El investigador británico Jacob Coxon renunció a Anthropic y lanzó una fuerte advertencia sobre la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial. Después de trabajar durante tres años en investigación de preentrenamiento entre OpenAI y Anthropic, expresó públicamente su preocupación por una posible superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y reclamó mayores controles sobre su desarrollo.
La fuerte advertencia de Jacob Coxon tras renunciar a Anthropic
Coxon había trabajado inicialmente en OpenAI y en julio de 2026 se incorporó a Anthropic, atraído por el énfasis de la compañía en la seguridad. Sin embargo, aseguró que la aceleración de las capacidades de los modelos terminó generándole preocupaciones éticas y de riesgo que influyeron en su decisión de abandonar la empresa.
En una publicación que alcanzó más de 44 millones de visualizaciones en nueve horas, el investigador advirtió que las compañías “corren derecho hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y apuestan con nuestras vidas”. Además, sostuvo: “Ninguna de las dos empresas actúa con responsabilidad”.
Su postura recibió una llamativa respuesta desde Anthropic. Evan Hubinger, responsable de seguridad de la compañía, escribió: “Jacob tiene razón. De verdad creemos que la IA podría matar a todos los humanos. Yo calculo más de 10% en la próxima década”. Hubinger aclaró que ese porcentaje correspondía a una estimación personal sobre un riesgo difícil de cuantificar científicamente.
El pedido de regulación para frenar los riesgos de la IA
Coxon sostuvo que mientras en OpenAI parte del equipo no había dimensionado suficientemente el problema, en Anthropic existía una mayor conciencia acompañada por una fuerte velocidad de desarrollo. “Estamos en camino a muchos de los escenarios más agresivos, donde a fines del año que viene las cosas ya podrían estar fuera de control”, advirtió.
El investigador reclamó mayor supervisión estatal y coordinación internacional frente al posible desarrollo de una superinteligencia. Para graficar su preocupación, comparó el escenario con otros proyectos científicos considerados de alto riesgo.
“Es una locura que esto tenga que pasar en las MacBooks de unos ingenieros que viven en San Francisco, en vez de en un búnker en el desierto como donde hacían el Proyecto Manhattan”, expresó Coxon.
Tanto las afirmaciones de Coxon como las de Hubinger representan evaluaciones personales y no predicciones científicas comprobadas. Sin embargo, sus declaraciones volvieron a poner en discusión la velocidad del desarrollo de la IA, sus mecanismos de seguridad y la necesidad de establecer controles sobre sistemas cada vez más avanzados.
Fuente: La 100



