La reciente diagramación de la política financiera presentada por el Poder Ejecutivo nacional, orientada a blindar los compromisos de deuda soberana que superan los 30.000 millones de dólares para el resto del mandato, ha generado una inmediata reacción de certidumbre en las plazas financieras.
La estrategia oficial de eludir el endeudamiento internacional de alto costo para volcarse hacia el financiamiento intraestatal y de organismos multilaterales permitió reducir la presión sobre el riesgo país y convalidar la estabilidad de la posición cambiaria de cara a las próximas obligaciones. Paralelamente, las proyecciones privadas y oficiales descartan saltos disruptivos en la cotización de la divisa, en un entorno de desaceleración inflacionaria y frente a un desarme del histórico mecanismo de transmisión cambiaria (pass-through).
Adriana Gabriela Marinelli, destacada contadora pública y analista de mercados financieros, evaluó el impacto de los anuncios fiscales, los desafíos del costo financiero para el entramado productivo y el paulatino cambio de conducta de los ahorristas bajo el nuevo ordenamiento económico.
Certidumbre financiera: el blindaje de los vencimientos y el frente cambiario
La confirmación de las partidas destinadas al pago de los cupones de bonos soberanos disipó los escenarios de volatilidad latentes y afianzó la acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria. «El efecto de los anuncios económicos en principio es bueno porque existía una marcada presión para que nos abriéramos a los mercados internacionales; sin embargo, los costos de financiarse bajo esa vía hoy son sensiblemente mayores que recurrir al financiamiento interno o a los organismos multilaterales de crédito. El mercado tomó de forma muy positiva todas estas definiciones regulatorias, y el riesgo país mantiene su senda a la baja. Fue una noticia que logró descomprimir el ambiente porque las necesidades financieras están plenamente cubiertas para el próximo vencimiento de los bonos», analizó Marinelli al inicio de la nota.
«Al mismo tiempo, el Banco Central de la República Argentina continúa adquiriendo reservas, lo que fortalece sustancialmente la posición cambiaria del país», agregó.
«Actualmente nos encontramos en un entorno de apreciación general del peso, donde la moneda nacional ya no sigue ese sendero de devaluación abrupta que se evidenció, por ejemplo, en el período electoral, desandando todo ese camino. El tipo de cambio mayorista fluctúa con normalidad dentro de bandas de equilibrio, y mientras el valor se sostenga dentro de esos márgenes, la autoridad monetaria no interviene de manera directa. No obstante, el Banco Central posee plena facultad de regular y sostener el valor de la moneda mediante el despliegue de diversos instrumentos lícitos de su carta orgánica, como la administración de las tasas de interés y los contratos de futuros de dólar. Esto constituye la aplicación de política cambiaria y monetaria tradicional, y no una intervención directa sobre el mercado libre de cambios», explicó.

Inflación a la baja, el desarme del pass-through y la distorsión del spread de tasas
El comportamiento de los precios internos muestra un desacoplamiento relativo frente a las cotizaciones bursátiles de la divisa, al tiempo que el sector empresarial pyme encuentra líneas de financiamiento diferenciadas en un mercado con altos márgenes bancarios. «Una particularidad de la actual gestión es que el traslado de la devaluación a los precios —el fenómeno conocido como pass-through— no ha operado de forma tan lineal ni directa como ocurría en administraciones pasadas. El Gobierno logró desarmar esa espiral ascendente que ataba las tasas, la inflación y el dólar. Cuando analizamos las cotizaciones, siempre prefiero enfocarlo desde la perspectiva del peso: lo que fluctúa en realidad es la valoración de nuestra moneda local. Los recientes movimientos en los dólares financieros obedecen a dinámicas netamente estacionales, asociadas al turismo invernal, el cobro de aguinaldos y gastos de consumo. Cuando observamos el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica el Banco Central, las consultoras convalidan una inflación a la baja. Es un riesgo calculado y no prevemos un salto abrupto del tipo de cambio; la carrera nominal dólar-tasa-inflación se ha neutralizado», aseguró la contadora.
«En el ámbito del crédito productivo, mientras las tasas pasivas se ubican en niveles moderados, la tasa general de préstamos se sostiene en valores elevados debido al spread que aplican las entidades financieras para cubrir sus costos de estructura y los encajes regulatorios del Banco Central. A pesar de este elevado costo financiero real del dinero, existen líneas de financiamiento específicas para microentrendedores, pymes y el sector agropecuario que se ubican sensiblemente por debajo de la media, ofreciendo condiciones más accesibles para sostener el capital de trabajo. La tasa es una variable determinante para impulsar la reactivación, ya que las alternativas extra-bancarias o los costos de las tarjetas de crédito manejan márgenes financieros mucho más restrictivos para las empresas», consideró.
Inversión productiva frente al costo de oportunidad del ahorro inmovilizado
Las estrategias de arbitraje de tasas y los incentivos de normalización tributaria impulsan una paulatina canalización del capital ocioso hacia el circuito de la economía real y los instrumentos del mercado de capitales. «El atesoramiento de divisas físicas en cajas de seguridad ha sido históricamente una conducta arraigada en el ahorrista argentino, al punto de ser uno de los países con mayor volumen de moneda estadounidense fuera del sistema en el mundo. Sin embargo, en términos reales y de rentabilidad, mantener el capital inmovilizado en el colchón no ha sido un negocio eficiente; esos fondos no rinden, pierden valor de oportunidad y sufren el impacto directo de la inflación internacional de la divisa norteamericana, que promedia un 3% anual», observó la especialista.
«Históricamente, en el corto plazo, la estrategia de colocar capital en instrumentos en pesos a tasa para luego posicionarse en moneda extranjera ha convalidado retornos reales superiores, configurando un esquema de optimización financiera para carteras conservadoras», amplió.
«El programa de regularización y el paraguas fiscal implementado por el Poder Ejecutivo abren una ventana de oportunidad clave para que las empresas y particulares movilicen esos recursos hacia activos reales, fideicomisos inmobiliarios, renovación de flotas de vehículos o instrumentos financieros regulados. El proceso de reactivación y de ingresos de estos depósitos al circuito formal se está registrando de forma paulatina, reflejando una recuperación de la confianza en las normas institucionales. En la República Argentina, el principal factor de descuento para los inversores locales y extranjeros siempre ha sido el riesgo político o los giros bruscos en las reglas del juego de una gestión a otra», expresó.
«El gran desafío estructural para consolidar una economía bimonetaria estable radica en construir una seguridad jurídica perdurable que trascienda los turnos electorales y ofrezca un marco de referencia sólido para la inversión de largo plazo», declaró Marinelli en forma de conclusión.







