santos en Roma aprobó la validez jurídica de toda la documentación histórica presentada, consolidando al Negrito Manuel bajo el título oficial de Siervo de Dios, el paso previo a ser santificado.
Mientras el mundo del fútbol vuelve a poner los ojos sobre la resiliencia de Cabo Verde por el Mundial 2026, la figura del Negrito Manuel toma más relevancia que nunca.
Fuente: Radio Mitre







